En el año corto que Florentino Pérez lleva al frente de su segundo proyecto como presidente del Real Madrid el mercado del fútbol ha vivido las mayores conmociones que se recuerdan por la acción de un solo hombre. Tras un primer mandato en el que se distinguió por los fichajes galácticos, uno al menos cada año, y por levantar algún que otro título importante, ha llegado la segunda parte del mismo espectáculo, con un denominador común respecto a la anterior: Pérez representa la filosofía de quebrar la palabra dada y el compromiso firmado por deportistas e instituciones. En manos de este hombre, un contrato no vale nada. Es papel mojado, porque teniendo detrás una chequera voluminosa con la que comprar cualquier voluntad, teniendo a la espalda entidades bacarias que apoyen cualquier locura inadmisible en tiempos en que la beneficencia se convierte en el principal actor social, no hay nada que se interponga. Las grandes operaciones financieras realizadas en el verano de 2009, espectaculares desde el punto de vista comercial pero intranscendentes desde la óptica deportiva, se ven ahora superadas por el último rizo en un mundo futbolístico en el que creíamos haberlo visto todo. Este año ya no hay Ronaldos, ni Kakás ni Benzemás, superastros del deporte que no han garantizado los triunfos que Pérez quería comprar. Este año la mega estrella es... el entrenador.
La alucinación colectiva que el personaje está provocando en el planeta futbolístico no tiene parangón con nada de lo ocurrido hasta ahora dentro de sus fronteras. Platini, Beckenbauer, hasta el mismísimo Abramovic tan acostumbrado a tratar de pagar los títulos a base de talones, no esconden su sonrojo por la operación que va a culminar con el aterrizaje de un técnico en un equipo, teniendo contrato en vigor con otro. Eso es lo que, claramente, anunció el presidente del Real Madrid en su comparecencia del jueves: Mourinho es ya entrenador blanco, diga lo que diga el Inter. Su contrato firmado ante el notario lombardo de la capital milanesa no tiene validez para quien tiene el gran acierto de sortear, de la forma que sea, todos los obstáculos que se encuentra en el camino hacia la gloria. Alcorcón y Lyon son escollos que hay todavía que remontar, y pese a ello no se escuchó ni una sola vez la palabra fracaso en los labios de Pérez, ni de ninguno de los informadores que se lanzaron a preguntarle sobre su nueva obra maestra. Ser campeón el próximo año de todos los títulos en liza le va a permitir al portugués embolsarse diez millones de euros anuales. ¿Donde está el límite del esperpento?
Por el fondo ¿Qué hay detrás de los anuncios repetidos de bajadas de sueldo y supresión de coches oficiales? Nada. Imagen, y poco más. En una situación de la extrema gravedad que tiene la que España atraviesa, que los políticos se bajen un 15% el salario público que cobran o que vendan a los cuatro vientos sus viajes en metro en lugar de tomar el coche oficial es humo, envuelto en un precioso papel de regalo. El ahorro para las arcas públicas es imperceptible, y ningún español cuestiona que un dirigente político tenga un sueldo decente y un automóvil amplio y seguro para trasladarse. Se cuestionan otras cosas, menos propagandísticas y mucho más flagrantes.
Por la forma No hay nada como una rebelión con amenaza de dimisiones para que el Gobierno entre en razones. En las horas en que el pasado lunes estuvo en vigor la disposición del Decreto que prohibía a los Ayuntamientos endeudarse, cuaentan las malas lenguas que varios destacados regidores pasaron por el torno de la calle Ferraz para anunciar que rompían la baraja y al día siguiente desenmascararían a Zapatero y sus parches improvisados. No hizo falta. El martes por la mañana ese artículo de la nueva normativa era modificado en la fé de errores más escandalosa que recuerda nuestro país.
Se hablará de... Ya le han tomado la matrícula. No hay nada como discrepar de un Gobierno para que la maquinaria cercana al poder comience a cuestionarte. Eso es lo que le está ocurriendo al Gobernador del Banco de España, el antaño amigo socialista Miguel Angel Fernández Ordóñez, al que no se le perdona que siga pidiendo una reforma de la contratación para hacer más ágil el acceso al empleo. Esta semana ya le han obligado a retratarse con su sueldo, y lo próximo será mucho peor. Eso, meses después de que el líder de UGT en Madrid le mandara a su casa, pero de buenas maneras. |