Ya nadie descarta una remodelación en La Moncloa: lo que hasta ayer era un tabú; hoy es una realidad por motivos políticos y financieros. Zapatero tiene que recortar gastos, suprimiendo ministerios que pueden integrarse en otros, pero además quiere potenciar un Gabinete de perfil bajo concentrando la acción política en los pata negra.
Mucho se ha hablado de la quiebra de confianza con Elena Salgado, nombrada ministra de Economía pero desplazada del poder decisorio real, pero en realidad son otros los nombres que tienen ya las maletas hechas.
El de la ministra de Ciencia, Cristina Garmendía, estaba cantado: carece de competencias reales u operativos, su presupuesto es bajo, su margen de maniobra escaso, su sintonía con el PSOE quebradiza y sus salidas laborales amplias: es la rica del Ejecutivo, con un patrimonio declarado de casi cinco millones de euros, y su retorno a la actividad empresarial le resulta sencillo: desde Genetrix se codeó durante años con la élite empresarial española, y era una asidua de las selectas actividades del IE Business School del que ahora forma parte el ex consejero de Sanidad, Juan José Güemes.
La otra salida sí tendría un impacto político mayor: Miguel Sebastián, uno de los grandes amigos de Zapatero, tiene también un pie dentro y otro fuera, por voluntad propia. El ministro de Industria pasa por ser uno de los hombros en los que se apoya el presidente del Gobierno y tal vez el único miembro del Ejecutivo que goza de la misma ascendencia en Moncloa que los viejos amigos y fontaneros del líder socialista, nunca con cargos visibles, siempre con mando en plaza.
Sebastián, el otro millonario del Gobierno junto a Garmendía y Rubalcaba según sus declaraciones de bienes, puede dar ahora un paso atrás o al frente, como todopoderoso vicepresidente económico, pero lo que parece asegurado es que no seguirá donde está.
En la quiniela de salidas se ha incluido siempre a Bibiana Aído, ligada a Manuel Chaves y Leire Pajín y en consecuencia distante del poderoso José Blanco, pero esa posibilidad está descartada: a la energía de la ministra, adorada por las bases y odiada por los rivales, se le añade el componente político de su cartera, una bandera de la que Zapatero no piensa desprenderse.
No hay fechas exactas para el relevo, y las que había al finalizar la presidencia de turno de la Unión Europea, están ahora en cuarentena y vinculadas a otros hitos en el calendario como la huelga general: puede ocurrir mañana mismo o demorarse unos meses. |