ÓSCAR SÁEZ
Si los partidos se movieran al mismo ritmo que los ciudadanos y tuvieran las mismas inquietudes y dificultades, se limitarían a intentar resolver sus problemas, los de los españoles digo. Pero no, sólo quieren resolver ‘sus’ problemas, los de ellos, los de los políticos, claro. Lo único que les interesa es mantener el poder, ya sea en La Moncloa, en el partido, en una agrupación o como presidente de la vecindad.
Si el PP y el PSOE fueran normales, campechanos como el Rey, Rajoy no sería a estas alturas el candidato después de perder dos elecciones, ni Zapatero optaría a un tercer mandato después de fallarse a sí mismo. Si los políticos siguieran la lógica de los ciudadanos de a pie, si salieran de su coche oficial y no se rodearan de una cohorte de palmeros, Tomás Gómez sería el candidato a la Comunidad. Se apostó por él hace tres años para pelear contra Esperanza Aguirre como una cara nueva, como el alcalde más votado de España, y lo normal, pues, es que se midiera a la ‘lideresa’ en unas elecciones, y no apartarle ahora porque no da la talla en las encuestas, como si ahora mismo algún socialista la diera. No obstante, bien es cierto que lo normal es que compitan los mejores con las mejores soluciones. Y puede ser que alguien piense que el mejor no es Tomás Gómez, sino Rubalcaba. O Jiménez. O Bono. Pues bien, que lo presenten y compitan sería lo esperado, pero es mejor empozoñar aunque sea fuego amigo. Que la militancia elija, igual que luego los eligen los ciudadanos en las urnas.
Ya sé que lo digo no es nada nuevo, pero de vez en cuando es bueno poner los pensamientos negro sobre blanco; sobre todo cada vez que nuestros políticos, tan preocupados por nuestros problemas, nos invocan, nos mientan (de mentar, no de mentir), se ponen en nuestro pellejo, se erigen en nuestros salvadores, hablan de democracia, de la constitución elegida por el pueblo, de representarnos, cuando sólo están preocupados en confrontar, en crear división que toquen la epidermis para crear bandos y asegurarse ‘sus’ votos, lo hagan bien o mal. Ahora la memoria histórica, luego el estatut, más tarde ETA, ahora los toros, después el aborto.
También es cierto que lo normal es que los ciudadanos les mandáramos a freír espárragos. Pero es tan cómodo votar sólo cada cuatro años... |