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Ana Rosa, el circo y la carnaza
Redacción - martes 1 de marzo de 2011 a las 10:51 horas
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Editorial. El periodismo no se puede convertir en espectáculo.

 

"El viernes dimos la noticia que todo periodista hubiera querido dar". Con esta solemne declaración de principios Ana Rosa Quintana, la presentadora del matinal de Telecinco, abrió su programa de ayer tras la polémica desatada por la entrevista a la mujer de Santiago del Valle, presunto autor de la muerte de la niña Mari Luz, en la que acusaba directamente a su marido del fallecimiento de la pequeña de cinco años. Obvió la estrella televisiva que la mujer en cuestión sufre cierta discapacidad intelectual y que solo unas horas antes,  en el juicio, había declarado exactamente lo contrario, por no hablar de las presiones que una persona en su situación pudo padecer.


Los sucesos truculentos, los culebrones judiciales y programas como el que presenta Ana Rosa Quintana suelen dar a lugar a cócteles explosivos. En la memoria está el escándalo que se produjo hace más de una década con el caso de las niñas de Alcásser y el programa nocturno de Pepe Navarro.  Y desde entonces, muchas otras pifias y atropellos a la dignidad se han paseado por las televisiones, bajo una perversa interpretación del derecho a la información.
Que el periodismo juegue a suplir a la justicia, como ente instructor, deliberador y sancionador, siempre resulta contraproducente. Pero que además se convierta en espectáculo, es tan demencial como peligroso.


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