Mourinho tuvo que perder 1-2 en el Bernabéu para sacar un equipo reconocible. Sin Altintop, sin Pepe en el centro del campo, con Özil y Kaká dirigiendo, con Cristiano multiplicándose y con Sergio Ramos y Pepe en el centro de la defensa... Lo que ha sido el Real Madrid a lo largo de esta temporada.
El equipo blanco plantó cara al Barça, le jugó de tú a tú, no le tuvo miedo, le fue a buscar a su campo, y multiplicó sus ocasiones. Higuaín, Özil y Cristiano dispusieron de varias ocasiones de gol en la primera parte, pero cuando el partido parecía que se iba al descanso con el 0-0 comenzó a aparecer Messi.
El Real Madrid comenzó a flojear en la presión y dejó espacios para el argentino, que comenzó a hacer diabluras. Dio el primer gol, después de que tres futbolistas blancos fueran a encimarle. Vio a Pedro, que marcó a placer.
Solo dos minutos después, tras el saque de una falta en la que Lass tuvo que ver la segunda amarilla, Alves marcó un auténtico golazo. Sin créerselo, Casillas se iba con dos goles en su marcador.
El Real Madrid parecía muerto. Pero los blancos nunca se rinden. Salieron Benzema, Granero y Callejón. Y el Real Madrid volvió en sí. Con el francés los de Mourinho son otra cosa. Su conexión con Özil, que ha hecho un partido de escándalo, permitió al Real Madrid meter al Barcelona atrás. Anuló un gol a Sergio Ramos, que acabó expulsado, antes de que Cristiano Ronaldo marcara dejando sentado a Pinto y luego marcó Benzema en una bella maniobra ante Puyol.
El FC Barcelona quedó noqueado, pero supo aguantar el temporal. A partir de ahí, las llegadas a las áreas se multiplicaron sin que hubiera ninguna clara. El Real Madrid no pudo marcar el tercero, perdió la eliminatoria pero ganó la autoestima. Mourinho ya sabe cómo quiere la afición que juegue. Así. |