Los libros en las estanterías de Liberarte están tristes. Y seguramente por la noche, tiemblan de frío y de desilusión, pero a la mañana, cuando se abre la puerta a la espera de nuevos lectores, dejan atrás los temblores nocturnos para intentar mostrar su mejor cara. Sin conseguirlo. En sus lomos, en sus portadas, en sus cientos de páginas se respira la tristeza, una capa nueva que los vuelve únicos.
Y ahí están, a la espera de una mano lectora que los elija entre tantos otros libros, que les arranque de su horizonte de madera para adentrarse en nuevos espacios: en un bolso, en una mochila, en una bolsa de plástico, en una mano, en una nueva estantería rodeado de otros libros, algunos de ellos leídos, otros esperando el placer de recordar cómo un día alguien pasó sus manos por sus hojas, página a página; cómo alguien dejó en ellos impregnados su sonrisa, su sorpresa, su tristeza, sus anhelos. Y ahí están tristes los cientos de libros en la liquidación de la librería Liberarte, en la Plaza de los Irlandeses.
Y tristes también estamos los que amamos los libros al recibir la noticia del cierre de una librería. Y más en Alcalá, donde son tan necesarias.
Liberarte, como le gustaba decir a Mar, era “tu espacio de cultura”, ya que junto a los libros, a los discos, se había conseguido crear un ambiente, un espacio propicio para la cultura, para dejarse caer por allí y ver libros y conversar, coincidir con amigos y ver libros, comprar y dejarse llevar por el ronroneo de las charlas, de los comentarios… un lugar adecuado para el diálogo y la amistad.
Liberarte no es una librería de profesionales del libro que ven en ese objeto un simple negocio; hay algo más, y así uno lo podía comprobar en el mimo de la elección de las estanterías, de la decoración, en cómo se iban dejando, como si tal cosa, las novedades por las mesas, e incluso en la forma de disponer los libros, más allá de las etiquetas habituales de contenidos: así, en la sección “ñ” se encontraban los autores españoles e hispanoamericanos, mientras que en la “n” se podían encontrar los extranjeros; de la alfa a la omega, los clásicos y “Querido Cervantes/Will Power”, todo sobre los dos grandes autores como fueron Cervantes y Shakespeare… sin olvidar “el maestro” (Pedagogía, magisterio, docencia”, “Babel” (literatura en distintos idiomas), “El rincón del autor” (creaciones independientes), etc. etc. etc.
No se puede decir que haya sido un asiduo de Liberarte (y ahora lo lamento más que nunca), pero sí que he vivido allí algunos momentos inolvidables, como el recital que nos regaló Francisco José Martínez Morán, justo cuando ganó el prestigio premio de poesía Hiperión.
Liberarte era capaz de crear un universo de su espacio, un univero en expansión. Las sillas alrededor del poeta (con el fondo de una más que interesante colección de libros de niños), y el resto de pie, apoyados sobre algunas estantería, escuchando los versos de Francisco, sus explicaciones, ese devenir entre sus experiencias y sus lecturas, que quizás sean la misma cosa. Y los versos parecían rebotar en los lomos de los libros y multiplicarse, llenarse de ecos de otras lecturas, de otras voces, de otros libros. Algo único. Algo inolvidable.
Me imagino lo que le habrá costado a Mar y a todas las personas que han puesto su fe en este proyecto tomar la decisión de cerrar la puerta de la ilusión abierta ya hace unos años. Me imagino las dudas de los últimos meses y la ley férrea de los números y del color rojo. Pero, como bien me dice Mar, parafraseando a Borges, “prefiero un me he equivocado a un no le he hecho”.
Y el sueño se cumplió. Un sueño que ahora cierra las puertas, que ha puesto en liquidación los libros que aún permanecen en sus estanterías, libros infantiles (magníficos todos ellos), libros clásicos y novedades de algunos de los autores más significativos de nuestra literatura o la oferta del Quijote de Segrelles… libros que esperan nuevos lectores, nuevos compradores en este sueño hecho realidad que en los próximos meses echará su cierre en la Plaza de los Irlandeses. Pero sueño cumplido. Sueño que muchos de nosotros nunca olvidará. |