Zapatero hizo bandera de la guerra de Irak. Su primera medida al llegar al Gobierno fue retirar las tropas, encabezó las manifestaciones del No a la guerra, no se levantó en el Día de la Hispanidad ante la bandera de Estados Unidos de la Administración Bush cuando estaba en la oposición y hablaba de la Alianza de Civilizaciones.
Y aunque a diferencia de la guerra de Irak, cuentan con el aval de la ONU y el respaldo del Congreso de los Diputados entrar en guerra supone haber agotado cualquier vía diplomática para alcanzar la paz. Zapatero no sólo no se ha mostrado en contra de la intervención militar, sino que ha mostrado toda la predisposición del país para entrar en guerra, frente a otras posiciones como la de Alemania. Defienden desde el PSOE la masacre del pueblo libio por parte de Gadafi, al que hace poco se recibía en La Moncloa con honores de Estado, igual que hasta ahora se ha visitado otros países de dudosa tradición democrática como China, Qatar o Emiratos Árabes para hacer caja con las cajas de ahorros.

Aunque no saldrá en la foto como Aznar, con Bush en las Azores, Zapatero ha quemado con este volantazo buena parte de la imagen con la que alcanzó el poder, una imagen pacificista, conciliador y de un optimismo casi patológico en materia social, que hacía que su marca cotizara al alza. Pero la guerra con Libia está calando en la ciudadania, como en twitter, donde el #noalaguerra está estallando a través de los 140 caracteres de esta red social que hoy cumple 5 años.
Libia se suma a otros volantazos que el presidente del Gobierno ha protagonizado en esta legislatura, caracterizada por el fin de la inocencia. Zapatero prometió en 2008 400 euros de 'paga', 2.500 euros de cheque-bebé, que jamás tocaría las pensiones ni congelaría el sueldo a los funcionarios, para dos años después llevar a cabo la congelación de las pensiones, la ampliación hasta los 67 de las mismas, la reducción del sueldo de los funcionarios tras criticar por activa y por pasiva el decretazo de Aznar, una huelga general, los 4,5 millones de desempleados, la eliminación del Ministerio de Igualdad, el adiós al chequé-bebé o la eliminación de los 426 euros a los parados sin prestación desde el mes de febrero, sustituidos por ayudas de 400 euros, han hecho un mella en Zapatero, que ya dijo que las iba a tomar "me cueste lo que me cueste".
Fue el fin del optimismo, el fin de la sonrisa, de la utopía. Zapatero tuvo que recurrir a lo que hasta ahora había criticado y se había negado a hacer para evitar peores consecuencias de una crisis que se ha desmadrado. Al presidente se le borró la sonrisa el 12 de mayo y en el fondo piensa que ha fallado y se ha fallado. Desde entonces el presidente no volvió a ser el mismo. Ese día despertó y se dio cuenta de que una cosa es lo que se quiere hacer, otra la que se puede y, sobre todo, la que se debe.
Hoy enarbola la bandera en la guerra de Libia. |