ÓSCAR SÁEZ
Los sindicatos se quejan de que si no hicieran una huelga salvaje no se hablaría de ellos y nadie tomaría conciencia de su problema; una ‘justa’ reclamación que sin putear al personal pasaría de largo, como un breve en los periódicos, como los que ni siquiera salen por los millones de niños que mueren de hambre, el aumento de la cola del paro o la falta de créditos para lograr una hipoteca esclava. Por eso, porque quieren hacer ruido, yo les propongo, para no joder a los demás que están como ellos, acuciados para mantener un puesto de trabajo, ideacas originales para que la próxima vez no apetezca cagarse en sus santas y respetadas madres. ¿Quieren que se hable de ellos?, ¿que vaya la prensa? Tomen nota y quizás hasta los que no tienen trabajo sean comprensivos.
- Anuncien en cada parada la próxima persona (político) que les gustaría que estuviera desempleada: próxima parada… Esperanza Aguirre. Próxima (persona) parada… Zapatero, por ejemplo.
- Pongan la voz de Belén Esteban en lugar de la voz informatizada para anunciar la próxima parada. ‘Próxima parada Campanario... digo Campamento’. Al menos, tendría en sus puertas a la prensa del corazón. Si no les gusta la de la Esteban, Telecinco quiere resucitar hasta los famosos fallecidos. Tendrán voces dónde elegir.
- Aunque tendría que salir de ellos en días de huelga, deberían obligar a los políticos a ir en metro. Así, al menos, también sufrirían en sus maquilladas carnes la huelga y no llegarían a poner la primera y a veces última piedra de la penúltima promesa.
- Pinten los vagones para convertirlos en los ‘cagones' del metro, para que se pueda cagar uno como dios manda en los políticos que les quieren bajar el sueldo.
- Pongan a conducir los vagones del Metro a Zapatero o a Rajoy. Si conducen tan bien como conducen el país, el caos está garantizado y no hace falta quedar como los malos. Como dijo Al Capone, que parezca un accidente. Y si no a Sara Carbonero y se aseguran su huequito en portada en The Times.
Y hoy no habrá chiste para cerrar esta columna. No es porque quiera reducir un 5% el número de palabras, sino porque mis chistes suelen ser muy malos y la huelga ya tiene la suficiente poca gracia.
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