Pekín Express acabó anoche su edición con menos sal de todas las que ha habido hasta ahora. Y la final entre las hermanas sevillanas, Mar y Vanesa, y los desconocidos, Jota y Freire, fue el fiel reflejo de lo vivido durante casi todo el programa.
No hubo casi emoción en la última entrega que debía proclamar a los nuevos campeones de la Aventura en África. Como no la hubo en casi todo el programa, con excepción del domingo en el que expulsaron a los hermanos gallegos Chinto y Pablo.
La prometida final de tres fue de dos, porque Pedro e Inés, los novios valencianos que se habían salvado con la tarjeta verde el domingo anterior, cayeron en la primera parte de la etapa decisiva. O, mejor dicho, fue una final de una pareja, pues la indisposición de Jota, el 'musculitos' del par de desconocidos, lo tuvo vomitando todo el programa y dio enseguida la pauta de que no iba a poner ninguna resistencia para que las hermanas ganaran el reallity.
Freire, desquiciado por el malestar de su compañero, y sabiendo que en condiciones normales llevaba todas las de triunfar, hizo todo lo que pudo para no perder el paso de sus contricantes -hasta completó solo dos de las cinco pruebas de la última manga-, pero igual no le alcanzó para quedarse con el premio mayor.
En el primero de los dos días que duró la final, las tres parejas tuvieron que afrontar una gymcana que comenzó con una carrera en las dunas, siguió con otra de obstáculos en una granja de avestruces y acabó en la playa Muizerberg intentando encontrar llaves escondidas en la arena. Pedro e Inés, con el hándicap de llevar mochilas más pesadas terminaron últimos y se despidieron de la competición que ese día ganaron Jota y Freire. Pero el primero se dio un atracón en la cena y amaneció pálido y con el estómago hecho trizas para las pruebas que le quedaban en busca de cinco de seis palabras perdidas: escalar hasta el pico Cabeza de León para desde ahí tirarse en parapente, guiarse con un GPS para encontrar un baúl escondido, comerse la cabeza de un cordero o tocar una melodía en un xilófono.
Demasiado para el estado de Jota, quien no pudo completar la gymkana a pesar de las charlas de su compañero, quien no se terminaba de creer que estuviera del todo malo. Las sevillanas, mientras tanto, se hacían con todas las palabras necesarias para completar el famoso poema Invictus que recitaba Nelson Mandela mientras estaba preso. Todas menos una, pues la sexta debían encontrarla en una última y definitiva prueba que, con ventaja, Mar ganó sin mayores problemas.
Y así acabó la cuarta edición de Pekín Express, primera conducida por Jesús Vázquez -cómo se echó en falta Raquel-, y a la que le faltó la pimienta de entregas anteriores, no tanto por el buenrrollismo reinante, sino por la ausencia de pimienta en más de una etapa. Ya estamos esperando la siguiente... |