Nadie acabará con los libros
por Vicente A. Serrano

JUEVES 13 DE MAYO DE 2010 A LAS 14:21 HORAS
Opinión > Cultura
 
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Hace algo más de tres décadas, un semiólogo considerado de culto entre la tropa universitaria, decidió abandonar a su suerte, por una larga temporada, a todos los “Apocalípticos e integrados en la sociedad de masas”, para encerrarse junto a Guillermo de Baskerville en una abadía benedictina del siglo XIV y tratar así de esclarecer una serie de misteriosos crímenes. Rodeado de monjes sospechosos y con la inquietante presencia de Bernardo de Gui, inquisidor obsesionado por el subversivo poder y peligro de los libros, cualquiera que fuese su materia. Al final un “venenoso" texto de Aristóteles purificado en las llamas entre la destrucción total de la abadía ardiendo durante tres días y tres noches. La biblioteca convertida en cenizas. Retorciéndose en el fuego, como el más aciago de los símbolos, las hermosísimas páginas miniadas del Apocalipsis del beato de Liébana. Umberto Eco nos llegó a perturbar con aquella novela policiaco-medieval, El nombre de la rosa, que convertida en best-seller, sin duda abrió de modo insensato las compuertas a un género nuevo que hoy tiene sembrado de mediocridades los anaqueles de las librerías.  

Afortunadamente aún editado en papel
En los inciertos tiempos que corren para la edición, El nombre de la rosa vuelve a cobrar actualidad como parábola o emblema del cuestionado futuro de los libros. Jean-Philippe de Tonnac trata de contagiarnos su optimismo cuando afirma rotundamente que: “Aunque el libro electrónico, el e-book, se imponga al libro impreso, no podrá echarlo de nuestras casas y de nuestras costumbres por ninguna razón. El libro electrónico, en definitiva, no matará al libro". Tan alentadoras palabras se recogen en el prólogo a Nadie acabará con los libros, de Umberto Eco y Jean-Claude Carrière, recientemente publicado por Lumen. Precioso ejemplar, afortunadamente aún editado en papel e ilustrado con las poéticas imágenes del fotógrafo húngaro André Kertész.

Un fascinante y enriquecedor diálogo
“Nunca jamás se ha inventado un medio más eficaz para transportar información. El ordenador, con todos sus gigas, tiene que conectarse a un enchufe. Con el libro este problema no existe. El libro es como la cuchara, la rueda o las tijeras. Una vez inventado no se puede hacer nada mejor. Quizás sus páginas dejen de ser de papel, pero seguirá siendo lo que es". De este modo se defiende Umberto Eco en las páginas de Nadie acabará con los libros. Aquel semiólogo italiano que en la década de los 70 nos tenía alborotados a los estudiantes de Arte con sus innovadoras teorías sobre la cultura de masas y que más tarde, en una auténtica revolera, se convirtió en novelista de éxito. Ahora se ha dejado entrevistar durante días por De Tonnac, en compañía del dramaturgo Jean-Claude Carrière, aquel que fuera estrecho colaborador de Luis Buñuel y co-guionista de muchas de sus películas. El resultado: un fascinante debate a dos bandas, moderado por Tonnac en el que a lo largo de casi trescientas páginas ambos genios nos muestran sus cualidades oratorias, capaces de mantener hipnotizado al lector durante horas, porque la conversación nos enreda y sumerge con profundidad, inteligencia, amenidad y un inigualable sentido de humor en el mundo del libro para, a través de él, esgrimir acertadas teorías sobre la historia, la cultura, la bibliofilia, las literaturas, el talento y la estupidez.

Homenaje a la galaxia Gutenberg
Reconfortantes resultan estas páginas mientras observamos alarmados como a nuestros pies nos están segando la hierba. Cierran los cines, van desapareciendo aquellas librerías íntimas y entrañables en el que el librero amigo era capaz hasta de echarnos la bronca por haber leído el último Premio Planeta. Mientras que los míticos vinilos de otro tiempo se han convertido en minúsculas y malas fotocopias extendidas sobre una manta por un inmigrante asustadizo ante la probable presencia de la SGAE inquisitorial. Eco y Carrière nos invitan a participar en su particular ‘Homenaje a la galaxia Gutenberg’.  No se trata de oficiar un funeral en su memoria, ni siquiera de conformar una polémica a favor o en contra de las nuevas tecnologías, sino más bien de desarrollar una charla distendida que terminará cautivando a todos los lectores y amantes del libro.

No hay nada más efímero que los soportes duraderos
Cuenta Umberto Eco el desinterés que mostró su hijo cuando llevó a casa, en 1983, el primer ordenador; nos describe todo tipo de dificultades que tuvo que sufrir hasta lograr entender lenguajes de programación como Basic o Pascal y cómo un día desesperado ante aquel artilugio que no terminaba de funcionar, se acercó su hijo y le dijo: “Mira, deberías hacer esto". Y el ordenador funcionó. Su hijo ya tenía mano informática. Tal vez algunos ya nunca alcanzaremos a tener ojo informático porque nos ocurre como a Eco, que si fuésemos capaces de pasar dos horas leyendo una novela en el ordenador, nuestros ojos se convertirían en dos pelotas de tenis. Tanto Eco como Carrière defienden las nuevas tecnologías, pero advierten constantemente en estas páginas, las evidentes trampas de la sociedad de consumo. Carrière como responsable de la Videoteca de París nos explica las dificultades que se le plantea ante lo efímero de los soportes duraderos, para tratar de preservar la historia viva de la cinematografía francesa. Vídeos, Cd-Rom, DVD, Blu-Ray... Umberto Eco defiende ciertas ventajas: un juez puede llevarse a su casa con mayor facilidad veinticinco mil páginas de escritos de un proceso en un pen-drive, pero él sería incapaz de leer Guerra y Paz en una pantalla. De todos modos ha ido conservando sus escritos a lo largo de estos años en los más diversos sistemas informáticos, aunque cuando pretende leer alguno de ellos tiene que subir al desván a buscar entre los ordenadores obsoletos –que se convierten en reliquias de un día para otro–el que sea capaz de leer ese tipo de soporte.

 

La recomendación: Regresar a las librerías
Recomendable la lectura de Nadie acabará con los libros porque en este viaje iniciado hacia el soporte electrónico de un casi seguro sí retorno, quedarán muchos cadáveres exquisitos en el camino: editores, libreros, bibliotecas...  Igual que se sigue disfrutando de algo tan obsoleto y anacrónico como es el teatro y la ópera, disfrutemos el tiempo que nos quede con el placer del tacto del libro de papel y del trato con el librero amigo, esa noble raza en vías de alarmante extinción.


Comentarios
Juan Gatica Amengual gatica_amengual@hotmail.com
sábado 18 de diciembre de 2010 a las 02:44 horas
En una de ésas es pura nostalgia por lo material, por la tierra que se mete entre hoja y hoja,y que al cerrar el libro uno estornuda: por el aroma de cada página; por el empezar al revés, de atrás para adelante, o saltado; por saber cuándo se imprimió y quién lo hizo, incluso hasta por el imprimatur que nos autoriza a nosotros, imberbes, poder leer porque la Santa Iglesia nos lo permite ...
Pero más que nada, porque releemos la fecha en que lo adquirimos, y cinematográficamente, como apretando un switch, rememoramos:
la librería, la muchacha que nos atendió, su sonrisa, sus pantorrillas, el emparedado que engullimos a la vez que, frenéticamente, ansiosamente, una trás otra , cada hoja nos ventilaba....
Mónica
viernes 14 de mayo de 2010 a las 19:59 horas
He sido ávida lectora desde niña. Tengo 40 años, manejo habitualmente ordenador y cualquier otro tipo de aparato electrónico y estoy completamente de acuerdo con Vicente Alberto. Soy incapaz de leer en un pantalla un libro y me niego a perder el olor del papel de los mismos mientras leo y el tacto de sus páginas en mis dedos mientras lo sujeto y paso sus hojas, eso sí... sin chuparme los dedos para tal menester, no sea que termine como los monjes de la Abadía Benedictina en la que transcurre "El Nombre de la Rosa"
B.Verdi
jueves 13 de mayo de 2010 a las 22:14 horas
Estoy convencido que tecnología y papel estarán condenados a entenderse. Habrá una redefinición de usos pero sin que desaparezca ese tacto y ese olor que desprenden las páginas. Lo que sí que demuestra la experiencia es que no hay que quedarse rezagado en las nuevas tecnologías. Hoy quien no sabe informática es prácticamente un analfabeto.
Gerardo Solís Salazar geri21icr@yahoo.com.mx
jueves 13 de mayo de 2010 a las 22:10 horas
Nadie acabará con los libros,
objeto arte/ arte objeto
coleccionable, honorable.
Nadie acabará con los libros,
ya que cada pieza es inigualable
Librorum ad aeternum,
amicus meus.
[1-4]

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