Betiana Baglietto - viernes 28 de enero de 2011 a las 12:06 horas
Qué placer da sentarse a ver el programa de Canal + en medio de tanta televisión basura.
Bendito último jueves de cada mes en el que, ya a la hora de desparramarse en el sofá, uno sabe que descansará el dedo porque la pantalla se quedará fija en un canal.
Luz tenue para mantener la intimidad que imprimen los reportajes y entrevistas, volumen alto para no perderse detalle de lo que cuentan sus protagonisas y de las melodías que mezcla la edición, una infusión calentita para las noches invernales... y a disfrutar.
Ayer fue Carlos Moyá y un recorrido por la vida y la carrera del primer tenista español en alcanzar el número uno y que ha dicho adiós a las pistas. Antes, en estas y otras temporadas pasaron figuras tan reconocidas como los campeones del mundo de fútbol, Jose Mourinho, Leo Messi, Fernando Verdasco o Severiano Ballesteros, como otras más desconocidas u olvidadas, llámase el marqués de Portago, Magnus Carlsen o Ander Mirambell.
El fútbol, rey de los deportes, pero también otras disciplinas bastante menos mediáticas como el ajedrez, la halterofilia, el freestyle, el póker o el montañismo. Todo tiene cabida en el programa del carismático y correctísimo inglés Michael Robinson.
Y es que más que lo que se juega importa quién lo juega. Detrás de cada informe hay una historia reconstruida con imágenes actuales y de archivo, testimonios de protagonistas, testigos lejanos de los comienzos de sus hazañas, amigos y familia, que no es nada difícil que se cuele en el rincón de las emociones que todos tenemos.
En las entrevistas, muy de vez en cuando se cuela alguna pregunta del conductor en ese español tan británico, pero que uno hasta se esfuerza con gusto por descifrar, y los informes los narra una voz en off que es otra de las señas de identidad de la emisión.
Informe Robinsones un programa para los amantes del deporte, de las hazañas, el esfuerzo y los fracasos que conlleva, sí, pero también para los seguidores historias y de vida y, sobre todo, para los que creen que en la televisión todavía se pueden hacer cosas dignas.