España sueña con volver a convertirse en la sede de un Mundial después de 36 años. Y quiere hacerlo junto a la vecina Portugal.
La decisión la tomará hoy la FIFA en Zurich, donde tendrá que elegir entre la Candidatura Ibérica, Rusia, Holanda-Bélgica o Londres.
Con el magnífico sabor todavía en la boca de haber levantado por primera vez la Copa, la elección de España y Portugal sería el cierre para un año magnífico en el ámbito deportivo y el inicio de una nueva ilusión.
Aunque si también se piensa en repetir la hazaña de alzar la Copa en casa, es difícil imaginar quiénes podrán ser los futuros héroes de La Roja, porque 21 de los 23 actuales campeones tendrán para ese entonces más de 30 años. Apenas Javi Martínez y Sergio Busquets no pasarán la treintena, aunque estarán pisándola, con 29.
Puyol (40), Capdevila (40), Marchena (38), Xavi Hernández (38) y Xabi Alonso (36), Arbeloa (35) y David Villa (35) son los más veteranos y los que menos probabilidades tienen de seguir vistiendo la camiseta nacional, salvo alguna rara excepción, teniendo en cuenta la vida útil de un futbolista profesional.
Los tres porteros, los jugadores que más pueden estirar sus carreras tendrán entre 35 y 37 y es más que seguro que ninguno sea ya el titular para esas fechas. De seguir su evolución actual David De Gea, Iker Casillas tiene sucesor de talento asegurado.
En la defensa, Piqué, Albiol y Ramos apenas pasarán los 30, por lo que si mantienen el nivel pueden ser los zagueros experimentados que todo equipo necesita.
En el centro, sin la magia de los Xavis, Iniesta tampoco tiene el calendario muy de su lado, porque rondará los 34. Cesc acusará 31, y Silva y Navas 32, muy lejos del promedio de edad que domina el centrocampo actual de Vicente Del Bosque.
Arriba, descartado Villa, el que le sigue en veteranía es Fernando Torres, que ya no será el niño en 2018 con sus 34 años. Llorente tendrá 32 y Mata y Pedro 30.
La Roja que salga al campo para ese entonces será muy diferente del actual, con nombres que quizás hoy todavía ni siquiera hayamos oído. El sueño, sin embargo, será el mismo, duplicado por la expectativa de vivirlo en casa. |