Resulta prácticamente imposible que el PSOE recupere algún día el control de la Comunidad de Madrid si ni siquiera está claro para el propio partido que su líder autonómico, al que impulsó y a quien aún no puede reprochársele ninguna derrota en las urnas, merece serlo. ¿Cómo van a confiar los ciudadanos en una persona que, para sus jefes, no merece estar donde paradójicamente les pusieron ellos?
La situación de Tomás Gómez es, a efectos electorales, insostenible: no ha sido proclamado candidato nunca, aunque se ha presentado como tal a todas horas, y en sí mismo eso es suficiente para echarle a los pies de los caballos. Porque si al final se mide con Esperanza Aguirre, casi todo el mundo entenderá que lo hace a regañadientes de la cúpula nacional de su partido, en la idea de que, puestos a perder, para qué andarse con follones antes de tiempo: una vez consumada la nueva victoria del PP, como pronostican todos los sondeos conocidos menos los secretos del propio Gómez, ya habría tiempo de proceder al relevo.
Una parte de las penalidades del ex alcalde de Parla han sido fruto de sus errores, empezando por su génesis como relevo de Simancas: si él llegó por decisión personal de Zapatero, aunque luego fuera refrendado en un Congreso con más miedo a la represalia que entusiasmo hacia el ungido, ¿no debería entender mejor que nadie que ahora prefiriera a otro?
Que el secretario general del PSM sólo se haya enfrentado a Ferraz para defender su futuro, en lugar de como hacen sus colegas del PSC para defender su idea de Cataluña por encima de todo, también le deja en mal lugar: ha tenido mil oportunidades de demostrar cuáles eran sus prioridades –la cacareada pero objetiva asfixia de Madrid; la innombrable actitud de Magdalena Álvarez; la galopante falta de inversiones y el agravio sostenido hacia una región por el color de su Gobierno– y siempre ha optado por su partido. Hasta ahora. Lo único que le ha hecho saltar es la posibilidad de que pongan a otro en su lugar.
Pero el remedio es peor que la enfermedad. Errores aparte, es impresentable que Zapatero o quien sea vuelva a tratar el PSM como su cortijo y decida, tras una miríada de experiencias funestas, poner a quien su olfato le diga y no a quien los militantes decidan. Gómez se ha ganado la candidatura, en fin: sea para ganar, que no parece probable, o para saldar la factura personalmente, garantizando al menos que el PSM pueda decidir su futuro al día siguiente sin imposiciones ni caprichos. |