Hay que despedir a los parados
por Antonio R. Naranjo

MARTES 25 DE MAYO DE 2010 A LAS 18:22 HORAS
Opinión > Política
 
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 - ¿Qué piensa de la muerte?

-… Estoy en contra.

(Risas)

Woody Allen, en Cannes

 

Esto que a continuación escribo puede estar equivocado. Que además sea justo o injusto es irrelevante: es probable que casi todo lo que ocurre y ocurra en los próximos meses sea injusto, pero también inevitable. No perdamos el tiempo, en fin, en juzgar, lamentar o sollozar por lo obvio: nadie se merece un cáncer, y nadie se lo desea, pero todos sabemos que no se cura con salmos, flagelos o admoniciones sobre el infausto destino.

 

Einstein se negaba a calificar de fracaso los cien errores previos a un acierto científico: eran pasos al éxito, o a la mera supervivencia. Conviene intentarlo, fallar y enmendar, ante la certeza de que la otra opción conduce al precipicio: tal vez dosifica el daño fragmentándolo en el tiempo; pero a la larga acumulada lo incrementa y hace irreversible.

 

Por buena intención o con pérfido cálculo, ya sabemos que lo hecho y lo no hecho hasta el momento ha situado a España en una zona de riesgo para sí misma y el conjunto de Europa: tiene dificultades para pagar su deuda y lograr nueva financiación; su tasa de desempleo duplica la media continental; su déficit ha crecido hasta amenazar su PIB;  carece de un tejido productivo potente e innovador y depende como pocos de las energías importadas; la población activa es de sólo 14 millones de personas sobre un total de 46 y organiza su entramado político e institucional sobre un complejo esquema de tres administraciones que a su vez generan una miríada de órganos subsidiarios que a su vez se dotan de un régimen financiero, laboral y profesional distinto.

 

Y todo ello inmerso, nos guste o no, en un mundo económicamente global que condiciona e impone unas reglas del juego difíciles de sortear: ni los tipos de interés ni el valor de la moneda se deciden ya en Madrid, por citar sólo las dos herramientas que entre otras cien permitían en el pasado modular localmente el comportamiento de la economía.

 

No sigamos con la retahíla de problemas, que pueden resumirse en uno, aun a riesgo de simplificarlo en exceso: no hay dinero ni para pagar lo que se debe ni para sostener lo que se quiere. Hay culpables, pero tampoco importa demasiado: la naturaleza del mercado es la misma que la del ser humano, que coincide a su vez con la del dirigente político. Todos quieren ganar: repartamos pues la culpa, o la responsabilidad, pero no perdamos demasiado tiempo en ello hasta llegar a las urnas.

 

Casi todo el mundo sabe que Zapatero es una nulidad, un inconsciente o un mentiroso, un señor que, bien acompañado por altavoces de su nadería, negaba las evidencias y criminalizaba al grito de “facha” a quienes creíamos en nuestros ojos. También percibe que Rajoy se frota las patitas ante tanto drama y se limita a jugar al dominó mientras espera el paso del ataúd de su rival, emulando al Rey Pyrros que sólo ganaba una guerra si causaba y sufría las mimas bajas. También reparte las culpas entre el capitalismo especulador, el socialismo de cococha, el nacionalismo bulímico, el empresariado oligárquico o el sindicalismo de salón, unidos –¡totus tuus!- por el desprecio a la lógica y el amor al dinero fácil. Por supuesto  entiende además la convivencia de una crisis global con un paroxismo local y se siente un poco culpable de haber vivido por encima de sus posibilidades y, sobre todo, de sus necesidades. Zanjemos pues ese asunto, provisionalmente, para pasar a la siguiente fase.

 

Y actuemos, así, por ejemplo, para concentrar los recursos en lo imprescindible, evitar el derroche público, defender de verdad el futuro del Estado de Bienestar y cambiar un poco la conciencia colectiva para que el mérito, el trabajo y la capacidad vuelvan a estar en el epicentro de la dura vida.

 

1.- Despedir a los parados. Parece un oxímoron, pero es una opción. Da igual lo que se haga en el resto si se mantiene un 20% de desempleo. O, mejor dicho, de personas que cobran el subsidio del paro. Con 5 millones de personas así, simplemente no hay recuperación posible: no cotizan, pero gastan. Estar en el paro tiene que resultar, pues, incómodo: hay que hacer lo imposible para que nadie cobre el seguro de desempleo si de verdad tiene otras opciones. Intervenir su cuenta bancaria para controlar sus ingresos; chequear su verdadera disposición a buscar o aceptar un empleo; descifrar con inspectores si tiene ingresos no declarados y forzarle, en fin, a trabajar. No hay estimaciones oficiales sobre el número de personas que prefieren un subsidio a un empleo o compatibilizan aquel con una remuneración sumergida, pero sí un incesante runrún sustentado en una cierta lógica: de existir de verdad tanto parado sin un euro, habría revueltas sociales en cada esquina. La única manera de garantizar el subsidio para quien de verdad lo necesita, por el tiempo que sea menester sin límites ni plazos, es quitárselo a quien tiene alternativas.

 

2.- Reducir un 30% la estructura de la Administración Central, Autonómica y Municipal. Parece una cifra desmedida, pero no es descabellada. Cada alcalde, presidente, rector, consejero y concejal sabe cómo hacerlo sin afectar a las obligaciones estructurales. Un indicio de por dónde empezar:

 

a) Subastar o cerrar todas las televisiones públicas autonómicas. Junto a la española, acumulan un billón en deudas. Básicamente atienden las necesidades del Gobierno de turno, pero aunque fueran un delicioso servicio público, no son un producto de primera necesidad en tiempos de hambruna. Ir al gimnasio también es sano, es una lástima tener que dejarlo, pero lo primero es asegurar el plato de lentejas. La Tdt ha estimulado una multiplicación de canales, y la inminente televisión por Internet elevará esa cifra hasta el infinito: algún operador se encargará de los delfines, de enseñar inglés o de atender ese tipo de espacios de presunto interés público con un patrocinio espectacularmente inferior al coste que ya tiene asumir el ente al completo. En todo el caso, el Estado siempre podrá premiar fiscalmente a las cadenas que incluyan en su programación todos aquellos contenidos, campañas o debates que ayuden a consolidar valores de igualdad, justicia o libertad.

 

 

 

b) Cerrar la mitad de las Universidades y el 90% de los apéndices clientelares de todas ellas para subir a continuación un 30% el presupuesto a las supervivientes, con un plan de exhaustivo control de la docencia, la investigación y su implicación en el tejido empresarial. En el 95% de los proyectos de investigación de Estados Unidos participan sus universidades de referencia; en España apenas se llega al 5%: faltan alumnos, se imparten estudios inservibles; se antepone el crecimiento del ladrillo impulsado por cada reyezuelo provincial; se financia una opaca red de intereses transversales presentada como epítome de los mejores valores internacionales que sólo sirve para pagarse canonjías y, finalmente, se trata por igual al profesor comprometido y talentoso que al catedrático que sólo acepta la dedicación exclusiva a efectos de cobro. Sobran facultades y sobran alumnos, pero faltan buenas Universidades: con un gasto menor, se haría sin duda mejor gastando mucho más en muchas menos, pero hay que aceptar y decir que no todo el mundo se merece ni necesita una licenciatura y que no todas las ciudades necesitan una Universidad. España ha atravesado sus dos décadas de mayor bonanza e inversión universitaria sin haber logrado generar una conciencia nueva para quienes emprenden, quienes fabrican y quienes gestionan: no han fallado los recursos, enormes, sino la manera de gastarlos. Era mucho dinero, pero para demasiadas Universidades, que han renunciado a su liderazgo intelectual y se han transformado en dudosas agencias de colocación laboral que no colocaban a nadie.

 

 

 

c) Subir el sueldo a los funcionarios, despedir o prejubilar a un millón y medio de ellos y suspender la oferta de empleo público salvo en educación, sanidad y seguridad. La reducción salarial es una torpeza y una injusticia que no arregla nada, deteriora sus expectativas, les enfrenta a la sociedad y mantiene un costo excesivo. La descentralización autonómica y municipal ha desembocado en una orgía de empleo público innecesario que, lejos de mejorar los servicios públicos, los ha sindicalizado en su acepción más absurda: poco hay que negociar cuando el trabajo es estable y para siempre. Con 24 millones de habitantes menos, España tiene los mismos funcionarios que Alemania, peor pagados y más desmotivados. Este fenómeno tiene dos efectos perversos: de un lado, estimula en demasiada gente la sensación de que lo mejor que puede hacerse en la vida es lograr una plaza en el Ayuntamiento o convertirse en Belén Esteban. De otro, la política se aprovecha y lo estimula igualmente, procreando un ejército de asesores, directores, delegados y oficinas inservibles cuya desaparición absoluta debería imponerse: en unas partes de España esto es un atraco a mano armada; en otras además estimula un secesionismo absurdo al malgastarse en embajadas en el extranjero y todo tipo de inservibles consejos destinados a inocular en el ciudadano el virus del agravio.

 

d) Impulsar un convenio colectivo único en la Administración, con una vigencia nunca inferior a quince años. El sistema actual es kafkiano: en cada ayuntamiento, universidad, comunidad, diputación e institución se produce una negociación cada dos o tres años que ha terminado, indefectiblemente, con la transformación de onerosos privilegios en sacrosantos derechos: los llamados Fondos Sociales son el epítome de una sangría que desatiende la capacidad financiera de la Administración y dedica el dinero de inversión productiva a gasto corrientes: en miles de ciudades de España faltan escuelas infantiles, parques, transporte público, ayuda domiciliaria o parques empresariales; pero en casi todas ellas sus trabajadores municipales tienen cubierta hasta la óptica o el dentista o los libros de texto para sus hijos. Hay que dar la vuelta al manido axioma de que “cualquiera puede hacer una oposición” para cambiarlo por el “a nadie se le obliga a ser funcionario” para que su condición de prestadores de servicios se anteponga a su tendencia a la sindicalización. Con el tiempo, los servidores públicos recuperarán una amplia estima social, tendrán unas retribuciones a la altura de sus obligaciones y darán solidez y futuro a un sistema público fornido que ahora está amenazado.

 

e) Reducir un 90% los cargos de confianza, asesores y demás estructura política: el abuso es tan manifiesto como inútil. Personal sin capacidad pero con carné que convierte las instituciones en comisariados del partido y resta legitimidad a cada Gobierno para imponer algo de sensatez en sus negociaciones laborales con los sindicatos. Esto genera un problema económico inmenso, otro social y uno más político: buena parte de los problemas de identidad y tensión dentro de España obedecen al ‘trabajo’ de organismos y personajes que malgastan el dinero público en dar problemas que la gente no sentía hasta entonces: las embajadas regionales en el extranjero son el mejor ejemplo de todo ello.

 

f) Cerrar o quitar toda la financiación pública al sobrecogedor sistema de chiringuitos relacionados con la Administración local, autonómica o central que da cobijo a una red clientelar y política insoportable. En España hay mil fundaciones, centros, pseudoembajadas, empresas casi públicas, institutos, observatorios y toda laya de denominaciones dedicadas a lo mismo: cooperación internacional, ayuda al desarrollo, formación, etc. Una simple investigación permite confirmar su sonrojante relación con figuras políticas, partidos y personalidades que, bajo nobles declaraciones de intenciones, en realidad sirven ante todo para justificar unos emolumentos amplios, coche oficial, contratos transversales y gastos de representación. Es imposible cuantificar su coste, pero basta con dar un paseo por la Castellana o la Diagonal para percatarse del imparable  crecimiento de placas doradas, banderas ondeantes y edificios majestuosos dedicados a la inanidad envuelta en oropel.

 

 

4.- Imponer un único modelo de financiación autonómica. Exprimidos los ciudadanos con ingresos fijos (trabajadores, pensionistas y funcionarios), le toca a los territorios, si acaso existen. El esfuerzo compartido pasa inevitablemente por imponer, durante el tiempo que sea menester, un criterio fiscal, financiero y económico igual en cualquier punto de España sustentado en una máxima inapelable: el que más tiene, más contribuye, en la idea de que a la larga un reequilibrio territorial generará más riqueza para todos y especialmente para el que más contribuyó. Si se aspira a que Francia, Alemania o Estados Unidos ayuden a España, Grecia o Portugal, ¿cómo puede sostenerse aquí que Navarra, Cataluña o Euskadi tengan un régimen propio opuesto al inevitable peso del sentido común internacional?

 

5.- Quitar las subvenciones a la Iglesia, los partidos, los sindicatos y las patronales. Sin maniqueísmo, por razones estrictamente prácticas de transparencia y eficacia. En aquellos frentes que cualquiera de estas entidades ofrezca un servicio objetivo e imprescindible –formación, representación o asistencia-, puede crearse un contrato específico con una partida concreta fiscalizada con el mismo criterio que se sigue con una contrata. En lo demás, que opere la voluntad individual de cada una a través de las casillas que sean menester en la declaración de la renta.

 

 6.- Privatizar todas las empresas públicas, empezando por las rentables. El Estado debe concentrarse en la Sanidad, la Educación, la Defensa, la Justicia, la Igualdad, los servicios sociales y las infraestructuras, aquí sin menoscabo de trabajar con la iniciativa privada. Todo lo demás puede controlarlo sin necesidad de ejercerlo, sacando tal vez ahora unas grandes plusvalías que hacen falta para luchar contra el déficit y la deuda: todos los transportes, la gestión del agua o los aeropuertos pueden seguir los pasos de las Telefónicas o los astilleros si, a continuación, la bacanal de organismos públicos que controlan los mercados, hacen simplemente su trabajo de supervisión.

 

7.- Cobrar por la Sanidad. El sistema sanitario actual es insostenible. Le ocurre como a la gestión del tráfico: cuando la única solución es ampliar ad infinitum las carreteras, deja de haber solución. Restringir el consumo, como racionalizar el tránsito de vehículos, es la única manera de evitar el colapso y el deterioro del sistema sanitario. Una vez más sobra demagogia y falta sentido común: la falsa sensación de que todo es gratis conlleva un uso abusivo del sistema sanitario, un consumo desmedido de fármacos y el deterioro del servicio pese al inmenso gasto público efectuado en la última década: nunca habrá suficientes hospitales, quirófanos, médicos, enfermeras o especialistas para atender a todo el mundo, local o foráneo, si no se aplican unos criterios de contención y regulación entre los usuarios: los medicamentos genéricos, el euro sanitario para las recetas y consultas, el control de acceso a las urgencias o el abono parcial de servicios secundarios son indispensables para garantizar a futuro una sanidad pública, universal y eficaz.

 

9.- Crear un nuevo DNI electrónico vinculado a la declaración de la renta. En la era de las tecnologías, es lamentable que no exista un documento físico y electrónico que incorpore la declaración del IRPF a los datos tradicionales identificativos: con algo así, podría imponerse un sistema de pago progresivo en casi todos los servicios, de modo que no pagara lo mismo todo el mundo. En realidad, sería una manera de que unos pagaran más, otros poco y algunos nada, pero en todo caso se entendiera que lo gratis no existe.

 

10.-  Endurecer el acceso a la educación a partir de los 16 años. No todo  el mundo vale ni quiere estudiar. Obligarle a hacerlo desvirtúa las opciones y recursos de quienes sí quieren hacerlo, iguala por debajo y hace poco competitivo a un país. Además se genera frustración entre los malos estudiantes, que bien podrían dedicarse a otros oficios bien necesarios si tuvieran el reconocimiento social del que ahora carecen: tener las mismas oportunidades y garantizar que nadie se quede fuera por razones de recursos es una cosa; ‘obligar’ a estudiar por falta de alternativas o convenciones sociales, otra bien distintas. En España sobran estudiantes y, treinta años después de la muerte de Franco, ya se puede y debe decir sin que nadie responda que sólo pueden estudiar los pudientes.

 

11- Sacar a Bolsa las Cajas de Ahorro. Que las mantengan los inversores. O que las absorban otros bancos. Cualquier cosa es mejor que soportarlas desde lo público, gestionarlas desde la política y desprofesionalizarlas para librarlas de las obligaciones que tiene cualquier empresa, sustituidas por la obligación debida al partido de cabecera de cada autonomía. No hay ninguna Caja que funcione bien, todas tienen pérdidas, todas han hecho inversiones ruinosas y la mayor parte renuncia o mitiga su función social en cuanto llegan adversidades. Caja Sur y Caja de Castilla-La Mancha, financiadora del ruinoso aeropuerto de Ciudad Real, son símbolos de un desastre generalizado que ya no puede soportarse: el de la subordinación de sus obligaciones bancarias a sus colores políticos, sean los de CiU en Cataluña, el ONV en Euskadi, o el PSOE y el PP en Madrid, Andalucía o Galicia.

 

12.- Reforma laboral y convenio colectivo. Es mejor que el Estado de Bienestar lo tutele, financie y garantice la Administración: delegar en las empresas es bienintencionado, pero tan fatuo como confiar la solidaridad al individuo o la ONG: mejor que figure en presupuestos y que no sea una opción personal, de la empresa o el ciudadano, sino una obligación del Estado. Por eso hay que facilitar a las empresas que contraten y despidan… y paguen impuestos para que la Administración redistribuya la riqueza pensando en las necesidades de todo el mundo: el sistema actual no defiende al parado de larga duración, no concede recursos al Estado para garantizar el futuro del sistema asistencial y de subsidios y no contenta a quienes crean empleo. El mercado laboral español no resiste la comparación con ninguno de Europa: si el paro aquí es el doble, alguien puede pensar que tenemos un problema legislativo. Y otro moral: un despido barato es mejor que un subsidio lamentable y caritativo, y sólo hay que preguntar a los parados sobre ello. En todo caso, la reforma no debe hacerse pensando en despedir, sino en contratar: menos modelos de contrato, más permeables a las jornadas reducidas, al teletrabajo y los objetivos, con un Estado quitándole el miedo a las empresas y recaudándoles lo que sea de justicia para poder sufragar los desperfectos del desempleo. Que cada uno se centre en lo suyo, en fin: lo mejor que pueden hacer las empresas es ganar dinero; entre otras cosas para que el Estado tenga recursos y no delegue en nadie sus obligaciones estructurales. Con todo, es más importante un cambio profundo en la negociación colectiva: en un mudo en cambio, plural, poliédrico y complejo no se puede encapsular las relaciones laborales en patrones fijos que simplemente bloquean al emprendedor y le invitan a no intentar casi nada.

 

13.- Nueva Ley de Suelo. Una cosa es que el tipo urbanístico, y otra el precio de mercado: legalmente no hay razón para que un suelo residencial cueste más que uno productivo, terciario o rústico. Controlar el mercado del suelo hubiera sido una manera muy práctica de frenar la burbuja inmobiliaria en un sector que, en contra del sainete que echa la culpa al ‘capitalismo salvaje’ (existente en el mercado financiero y bursátil, pero no aquí), está fuertemente controlado por el Estado: los bancos centrales controlan los tipos de interés y el funcionamiento de la banca privada; y las autonomías y los ayuntamientos los planes urbanísticos. Impedir que se repita la historia, gestionando a largo plazo las existencias de suelo y evitando la especulación, es factible: de paso se dará un golpe definitivo a la corrupción.

 

14.- Energía nuclear. No se puede estar a favor del Medio Ambiente pero en contra de cambiar el tipo de vida: la única alternativa al exceso energético es reducir drásticamente el consumo. Pero pocos están dispuestos a aceptar regulaciones en el uso del coche o a no enchufar la tele, el aire acondicionado, la nevera y la play al llegar a casa. Y aunque lo estuvieran, los países emergentes no se apuntarían: Occidente lleva 30 años contaminando el planeta para lograr prosperidad; ahora les toca a ellos. Tal vez algún día las nuevas tecnologías resuelvan la capa de ozono o el cambio climático, bombardeando la troposfera con un láser milagroso, pero mientras hay que apostar por una combinación de un mix de energías y una disminución del consumo. En el caso de España, la dependencia del petróleo o el gas exterior es absoluta y bloquea su crecimiento industrial y expectativas: sólo la energía nuclear, en una dosis determinada, conferiría al país una cierta autonomía en un ámbito estratégico clave. Pero sólo la demagogia lo impide: de poco vale cerrar centrales nucleares si se compra en media Europa energía atómica a mayor precio y además se contrae la obligación de recuperar los inquietantes desechos para enterrarlos en cementerios domésticos.

 

 

15. Edad de jubilación. Simplemente, debería desaparecer la obligación de jubilarse mientras a uno le den trabajo y quiera asumirlo. Lo razonable es que haya una edad en la que pueda dejarse de trabajar para empezar a recibir la pensión, y que ésta sea acorde con las expectativas vitales: los 67 años es un inevitable punto de partida, aunque no guste. Las pensiones no vienen de una hucha ni de una cuenta corriente, sino del flujo mensual de cotizantes: con mucho paro, poca población activa, prejubilaciones vergonzosas y jubilaciones forzadas; no salen las cuentas y se produce un desequilibrio que sólo compensarán quienes se hayan hecho un plan privado. ¿Pero y los que no pueden? El sistema de pensiones depende, casi en exclusiva, del vigor de la población activa: si no se genera empleo, a futuro no habrá manera de pagarlas, sin más.

 

 

16.- Infraestructuras. En España se han invertido billones de pesetas en infraestructuras provinciales, pero no se puede volar directamente a Shangai ni se dispone de un gran puerto que conecte a Europa con Asia y América. Con esas dos infraestructuras, más una sólida red ferroviaria de alta velocidad, el país viviría de la logística por su localización geográfica en el centro entre tres continentes. Hay un aeropuerto en Ciudad Real sin aviones, otro en Valladolid y así en cada pequeña capital de provincia: ocurre como con las Universidades, que todos quieren tener una aunque no sirva de gran cosa y detraiga recursos que bien invertidos hubieran generado riqueza y trabajo para todo el país. La suspensión de todas las inversiones anunciada por el ministro de Fomento, unos meses después de malgastar millonadas en poner pistas de pádel en pueblos sin agua caliente con un Plan E soviético que no ha frenado el paro, es la prueba del 9 de este triste fenómeno: hemos malgastado los años de bonanza en banquetes para caciques provinciales e indocumentados con birrete,  ahora que no llega la comida, echamos de menos las alternativas que garantizarían el suministro

 

Creo que esta lista puede engordar, y obviamente debe discutirse cómo se aplica: de un plumazo generaría un cataclismo; con un calendario razonable a corto, medio y largo plazo, revocaría el déficit y garantizaría la supervivencia del Estado de Bienestar. Pero hace falta, tanto o más que unas cuantas medidas quirúrgicas, un cambio de mentalidad: mientras la gente siga pensando que todo lo más no va poder irse de vacaciones este año, alimentada por una clase política que primero adopta y después maltrata al ciudadano, será imposible dar un paso en la dirección correcta. Tampoco es baladí la resistencia intelectual preponderante, abonada al chiste de Woody Allen en lugar de al diagnóstico del doctor House: con el primero te ríes, pero sólo con el segundo te salvas.

 

Nada de lo escrito es agradable, a nadie mínimamente alejado del perfil de Charles Manson le puede seducir causar daños temporales, todo el mundo está en contra de la muerte y, en fin, sería mucho mejor lograr el mismo resultado con un sacrificio infinitamente inferior. Pero como no hay manos invisibles salvadoras, tal vez haya que confiar en las de siempre, con tal de esquivar la designación de las Nanas de la cebolla de Miguel Hernández como nuevo himno nacional.

 

Posdata. Por supuesto, estoy totalmente en contra de la muerte.


Comentarios
uno de la muga
viernes 28 de mayo de 2010 a las 01:55 horas
Pater:
un gran placer leer tus textos.
Convengo contigo que la respuesta GURTEL GURTEL no dejó en buen lugar a los senadores del PSOE. Parecían muchachotes de primaria.
pater
viernes 28 de mayo de 2010 a las 00:39 horas
La irresponsable buitrera añil y los riesgos laborales de los idiomas.

Con los chuzos que caen para unos cuantos millones de menesterosos de trabajo no se puede hacer hoy en día más el gañan en una de las casas de todos. Lo ocurrido ayer en el Senado pieltoreño en la buitrera añil es para llorar. Tanta, tanta, dichosa erudición y seso, para acabar gregariamente graznando como vistosa y aérea formación circular de aves carroñeras. Lo dicho, la buitrera de la derecha en el Senado se lució en grado excelso, pidiendo a granznido pelado la dimisión del Presidente....¡¡¡ Zapatero dimisión, gruag!!! ¡¡¡Zapatero dimisión, gruag!!!, si no fuera por qué de ellos no espera uno ya nada se diría que fue espectacularmente bochornoso.

Por cierto, que a algunos pocos hooligans del socialismo intelectual, aquellos de la mesa con mantel, cristalería fina y tertulia televisiva lo de panfleteros les va un rato, no les sirvió con la salva aplauditiva de fusilería de rigor para agasajar al ofendido jefe de partida, tuvieron que desenfundar rámbicamente a base de fuego de mortero a discreción, nada menos que con la munición de calibre gürteliano.

No me extraña que el Presidente Rojo hiciese honor al color de su apellido y el traje en un momento dado se el quedase minúsculo, se le inundasen por momentos todos y cada uno de sus estomas y no viese el lugar por el que introducirse disimuladamente en el interior del planeta para dejar de ser visto. Lamentable.

Sus senadoras señorías en lugar de perder el tiempo queriéndose tanto y arreglar bien todo el País podrían dedicarse en cuerpo y alma al estudio filológico y aprendizaje de cada una de las distintas lenguas españolas, asunto para nada baladí que será lo más cool en la próxima temporada otoño- invierno en la erudita Cámara Elevada. La avispada Senadora Pajín se ha apresurado a reciclarse en idiomas, matriculándose del tirón la muy bruta, de las cuatro lenguas oficiales y de varios dialectos entre ellos; el castuo, el bable y la fabla.. Debido a su esfuerzo ímprobo en las pronunciaciones será la senadora más poliglota, hasta el caló, comentan las viperinas que habla ya a la perfección en petite comité. Seria bueno que todas sus señorías tomasen nota de su positiva actitud, y así poder ahorrarnos unos cuantos euricos en la traducción simultanea además de evitarles innecesarios riesgos laborales por ahorcamiento o electrocución accidental con el cable de los auriculares idiomáticos.

Bajando de Cámara y hoy mismo, la confirmación llegó, la derecha cerril española ha dado una vez más nuestras de su irresponsabilidad con el voto negativo dado al Decreto-ley presentado por el Gobierno, decreto que a ningún Presidente le hubiese gustado presentar y firmar jamás, se lo añadiremos en su debe a los patriotas de hojalata. En la mayoría de los países europeos medidas tan duras y parecidas a las nuestras están siendo aprobadas de forma consensuadas por sus gobiernos y oposiciones, aquí una vez más no. El Sr. Rajoy no se merece ser presidente de Gobierno.
pater
jueves 27 de mayo de 2010 a las 10:46 horas
Joer que ladrillaco me acabo de endosar gracias a su mérito. Hoy corto precisamente no le ha quedado el pensamiento, por otra parte, la materia elegida da sin lugar a dudas para el formato elegido; el enciclopédico. En fin.... y al grano que es lo que cubica....

Salidos fruto probablemente de un cierto hartazgo personal y del dolor de País, nos expone y lanza a los cuatro vientos una extensa alocución socio- económico- política o ideario compendio reflexivo de principios de actuación de mayor o menor urgencia en la aplicación de soluciones generalistas para intentar arreglar casi todo el País adelgazando el Estado , para que de ésta manera hasta en maracuyá, y claritamente, se enteren todos del su opinión. Pienso, que nadie que este desapeado de la burra, con un mínimo de inteligencia y de dolor real, subrayo lo de real, no de hojalata por Piel de Toro se opondría acérrimamente a lo dicho por usted, Sr. Naranjo. Por tanto, no será pater quien le quite razones, además y entre otras cosas, por qué a la mayoría de las cuestiones que plantea ya le dí opinión a lo largo de este último año y medio largo de intercambio de parrafadas, somos bastante coincidentes, no del todo - haría matizaciones en alguna cuestión puntual- como creo que ha quedado demostrado en algunas de las epístolas que intermitentemente le he ido tecleando más o menos chascarrilleadas en su blog.

Dice usted que sus medidas producirían un verdadero cataclismo, yo creo que no, creo que se ha quedado bastante pero bastante corto, iría servidor más lejos, y dispuestos ya a los cataclismos hagámoslo en serio, replanteémonos la validez de un sistema económico como el capitalista en su vertiente más neoliberal y desrregularizadora jugadora con el dinero ciencia ficción o de mentira, con los crecimientos económicos basados en la especulación y en los consumismos de recursos más desmedidos y que se ha demostrado a la larga un fiasco repartidor de miseria para los más y de pingües beneficios para los menos pero los de siempre. Conste en acta y para navegantes, que no tengo alma de comunista ni de hiena bolchevique. No sólo hay que reformar, como usted propone, para adecuar nuestras administraciones públicas o lo que es lo mismo el tamaño y dimensión del Estado a las necesidades reales del ciudadano, hay también que cambiar las coordenadas económicas y éticas generales en las que y por las que se mueve el Mundo. El cambio de las coordenadas, ese sí sería el verdadero cataclismo, terremoto, volcán con cenizas cegadoras o tsunami tipo muralla china el cual aún considero más necesario. Hay que apear a la gente, a toda la gente, de la burra de una vez.

Quizás, algún remoto día el sabio Planeta Tierra realice la más grande catarsis reformadora, esa a la que cegado de ambición acumuladora se opone permanentemente el ser humano más egoista.

PD. Estoy en contra de la muerte y también de la implantación de la eutanasia activa masiva de ancianos y enfermos para adelgazar los deficits públicos.
es duro
jueves 27 de mayo de 2010 a las 02:33 horas
lo que expresa el Sr. Naranjo en esta líneas, pero es real, tan real que por eso duele, nos apela, pero no por eso es menos verdad. Enhorabuena.
Algunas matizaciones serían deseables, pero el medio da sí lo que da. Por desgracia, lo que expresa la crónica es lo que tenemos. No podemos ignorar la situación actual, es terrible, pero nada es gratuito. ¿cada uno que aguante su vela?
Llevamos años de retraso con respecto a otros países europeos, en sistema productivo, sistema educativo y cultural, y en consecuencia en el fortalecimiento del Estado de Bienestar. La crisis financiera globalizada nos ha pillado con el carrito los helaos. ¿Qué pensábamos que el ladrillazo, clientelismo político y no político, el que "inventen otros", el arribismo, el “cómo va lo mío”, y la mentalidad clasista, nos iba a salir gratis? Enfrascados en una lucha, aún presente, entre el conservadurismo más reaccionario –que por cierto aflora cada día más- y el progresismo de “pose” que nos invade, no hemos sabido construir referentes válidos.
Quizás no se pueda entender, pero es lo que hay. De nuevo enhorabuena Sr. Naranjo.
Camarote
miércoles 26 de mayo de 2010 a las 18:53 horas
Y todo esto ¿no hubiese sido mejor plantearlo antes?, durante las vacas gordas, en lugar de engordarlas con halagos.
Ahora hay que controlar las cuentas de los parados y hemos dejado sin control durante años otras cuentas más sustanciosas.
Con lo bien que lo hacían en todas partes y hoy nos damos cuenta que les sobran consejeros, instituciones y no se que más.
Habrá que repartir gafas para ver con antelación...y dos huevos duros
Antonio R. Naranjo
miércoles 26 de mayo de 2010 a las 16:08 horas
Buenas tardes,

En algunos comentarios se refleja el drama de este país: si no se hace nada; nos va fatal. Y si se intenta, aunque sea doloroso, se entiende peor, como si todo se limitara a un inexistente deseo de fastidiar al prójimo. Qué le vamos a hacer Mari, y tantos otros: yo puedeo hacer el esfuerzo que sea para intentar explicarle lo que he dicho, pero no para cambiar su simplista traducción de lo que no he dicho. Usted cree que yo discuto el cobro del paro, cuando en realidad defiendo que no tenga límites ni plazos para quien lo necesite. Nada mujer, no se preocupe: usted no tiene cáncer. ¿Contenta? Sólo les diría a los enojados que piensen, durante unos segundos, cómo estamos y cómo están otros: lo mismo bajan de la inopia y se dan cuenta de que no hay peces con el culo seco. Un saludo y, créanme, sigo estando en contra de la muerte. Pero con eso no llega.
Al idiota que me llama nazi, qué decirle: casi mejor dejo su comentario, que se juzga solo.
Mari
miércoles 26 de mayo de 2010 a las 15:50 horas
Sr. Naranjo se nota que usted no ha estado parado nunca ¿verdad?
Los parados son personas que han producido y que si ahora no producen no es por ellos, es por los empresarios abusivos como usted, que no quieren dejar de ganar y mucho menos compartir. A los empresarios les debería usted dedicar un articulo como el que dedica a los parados. Nuestro Presidente el Sr. Zapatero según usted es un mentiros y no se cuantas cosas más, sabe lo que es usted además de un demagogo, un fantasma de derechas.
uno de la muga
miércoles 26 de mayo de 2010 a las 13:50 horas
un ejemplo de la ineficacia pasional son algunas intervenciones o "Zapatero dimisión" donde quedan patentes las ansiedades de las ambiciones de poder sin capacidad para conquistarlo de forma democrática.
Zapatero ha de completar su legislatura. Para eso fue elegido en las urnas. Mejor que un pataleo en el senado es una moción de censura. El comportamiento del PP es inaceptable por lo que supone una falta de respeto a la democracia y al pueblo.
Aclaro que no pertenezco ni perteneceré a ningún partido. Mi voto siempre ha sido reflexivo, me fijo más en los programas que en las siglas de partido.
Fernando Sánchez de la Hera
miércoles 26 de mayo de 2010 a las 07:18 horas
Viendo algunos comentarios, no es de extrañar lo que nos está pasando. Con esta calaña que anda suelta en las calles y en los foros -óscar y cía, ¿sabéis leer por lo menos?-, tiene mucha lógica que los polícos nos traten como nos traten. Su artículo, señor Naranjo, me parece una reflexión valiente, realista y constructiva. Yo también estoy en contra de la muerte.... pero mientras ¿qué hacemos?
Un alcalaino de la calle nueva
martes 25 de mayo de 2010 a las 21:50 horas
Sebas tu no le conoces bien.Y hablando de todo un poco aparte de los parados si alos funcionarios les quitan un 5% CUANTO HABIA DE QUITARTE A TI.Por que te recuerdo que tu comes de los impuestos de los alcalainos osea del ayto de alcala.

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