Se dice de ellos que trabajan sobremanera, que no envejecen –al menos aquí–, que no piden créditos y que les cuesta menos que a nadie conseguir licencias. Algunos de los tópicos sobre los chinos son ciertos; pero en los estereotipos que tenemos de ellos se mezclan la verdad y las malas lenguas, el desconocimiento que produce una cultura a años luz de distancia de la nuestra y las leyendas urbanas.
Se les educa para el trabajo, son emprendedores por naturaleza y para ellos no es nada vergonzoso, sino una virtud. Tampoco lo es la ambición, y por algo la bonanza económica es lo mejor que se les puede desear. Pero a su cultura hay que unir también las costumbres que han aprendido en China por necesidad. “En nuestro país siempre es necesario tener ahorros: tenemos jubilación, pero si enfermas y no puedes trabajar, no cobras. Si tienes que ir al hospital, lo pagas tú, y es una pasta. Mucha gente en China no va al médico por eso”, dice el gestor chino Song Wei. Y añade que para ellos también tiene riesgo montar un negocio, pero que les da más dinero, les permite estar con la familia –fundamental para ellos– porque trabajan juntos y que les da más libertad, aunque sea a costa de trabajar más.
Lejos de lo que se dice sobre que no pagan impuestos y que les es más fácil conseguir licencias, desde el Ayuntamiento señalan que la burocracia municipal no entiende de favoritismos hacia ninguna nacionalidad. Ellos tienen asumido el tópico, pero no deja de incomodarles. “Yo tengo un negocio, así que soy autónomo, y pago por serlo: el alquiler, la Seguridad Social de mis empleados, el IVA... Hay gente que piensa que no, y molesta un poco”, explica Lin Xiaofeng, dueño del bar Gambrinus.
Lo que sí es cierto, dice Song Wei, es que por desconocimiento los chinos se saltan en ocasiones algunos trámites burocráticos. Pero añade que las administraciones se encargan de recordárselo. Se les achaca que sus negocios, siempre de productos básicos, y siempre con precios baratos –tampoco se avergüenzan de su modelo, vender más barato, pero más cantidad– afean las calles más nobles de la ciudad. Pero no hay ninguna normativa municipal, recuerdan desde la Concejalía de Economía, ni tendría sentido, que restrinja qué tipos de negocios se montan en qué sitio.
¿Piden créditos los chinos? “También piden créditos, pero en estos tiempos no nos los dan tampoco a nosotros”, dice Lili Zhang. Pero en mucha menor medida que los españoles, porque ellos recurren a la familia en primer lugar, que siempre ayuda cuando se monta un negocio. ¿Por qué no hay tumbas con nombres chinos en los cementerios? Un tópico de los viejos. Porque para ellos la juventud es para trabajar y la vejez para volver a su país, para estar con la familia y reencontrarse con su país. Y porque, como a cualquiera, les gustaría pasar sus últimos años en su tierra. En eso no somos tan diferentes.
Marina de la Cruz |