En una celda a oscuras, con un flexo apuntándole a los ojos y en una localización incierta que podría estar entre Sobibor y Treblinka, Ángela Merkel sometió a un brutal interrogatorio al pepino español para lograr que confesara su crimen.
Fuentes de la inteligencia española, no muy amplia pero apañada, aseguran a The Cebolleta que la cancillera presionó a la hortaliza hasta un extremo de sufrimiento desconocido desde que Ramoncín participara en tertulias políticas.

No es Merkel, pero tampoco fue el pepino y ahí lo tienen
"Le hizo escuchar todos los discos de Rosana, asistir a la constitución de la Asamblea de Madrid y participar en un concurso de imitadores de Chiquito de la Calzada", explica con un nudo en la garganta. "Pero nuestro pepino aguantó heroicamente y de sus labios sólo salió una frase: "Sí, me gusta el tomate".
Merkel ha puesto precio a al cabeza de e-colli, y ha prometido dedicar un streptease a los cazarecompensas si lo logran, lo cual les ha disuadido de momento. "Preferimos sólo dinero, a ver si va a ser también contagioso", cuenta su portavoz, Adolf Quetemeten.
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