Ave, César
por Antonio R. Naranjo

LUNES 30 DE AGOSTO DE 2010 A LAS 13:17 HORAS
Opinión > Política
 
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Nadie en su sano juicio discute la falta de democracia interna en los partidos políticos; la subordinación del mérito y la capacidad a la servidumbre; la acumulación de poder por unos pocos con alma de cortijo; la anulación del debate y su sustitución por el seguidismo más atroz y, como remate de todo ello, la profesionalización de un empeño necesariamente vocacional.

 

El militante con aspiraciones de hoy es una especie de pretoriano sordomudo del César que intenta vivir de su carné desde muy temprana edad hasta muy tardía jubilación, y sabe, sin haber leído a Darwin, que la supervivencia de cualquier animal pasa por la correcta adapatación al medio: levantar el brazo a tiempo, inclinar la cabeza al paso del palio y cacarear el eslogan de turno renunciando voluntariamente a activar la conexión entre la electricidad de la neurona y la riqueza del riego sanguíneo es suficiente, por lo general, para garantizarse una larga carrera en el establo elegido.

 

Por eso los mejores no militan, agudizándose con ello un problema sonrojante: quienes tienen reconocida la potestad constitucional de representar al ciudadano y tutelar la democracia son incapaces, paradójicamente, de ejercerla con decoro en sus propias organizaciones, convertidas en sectas ovinas inequívocamente inspiradas en la ínclita novela de Orwell.

 

 

 

La resistencia a imponer, reconocer  o renovar las listas abiertas, los diputados comarcales, la Ley Electoral, las Primarias, los censos activos de simpatizantes, la financiación transparente y tantos otros mecanismos elementales de apertura real de los partidos se está llevando por delante su imagen, su credibilidad y su asentamiento en el credo democrático de una generación inmensa de jóvenes que, simplemente, no creen en ello: la combinación de este escepticismo endémico con una crisis transversal y duradera promete, a medio plazo, una crisis intensa de la propia democracia en el sentido clásico y sugiere, sin necesidad de incurrir en el apocalipsis, una tensión social incipiente. De la que ya mismo empiezan a sacar partido, en media Europa, formaciones y movimientos que beben en ese desapego, lo mezclan con la demagogia y lo transforman en ese viejo conocido del Continente que es el fascismo populista.

 

Las Primarias del PSOE podrían ser un antídoto, siquiera testimonial, de la lúgubre fotografía de la política patria, pero en realidad están siendo su confirmación. El espectáculo que ofrece un Tomás Gómez capaz de decir o sugerir maldades de una ministra y un presidente de su propio partido al que antes cobijó en todo y para todo con tal de ganarse un sillón, sólo es igualado por el espectáculo que ofrecen sus rivales para evitar su candidatura: entre la rebelión egoísta, sustentada en la imposibilidad de encontrar acomodo laboral a los cientos de personas que necesitan de Gómez en el machito (hasta 3.000 cargos públicos dependen del PSM); y el asalto caciquil de Trinidad Jiménez vía Zapatero; queda la sensación de que la democracia interna es sólo un arma arrojadiza a utilizar cuando el apaño de siempre falla.

 

Que Tomás Gómez se presente como muro de contención al Zapatero que ha apoyado en todo, con un silencio cómplice en casos tan flagrantes como el atropello a la Comunidad de Madrid (los cero euros en inversión nueva en ocho años son un hecho; tanto como que la inversión per cápita en Madrid es la mitad que en Cataluña y Andalucía) o la impresentable gestión de la crisis, provoca un sonrojo integral.

 

Que Trinidad Jiménez, la chica de los recados bien pagados de su patrón, pretenda erigirse en la gran esperanza de una política autónomica que abandonó y afirme sin temblar que ha decidido presentarse sin instrucciones ni padrinazgos de nadie, produce intensos sarpullidos.

 

En la línea de esa Comunidad Valenciana que sigue aplaudiendo a Camps pese a tener el traje perdido de bigotes, o en la de un Rajoy que llegó donde llegó ungido digitalmente por el Tiberio que precedió al actual Augusto; las Primarias del PSM son el clímax de la degradación y el oportunismo instalados en la política española.

 

Porque si alguien creyera de verdad en los partidos, en los militantes y en los seguidores, a derecha e izquierda; si alguien creyera sinceramente en la necesidad de abrirlos,  desrratizarlos y perderlos un poco para que los ganemos todos mucho... ¿cómo es que no existe aún ni una mísera propuesta de ley para imponer a todos, sin excepción ni condiciones, un corpus legal que les obligue de verdad a someterse a la democracia de la que viven?


Comentarios
ANTONIO M.
miércoles 1 de septiembre de 2010 a las 13:05 horas
Buenos días gente, tras las duras vacaciones veraniegas, y salvo algún paréntesis, ya estamos por aquí, saludos a todos.
Todo esto es complicado, ya sabe amigo de la muga, que normalmente, después de un reposo llego con muchas preguntas.
Desde luego nuestros políticos dejan mucho que desear, unos pecan de egocentrismo y de intentar enriquecer a sí mismos y a los suyos, quizás esto se solucionaría junto a otras medidas con la sustitución de tantos y tantos órganos de confianza por profesionales independientes y situados allí por méritos propios y con una continuidad no marcada por el jefe de turno. Hay políticos que confunden la casa de todos con la suya propia.
Junto a este egocentrismo se une lo enfarragoso del sistema, el buscar siempre "el que a mí no me salpique", "el buscar siempre antes que lo mejor el que quede claro que yo no me lo llevo" y desde luego el sistema está lleno de travas que hacen que el éste se atranque, no sea funcional y al final, encima, el que se lo quiere llevar se lo lleva.
Mientras se confunda el mando con el poder y con nuestro ombligo la lucha por el poder allí donde exista, será dura.
Esperemos Sr. Naranjo que haga caso a Pater.
uno de la muga
martes 31 de agosto de 2010 a las 22:35 horas
sr. Antonio R. Naranjo:
Un placer la lectura.
Opino que aún nos queda mucho camino por recorrer para que la democracia se instale en la sociedad. Vivimos entre oligarquías variables, con distintos signos políticos, pero mismos comportamientos ante la carrera por el poder.
¿Cuándo entrará aire fresco? habrá que esperar al invierno. Al frío invierno.
pater
martes 31 de agosto de 2010 a las 11:14 horas
Sr. Naranjo, sobre la mayoría de ideas que aporta en su excelente post ya le he dado mi opinión a lo largo de mis últimos ladrillos de agosto a los que me remito e imagino leyó. Siendo su opinión y la mía, a pesar de nuestras otras diferencias, ambas básicamente coincidentes en lo referente a la ausencia de una democracia real, de práctica diaria y obligatoria en los partidos políticos que no sólo debiera darse por imperativo constitucional sino practicarse como un deber sin más paliativos por aquellos que a diario se les hincha la boca hablando de democracia y de su defensa.

Por lo visto el sentido común aplicado al análisis y a la crítica debe de ser ciertamente acromático. Digo.

Por cierto, le observo últimamente un poco desapegado del barro, espero que se cure pronto y siga deleitándonos. Un afectuoso saludo.
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