| Celebraciones |
| por Uno de la Redacción |
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| LUNES 24 DE MAYO DE 2010 A LAS 18:57 HORAS |
| Opinión > Política |
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JOSÉ L. ENRÍQUEZ
Las ganas de salir a la calle y celebrar a la intemperie un triunfo deportivo es directamente proporcional a la impaciencia de los tiempos que nos toca vivir. No es un aforismo, ni lo pretendo, pero en el metabolismo del typical spanish llevamos una forma distinta de digerir las conquistas por medio de las celebraciones.
Ahora que se acaban las ligas deportivas, del fútbol a los bolos montañeses, numerosos aficionados se tiran a la calle a celebrar los éxitos. Gritos ensordecedores, ojos que se salen de las órbitas, pintura en los mofletes y sonrisas perennes son señales que sirven para expresar la felicidad extrema de los seres humanos ante los hitos de los equipos de sus sueños. Son lugares comunes en los que toca lo que toca, todo por una felicidad pasajera.
Ahora que, por ejemplo, los colores rojiblancos están de moda, aunque a algunos les pese, siento también la tentación de brindar por Neptuno, pero no sólo ya por el Atleti, sino por la emoción que transmiten esos cientos de aficionados que viven en una burbuja de felicidad desde hace unos días. Mientras el país con sus recortes por la crisis es como un avión que tiene que aligerar peso para remontar el vuelo hay gente que hace realidad sus sueños. La magia de la ilusión puede con la testaruda realidad plagada de tijeretazos y ahí es donde la bulla se viene arriba. Un día llegué a soñar que estaba en plena calle, entre olor a sobaquera, camisetas pegadas al cuerpo y un ruido casi ensordecedor de cánticos cursis.
A priori, un escenario insostenible, hostil y comanche. Pero recuerdo que era feliz, muy feliz. En ese sueño lucía la camiseta del equipo de mis amores, barba de corsario, nariz pronunciada de rufián y no paraba de botar como uno más entre centenares de entregados seguidores. Era mi sueño y no el de otro, me tocaba vivirlo a mí. Si hay algo que temo es soñar y fantasear con cosas que no pertenecen a mi vida, sino a la de los otros.
Pero éste no era el caso. Ya que al menos somos libres para soñar, y podemos hacerlo sin que nos multen, espero que nunca me apropie de las pesadillas de otros o que tenga que pagar para tener un sueño determinado como quien va al mercado a comprar cuarto de kilo de pollo. Una vez tuve la oportunidad de comprar sueños. Un tipo con el que hace un tiempo coincidí en un tren Regional que atravesaba La Mancha insistió en que en su pueblo había alguien que vendía sueños. La curiosidad me llevó a saber que esta lumbrera se había montado un pingüe negocio piramidal a lo Madoff en su pueblo. Estuve a punto de picar, pero cuando me acueste hoy lo haré con la conciencia tranquila y esperaré otra celebración. |
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| Comentarios |
| pater |
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| martes 25 de mayo de 2010 a las 09:39 horas |
En el año del famoso Doblete en el que el dios Kiko era el dueño y campeador del área adversaria, fui al Caderón para ver uno de los últimos partidos de Liga contra el Salamanca creo que fue, necesitábamos la victoria para no pasar apuros al final ya que a medida que este se acercaba el equipo flojeaba y el perseguidor se acercaba por momentos sin piedad. Recuerdo que fue un partido intenso no por el juego y si por la emoción ya que el resultado positivo se resistía, pero espeso esto sí por el juego, el Atletí estaba un poco atrancado como en uno de sus ya clásicos, habituales e idiosincráticos atranques mataseguidores de toda la vida.
Estábamos situados el amigo que me acompañaba y servidor en el fondo contrario al de los ultras del Frente en la parte intermedia de la grada superior, no le quiero contar Enriquez lo que en aquel voladizo se sinvivía, aquello era todo un show, el resultado no acababa de ser beneficioso para nuestros intereses, el tiempo pasaba y pasar allí de bueno no pasaba casi nada. Hubo gente que se levantaba y se metía por la boca de los vomitorios para echar la vista a la calle y no ver así lo que en el césped ocurría, aunque no tardaban en entrar de nuevo echando pestes de to dios.
Tal era la angustia y la agonía que recorría, rezumaba y se olía por todo el graderío, que mi amigo y yo vimos en un momento dado al compañero de la fila colindante delantera encenderse un cigarrillo, no se lo va a creer Enriquez, el tío se lo emplumó enterito de una sola y única calada, acto que inconscientemente fue observado por ambos con enorme estupor, nos miramos mi amigo y yo el uno al otro diciéndonos con la mirada, te cagas lorito....
Al fin y muy al final, marco en la portería de abajo y delante de nuestras propias narices el mago del balón llamado Narváez, uff.... que liberación aquello fue como si a nosotros miles de burbujas de cava apresadas por un vil tapón nos hubiesen concedido la libertad condicional el mismo día, indescriptible el alboroto y el jolgorio, nuestro amigo el fumón de delante como todos saltó con todos, y lloraba de no sé que, me imagino que sería de alegría y no por el daño del humo en el pulmón. Entonces, bufandas deplegadas o haciendo el molinillo rojo y blanco.....Atleti...Atleti....Atleti.
A la ya mítica pregunta de ¿Por qué somos del Atletí?, no cree Enriquez que deberíamos responder, porque somos capaces de apretarnos los cigarrillos de una única chupada.
Un saludo de los todos los negritos que sienten hambre y frio.
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| José L. Enríquez |
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| lunes 24 de mayo de 2010 a las 21:08 horas |
| Aupa Atleti!!! Con permiso de Patacho, Iñaki y todo Glutamato. |
| pater |
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| lunes 24 de mayo de 2010 a las 19:14 horas |
Sr Enriquez, los del Atleti somos así, somos los genuinos seres hombres y mujeres burbuja. Para una vez que nos toca, hay que burbujear todo lo que se pueda.
Un saludo desde los aires de los tiempos de La Edad de Oro, con el himno del novio de la muerte atletico de Glutamato Ye Ye. |
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