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Isabel Allende: "Me costaría leer hoy 'La casa de los espíritus"
Redacción - miércoles 12 de octubre de 2011 a las 12:59 horas
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La escritora chilena, premio Ciudad de Alcalá de las Artes y las Letras, conversa sobre su oficio y su carrera con eldigitaldemadrid.

 

Isabel Allende (Lima, Perú, 1942) es la visitante ilustre de la Semana Cervantina de Alcalá de Henares de este año. Deslumbrada por el Mercado del Quijote, no para de elogiar la ciudad y de agradecer el premio Ciudad de Alcalá de las Artes y las Letras con el que le han honrado por una carrera literaria que le ha llevado a vender más de 50 millones de libros en todo el mundo. El reconocimiento de Alcalá, asegura, es tan importante y “emocionante” como el premio Nacional de Literatura que le concedieron en Chile el año pasado. Y también lo es para su madre, “una viejita de 90 años que se conserva estupendamente”: “Cuando le dije que venía a Alcalá de Henares a recoger el premio de las Artes y las Letras me dijo ‘A ver qué te vas a poner”.

 

 

 -¿Cómo ha sido la acogida en Alcalá?

-Fantástica. No se pueden imaginar la alegría tan grande que es estar aquí y lo inesperado de recibir un premio como éste. Llegar a acá y ver esta recepción, la fiesta que hay en la plaza, en las calles, con los puestos, con las ventas, con la gente vestida a la moda de la Edad Media… Es bellísimo.


-¿Qué conocía de nuestra ciudad antes de recibir el premio?

-No sabía apenas nada. Me metí en Internet y ahí conocí un poco de la historia de la ciudad. Pero no imaginaba lo que he visto hasta ahora. El centro se mantiene intacto, el Corral de Comedias es el teatro más antiguo de Europa y ahí hemos leído el Quijote… Y luego está la gente. Esta fiesta la hace la gente, y ese amor por Cervantes, ese respeto que inspira, para mí ha sido una sorpresa.


-¿Qué relación mantiene usted con la obra de Cervantes? ¿Le ha servido de referencia o sus gustos literarios van por otro lado?

-Cervantes es una lectura obligada en cualquier colegio de lengua española. Se lee algún capítulo y también algún resumen. O sea que, por ahí, algo siempre se conoce de su historia. Pero como novelista, como escritora, en América Latina todos sabemos que Cervantes es el precursor de la novela. Todos le debemos algo. Todos pertenecemos de algún modo a La Mancha, ese territorio mágico que el creó. Algunos dicen que los primeros novelistas en lengua castellana fueron los conquistadores españoles que llegaron a América y escribieron cartas que eran verdaderas novelas. Pero el primero oficialmente siempre es y será don Miguel de Cervantes.


-Mencionaba antes la lectura pública del Quijote en el Corral de Comedias, que usted ha tenido el honor de iniciar este año, y en el comienzo de la misma pidió disculpas por su “acento chileno”. Pero más bien deberíamos pedir disculpas nosotros, porque se da la circunstancia de que las voces y las letras en español que llegan de América son las que más peso tienen en el mundo. Y usted es el mejor ejemplo, pues es una de las autoras que más libros venden. ¿A qué cree usted que se debe esa preeminencia?

-Es la trayectoria literaria, sin ninguna duda. Pero el hecho de que tantos millones de personas hablen el español por allá es fundamental. Yo vivo en Estados Unidos desde hace veinticinco años y he visto como en los últimos años se ha convertido en la segunda lengua oficial. Se enseña en las escuelas, se habla en cualquier parte, los letreros en los buses y en todos los lados se dan en castellano. Hay una expansión de la lengua cada vez mayor. En los últimos diez se están publicando los mismos títulos en español que en inglés. Autores como yo, por ejemplo, se publican en castellano en Estados Unidos porque hay lectores de nuestra lengua que ya pueden comprar libros. Porque se suponía antes que los inmigrantes que llegaban eran gente muy pobre, de México o de Centroamérica, que no tenían el hábito de la lectura, o no sabían leer o simplemente no tenían medios. Venían simplemente a ganarse la vida, no a comprar y leer libros. Pero ya el año pasado se celebró la primera feria del libro en español en Los Ángeles y el primer día llegaron 10.000 personas. Venían familias enteras, con los abuelitos, con los bebés recién nacidos…


-Su último libro es El cuaderno de Maya. ¿Qué acogida está teniendo? ¿Qué le distingue de sus libros anteriores?

-La acogida ha sido muy buena. La editorial me acaba de avisar de que va a sacar a la calle 30.000 ejemplares más. Se está vendiendo muy bien. También en América Latina. Lo curioso es que, en Estados Unidos, éste es el libro que se está vendiendo mejor de todos los que he publicado allí hasta ahora. Y todavía no ha salido en inglés. Yo creo que ha ido muy bien porque es una historia muy contemporánea, de hoy, de gente joven de ahora. Y eso le toca de cerca a muchísimos lectores.


-Maya es una chica desarraigada, desorientada y en busca de su lugar en el mundo… o de un mundo a su medida. De algún modo, este personaje y su novela conectan con la movilización global que están protagonizando los más jóvenes para reclamar una nueva democracia, una economía más justa, una sociedad más responsable… ¿Qué juicio le merece este fenómeno? ¿Lo ve con optimismo, con recelo o con ingenuidad?

-A mí me parece formidable. Espero que esta oleada crezca y crezca como un tsunami y abarque al mundo entero. Lo que necesitamos es un cambio de civilización. Necesitemos los jóvenes se tomen el poder y cambien este mundo. No funcionan ya los esquemas del siglo XIX que hemos heredado. Estamos en el siglo XXI, donde la tecnología nos permite una comunicación y una globalización nuevas, donde ya no sirven los sistemas políticos y económicos ni las estructuras sociales que hasta ahora imperaban. Hay que cambiarlos. Y los jóvenes ya lo saben. Yo espero que su movilización no se desinfle y que el establishment no les gane la partida una vez más. Esto no es una revolución, esto es evolución. Es entrar en otro estado de vida. No podemos seguir como hasta ahora. Esta situación es insostenible.


-Volviendo a los libros, el próximo 8 de enero, como es su costumbre, volverá a encerrarse en su estudio para iniciar su nueva novela. ¿Ya tiene alguna idea?

-No tengo ninguna idea. ¿Se imagina lo que va a ser el 7 de enero por la tarde? (risas) Va a ser horrible, una angustia… No tengo nada. Pero sé que si yo me pongo a ello diariamente, las horas que se necesitan pacientemente, seis días a la semana ante a la computadora, algo sale… Tarde o temprano. Porque a veces se demora un poco más. Esto es un trabajo de disciplina más que de inspiración. Y así ves como la historia empieza a rodar y los personajes hacen cosas que tú no esperas. Cuando el personaje me sorprende, ya sé que estoy inspirada. Pero todo lo demás es investigación, escritura y corregir… Corregir, corregir hasta la muerte.


-Se cumplen 30 años de La casa de los espíritus, que fue la novela que le dio fama mundial…

-Lo curioso es que cuando la estaba escribiendo no tenía ni siquiera esperanzas de que se llegara a publicar. Y una vez que se publicó tampoco me di cuenta del éxito internacional que alcanzó. Yo trabajaba en Venezuela, en una escuela, muy aislada de todo. Y no supe la repercusión que tuvo hasta un par de años más tarde. Pero realmente La casa de los espíritus me cambio la vida. Me dio una voz. Me permitió dejar el trabajo que hacía y dedicarme a la escritura. Y también me pavimentó el camino para todos los libros que escribí después. Porque de no haber existido ese libro, ni su éxito, nadie habría publicado los demás.


-Ahora tiene más técnica, más conocimientos y más experiencias de todo tipo. Pero, ¿qué queda de aquella primera narradora?

-Yo creo que conserva el susto. Cada día, cada vez que llego al cuchitril en que escribo, siento ese susto, ese pellizco en el estómago por ver si será capaz de escribir. Tengo más confianza que antes y ahora sé que, si le dedico tiempo y paciencia, sé que al final va a salir. Pero sigo teniendo ese mismo sobresalto ante la escritura, que yo creo que es una especie de humildad ante la página. La otra cosa que me parece importante es que he adquirido más técnica y más vivencia, pero sobre todo llevo veinticinco años hablando inglés y yo creo que eso ha cambiado radicalmente mi forma de enfrentar la forma de escribir. Soy más directa, las frases son más cortas. En la cultura anglosajona no cabe el barroquismo. Por otra parte, el mundo ha cambiado. No se puede escribir ahora una novela en el estilo de La casa de los espíritus. Yo creo que a mí me costaría leerla hoy. Ha cambiado todo. Ha cambiado el lenguaje. Hay prisa por contar las cosas. Antes podíamos tener un párrafo con dieciocho metáforas y no importaba. Eso cae hoy azucarado. Cae mal. Y el idioma inglés me ha ayudado mucho a sintetizar lo que quiero contar.


-¿Se ve usted volviendo a Alcalá…?

-Seguro que sí, con mi marido…


-¿…para recoger el premio Cervantes?

-(Risas) Ah, no sé. Eso sería una arrogancia de mi parte. Pero volver a Alcalá con mi marido, para que conozca el Corral de Comedias, la Casa de Cervantes… Eso sí.


-Igualmente se le puede preguntar si se ve en Estocolmo recogiendo el Nobel…

-(Risas) Pero por Dios no diga eso que me ojea. Sabe usted que eso es mala suerte. Nada. Ni hablar.

 

Pedro P. Hinojos.


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Isabel Allende en Alcalá Foto Sandra Santiago