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PEDRO P. HINOJOS
La Obra Social de Caja Madrid tiene entre sus planes cerrar uno de cada cuatro de sus centros de mayores y de bibliotecas repartidos por toda la geografía nacional, aunque la mayoría se ubican en la Comunidad de Madrid. En algunos de los centros afectados los usuarios han comenzado a recoger firmas para pedir que no se materialice un cierre más bien antisocial. Alcalá se salva de momento de estos tijeretazos obligados, dicen desde la entidad del oso y el madroño, por la crisis. Aunque cualquiera que conozca la biblioteca de la histórica sede de la Caja en la calle Libreros se solidarizará de inmediato con los afectados por tan inesperado recorte y la enorme pérdida que representa.
Tan abrumadora es la oferta de libros y películas que atesora, aprovechando además los fondos generales que posee toda la red, y los servicios de animación y formación que desarrolla a lo largo del año; como la atención profesional y exquisita que ofrece su amable personal. Desde los niños que se foguean en los talleres infantiles, hasta los mayores que acuden a leer la prensa, pasando por los estudiantes clavados ante sus apuntes, los integrantes de los clubes de lectura, los internautas sin ordenador en casa y, por supuesto, los lectores a la caza de títulos; son cientos los alcalaínos que pasan las horas y los días en la biblioteca. Cerrar un lugar así es, en conclusión, una desgracia y una injusticia.
Virgilio Zapatero, vecino de esta biblioteca hasta el pasado otoño, cuando optó por el sacrificio precipitado de su despacho de rector en la Cisneriana para convertirse en consejero de Caja Madrid, comprenderá el daño que supone una poda semejante en la Obra Social. Hombre de letras y pedagogía, como demostró regalando a los alumnos cisnerianos libritos por Reyes; paladín de la austeridad y de la buena gestión pública; y perceptor de un sueldo mareante como miembro de un consejo de riñones que no pasarán frío jamás; seguro que se dolerá y convencerá a sus colegas para que la tijera tome otras direcciones que no sean inevitablemente las de la Obra Social. Virgilio, en ti confiamos aunque sea a la fuerza. Como en un banco. |