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Ara Malikian: “Yo soy propiedad de mi violín”
Emilio Sánchez - viernes 3 de febrero de 2012 a las 09:23 horas
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El artista libanés ensalza a Bach y Paganini en el universo musical, “que no debe permanecer igual que en la época de nuestros bisabuelos”. El violinista actúa el sábado a las 20,00 horas en el Rodero de Torrejón de Ardoz.

 

Ara Malikian es un violinista atípico. El libanés de familia armenia, afincado en España tras forjar su talento en Alemania, actúa este sábado en el Teatro Municipal José María Rodero de Torrejón de Ardoz. El músico, rompedor en las formas y sobrado de talento, intentará enamorar al público torrejonero mediante ‘Caprichos para violín y cuerpo’ a las 20,00 horas del sábado desde el templo dramático local. Recuperamos la entrevista publicada por Diario de Alcalá el 12 de juno de 2011.

 

A veces se escucha, “Malikian, posiblemente el mejor violinista del mundo”. ¿Qué le parece?

Eso no existe. No hay que hacer caso. No tiene sentido. Yo hago lo que me gusta y no pienso si soy el mejor o el peor. A la gente no le importa eso. Lo relevante es emocionar a las pesonas y tener claro que hay artistas mucho mejores y mucho peores… Esto no es un deporte donde ser número uno o número tres.

 

¿Los violinistas son los más competitivos de la orquesta?

En cualquier agrupación hay, por ejemplo, ocho contrabajos, mientras que puede haber 36 violines.  Son muchos, y de todos ellos, solo uno es el concertino. Por eso hay tanta competividad pero así es la vida.

 

Tiene el ADN de muchos países, ¿con cuál se queda?

No elijo ningún país en particular, me quedo es con los viajes. En cada uno que he tenido la suerte de emprender he aprendido mucho. Sigo con ganas de seguir viajando y descubriendo amigos y músicos de otras culturas. Esa es la enseñanza más grande de la vida.

 

¿Siente amor por su violín?

No estoy enamorado de este violín, sino del violín en general. No soy alguien que dé vida a algo material. Le tengo mucho cariño porque es mi instrumento y con él transmito la música que quiero. Es muy antiguo y lo debo cuidar mucho. Y más que él ser mío, yo soy suyo, ya que él tiene cuatro veces más vida que yo. Soy una parte pequeña de su historia, y él me está prestando su alma, pero en el futuro se la dará a otro. Lo aprovecharé al máximo pero no le pongo nombre o hablo con él. Eso es extremo.

 

¿Por qué escogió el violín?

No tuve la oportunidad de pensarlo. Mi padre era violinista y me metió un violín en la mano muy temprano. No tuve que escoger. Hoy día, si debiera elegir, volvería a tomarlo, ya que me encanta todo lo que se puede hacer con él.

 

Si pudiera viajar al pasado para abrazar a un compositor por su aportación a la música, ¿quién resultaría agraciado?

Dos personas en concreto. No es que sean mis compositores preferidos pero son los que más han influenciado a este mundo. En primer lugar, Bach es el pilar de la música. Todos se han inspirado en él, desde el jazz al heavy metal pasando por el folk. Y como violinista, he de mencionar a Paganini. Él revolucionó el violín, y en cada uno de ellos reside el alma de este compositor.

 

¿Por qué empeñarse en reinventar todo cuando hay tanto bueno del pasado?

Todo necesita reinventarse. Cada pieza necesita frescura. El clásico, y todas las músicas, necesitan esa novedad. Una pieza, aunque se toque desde hace dos siglos, se debe afrontar como si fuese la primera vez que suena. Si no, entra en la rutina y pierde frescura. La música debe llegar y sensibilizar, no son notas en una partitura. A mí no me interesan las notas, sino llegar con ellas.

 

¿Se siente decepcionado si no es despedido con un atronador aplauso?

(Piensa).

 

Si es que alguna vez no lo ha recibido…

Es verdad que en un concierto entregas todo lo que tienes. Termino lleno de sudor y exhausto, como si de un partido de fútbol se tratase. Tras ello, el aplauso del público te hace feliz. Tú has dado algo y el público debe responder, y los aplausos son muy bonitos… Por una misteriosa razón, no son más que palmas que te alegran. Es una manera tonta de agradecer algo.

 

La mayoría del público puede esperar al violinista de catálogo orquestal, es decir, vestido de etiqueta y bien peinado, mientras que usted ni roza esa imagen. ¿Por qué?

La gente agradece la naturalidad. La imagen que acabas de describir es la del violinista clásico de cliché, y creo que siempre ha espantado a la gente joven. Por ello, la juventud no se ha acercado a la música clásica, ya que no le gusta como está montado todo este ‘rollo’. No es necesario vestir como nuestros bisabuelos porque toquemos la misma música que ellos. Podemos sentirla y vestir como personas normales.

 

¿Se encara de forma distinta una actuación de concierto a la de un concurso?

Por desgracia, sí. En un concurso, a veces no importa llegar a público ya que jamás llegarás al jurado. Eso es imposible, ya que ellos solo se preocupan de la perfección, y no de la emoción. Sonará feo y he hecho muchos concursos, pero los que están en un jurado son personas cansadas que desde el principio son inmunes a que un joven les emocione. Solo están ahí para darse cuenta de los fallos y no de la virtud.

 

¿La música clásica está sana en España?

Hay una diferencia con otros países. En el pasado, no hubo tanta tradición como en Alemania o Inglaterra.  Por ello, las personas son más honestas, es decir, sea lo que sea lo que no les guste, lo expresan. En otros países, el público acude por rutina y por ello cuela cualquier cosa. Tan solo pretenden escuchar los grandes compositores sin pensar en si les llega  o no, pero en España eso es más interesante.

 

Y es un buen amigo del flamenco…

Fue amor a primera vista. Cuando lo descubrí en España me enamoré.  No soy un experto, pero lo toco con José Luis Montón y me encanta.

 

¿Tiene iPod o algún tipo de reproductor de música?

Sí.

 

¿Y qué canciones lleva?

De todo. No lo actualizo a menudo pero llevo todo tipo de música

 

¿Lady Gaga tiene sitio entre esos temas?

Sería injusto por mi parte no intentar escuchar la música popular de Lady Gaga. Es una música comercial, y si tiene tanto éxito es por algo. La gente no es tonta.

 

¿Lo comercial está reñido con la calidad?

Absolutamente no. Hay cosas comerciales magníficas. Lo comercial no tiene que ser basura. A veces sí, pero muchas veces no.

 

¿Ha visto lágrimas entre las butacas de alguna de sus actuaciones?

Sí, y eso emociona mucho. Cuando lo que haces en el escenario llega al público, es decir, les afectas de una forma bonita, se disfruta mucho… Y a mí también se me escapan alguna vez.


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