La victoria de Tomás Gómez en las Primarias es una buena noticia personal, pero es difícil de creer que lo sea también para el PSOE: él será el candidato electoral, como había querido desde el primer momento; pero a costa de dejar más maltrecha aún la autoridad de Zapatero, de dejar partido el PSM y de haber desatado una guerra sin cuartel entre la organización regional y la federal que, lejos de terminar con este proceso, parece haber vivido sólo el primer asalto.
Al final es verdad que el gran aval de Gómez, como dijo Rubalcaba mezclando el análisis con la advertencia, es haberse opuesto al líder máximo del partido, pero esa certeza tiene dos consecuencias inquietantes para el ya aspirante oficial y para el conjunto de su partido. Una de carácter electoral: puestos a buscar una oposición a Zapatero, es probable que los madrileños prefieran la genuina, encarnada por el PP, y no una sucedánea que se ha activado para defender un puesto personal pero se callaba, por ejemplo, a la hora de denunciar el objetivo agravio del Gobierno de España hacia la Comunidad de Madrid en inversiones totales y per cápita.
Gómez le dijo ‘no’ a Zapatero para no frustrar sus intereses individuales; pero amparó a Magdalena Álvarez, consintió el insólito recurso al Constitucional para paralizar la M-50 o calló ante la espectacular merma de inversiones cuando los damnificados por los caprichos y el sectarismo del presidente eran los ciudadanos a los que, paradójicamente, dice querer representar.
Y la otra es de índole interna. La coincidencia entre su victoria y el desplome del zapaterismo le convierte en un enemigo a batir: no es exagerado pensar que el PSOE empieza a estar más pendiente de gestionar el reparto de poder interno que de conservar el institucional, y en ese sentido no le viene nada bien que el ahora candidato sea mañana presidente regional. En otras palabras, Gómez no va a tener nada sencillo contar con el apoyo del cuartel general del PSOE; y es posible que tampoco lo reciba de casi la mitad de su propia federación: los que han votado a Trinidad Jiménez, tantos de ellos alcaldes, van a tener muy pocas ganas de respaldar al ex alcalde de Parla y bastante interés en que pierda con Esperanza Aguirre.
Estamos, en fin, ante una meritoria victoria pírrica de un hombre cuyo principal mérito para darse a conocer ante la opinión público es haber quebrado a su partido en Madrid y contribuir a debilitarlo en el conjunto de España. Que lo haya hecho en respuesta a un absurdo y caciquil capricho de Moncloa y Ferraz legitima sin duda el pulso de Gómez, pero no le salva de los efectos ni le consolida, precisamente, como una alternativa a nada.
En el ámbito complutense, la derrota de la ministra de Sanidad deja las cosas como estaban: un partido unido con una bicefalia orgánica e institucional que, de haber perdido Gómez, presagiaba tormentas a medio plazo. En este contexto, la estabilidad parece garantizada. |