El presidente del club blanco fue a su casa en persona a concretar el fichaje, cerrado en 35 millones de euros, cinco menos que David Villa, que entonces estaba dispuesto a vestir de blanco. Finalmente el Barcelona se llevó al año siguiente al asturiano, mientras que el Madrid contrataba al francés.
Un diamante en bruto, dicen, todavía por pulir dada su juventud. En año y medio, Benzema no ha terminado de explotar. Ha jugado 55 partidos oficiales -33 la pasada campaña y 22 en este- y ha marcado un total de 15 goles, un pobre bagaje para el que aspira a ser el delantero centro titular del Real Madrid, donde Hugo Sánchez o Ronaldo han puesto el pabellón muy alto.
Uno de los principales retos de Mourinho este año, además de no salir escaldado en los duelos con el Barcelona, era relanzar la carrera del francés, que en su primera temporada se convirtió en la gran decepción, junto con Kaká, al que todavía esperan y al que confían en Mourinho para recuperar. Pero el portugués no logra dar con la tecla que transforme a este francés de sangre fría, maneras elegantes, pero pasivo en el juego.
Mourinho le ha dado minutos, pero no termina de confiar en él. Ni siquiera tras sus tres goles ante el Auxerre en un partido de Liga de Campeones intrascendente, el francés ha logrado soltarse la melena. Sólo un gol en los 15 partidos de Liga en los que ha participado -en la jornada 4 ante el Espanyol-, es un pésimo bagaje ahora que Higuaín está lesionado.
El preparador portugués ha pedido un nueve porque ve que con sus dotes de mago no es capaz de hacer de Benzema el 9 que necesita el Real Madrid. Pero Florentino Pérez no le escucha. Valdano tampoco y Mou explota. Tendrá que conformarse con Cristiano Ronaldo, Di María y ahora que llega Kaká. Tampoco está mal. |