Ésta viene a decir que hay chicas con cara de ángel, piel suave y curvas que te llevarían a hacer lo que fuera, pero que en contrapunto, están como una cabra. Seguro que alguna vez se han encontrado alguna. No es complicado. Basta con salir cualquier fin de semana por cualquier discoteca o similar para darse cuenta que el tema tiene su punto de verdad. Explicada la teoría, se puede incluso extrapolar a otros sectores, por lo que espero que no sea demasiado oportunista entonces, hablarles de Ibrahímovic. De hecho, no hay más remedio que hacerlo, aunque quiero reflejar antes de nada que considero al sueco uno de los mejores delanteros del mundo, y que es una lástima que lo que ofrece su fútbol no esté a la altura de lo que puede maquinar su cabeza.
A Ibrahimovic le fichó Guardiola en busca de gol, presencia, y sobre todo, de la perfección estética, pero no salió bien, y una temporada y unos 50 millones de euros después, ha tenido que salir por la puerta de atrás. Lamentablemente, no es la primera vez que lo hace.
Del Inter se marchó porque quería ganar títulos y aunque Moratti le consentía y él marcaba las diferencias, se cansó, como lo hizo con la Juventus escapándose debido al poco glamour que ofrecía la Serie B italiana. -Aquí conviene recordar que Nedved, Del Piero, Trezeguet y Buffon no abandonaron al equipo-. Incluso en Amsterdam sus salidas de tono estaban a la luz del día, como aquella vez que con su selección se enfrentó a Holanda e intentó agredir a Sneijder, golpear a Heitinga y lesionar a Van der Vaart, una agresividad propia de la competición si pasamos por alto que todos eran compañeros suyos. Por eso, y pensándolo bien, resulta fascinante que un tipo como Guardiola creyese en él. Y es que muchas veces, como aquella fábula de la rana y el escorpión, hay quiénes no pueden luchar contra su naturaleza.
Borja de Matías. |