En esta quiniela no hay X: o se gana o se pierde. Y Paco González, el célebre conductor del Carrusel Deportivo de la Ser, va ganando por goleada entre su espectacular afición: más de 20.000 personas se agrupan ya en Facebook para pedir la continuidad del alma máter de un viejo formato renovado que ha creado escuela: el dúo que conforma con Pepe Domingo Castaño aparecerá sin duda en los anales de la radio.
Pero de lo que se trata es de saber si seguirá, tras su fulminante destitución temporal, o cogerá el petate rumbo a otra casa más acogedora. Y, aún más, de descifrar si este conflicto es un hecho aislado o responde a una incipiente tensión en el seno de la Ser que se arrastra desde hace años y que se ha llevado por delante a no pocos profesionales queridos por sus compañeros y admirados por su audiencia.
Antes de analizar qué puede estar pasando en la primera emisora de España, hay que conocer qué ha pasado con el mítico Paquito: es vox pópuli que, tras la fusión entre Tele 5 y Cuatro -sería más adecuado hablar de absorción de la segunda-, muchos de los planes en Prisa han cambiado y que el área de Deportes es una de las más afectadas: todo el diseño montado para cubrir el Mundial se ha venido abajo, y los Manolo Lama y compañía han vivido y vivirán momentos de zozobra. Ahí tienen un caldo de cultivo para entender las tensiones derivadas entre la Casa y su personal, por cualificado que sea.

El equipo de Carrusel, historia viva de la radio: Paquito, Pepe y Manolo
La crisis es otra: donde antes había medios y recursos, ahora hay restricciones. Algo que González y su gente no entiende, pues se consideran responsables en buena medida del mantenimiento de la audiencia en la Ser. Los Deportes aportan uno de cada dos oyentes de la emisora de Gran Vía, y les parece una locura poner zancadillas a la gallina de los huevos de oro o forzar la máquina en exceso: no pedían ni más dinero ni más comodidades -Paco González no tiene ni despacho y trabaja en una mesa más de la Redacción, en una esquina junto al fortín de De la Morena-; sólo que les dejaran hacer su trabajo como siempre. Esto es, una delegación a Sudáfrica compuesta por las voces habituales y sus colaboradores más significados, y una planilla de programas como la de otras ocasiones. Y se encontraron con un no tajante incluso a la presencia física del conductor de Carrusel en tierras africanas, algo incomprensible a todas luces.
Una última explicación hay que encontrarla en el carácter del director de la Ser, Daniel Anido, que no se caracteriza por la contención expresiva: si González se puso tenso al recibir las malas nuevas, Anido no le fue a la zaga. Y no le tiembla el pulso cuando le echan uno: el director de Carrusel se lo echó y, de momento al menos, se lo aguantó suspendiéndole de empleo y sueldo.
La pregunta ahora es muy clara: ¿Se concretará la marcha o todo quedará en tormenta de primavera? Le llega a El Topo la especie de que, por parte de la Ser, no hay ninguna intención de prescindir definitivamente de González y que, si él asume las directrices de la casa y entiende la situación, todo volverá a la normalidad. Pero también, se piensa, están dispuestos a seguir en esta línea si el locutor se mantiene en sus trece: horroriza el problemón que se montará si Paquito se va de la Ser y acaba en otra emisora -se habla desde hace meses de la Cope, pero ni Onda Cero ni Punto Radio dejarían de tentarle-; pero horroriza aún más salir derrotados del combate por lo que pueda suponer de mensaje interno a la plantilla.
Y aquí aparece una última derivada de este conflicto. ¿Cómo están las cosas en la Ser? Revueltas desde hace tiempo, con tensiones entre una parte de la Redacción y el director de Informativos, Rodolfo Irago; con añoranza hacia los Astasios y otros periodistas defenestrados en los últimos tres años y con la sensación de que la gran emisora ya no es lo mismo pese a su liderazgo en las audiencias.
En el caso de González, la tibia reacción de sus compañeros de Deportes es la mejor prueba de que nadie quiere romper la cuerda, aunque también hay quien ve en ello un síntoma de la existencia de bandos: por un lado estaría Paquito y los suyos; por otro De la Morena y los demás, con Lama quitándose de enmedio gracias a una metedura de pata que está dando la vuelta al mundo: un vacile impropio a un mendigo antes de la final del Atlético contra el Fulham.
Mucho se ha hablado de la mala relación entre los dos gallos de la Ser, pero lo cierto es que esa discreción es táctica: nadie ha querido llamar a zafarrancho por la sensación, acertada, de que eso sólo contribuiría a estropear definitivamente lo que aún tiene arreglo.
El único, el inconfundible, el de siempre... el que debe seguir sí o sí. Palabra de Topo. |