Ya sé que no soy muy original, glosando la figura de Vicente Del Bosque, pero me van a permitir mostrarles una visión diferente de este personaje que es una “persona”, también, de dimensiones mayúsculas.
Antes, les confesaré que mi primera experiencia de “fuego real” en el periodismo deportivo fue la narración de un partido de fútbol para la televisión local de Alcalá de Henares (Televico) entre mi Real Sociedad Deportiva Alcalá y la Unión Deportiva Salamanca.
Se pueden hacer una idea, por lo tanto, del cariño que tengo a la “Unión” (que, además, aquella mañana perdió), y por extensión a la ciudad de Salamanca. Alcalá de Henares es mi ciudad, pero Salamanca es el lugar dónde tengo el orgullo de ser Profesor del Master de Comunicación Corporativa de la Universidad Pontificia de Salamanca. Por eso, entenderéis que hable de “MIS” Ciudades Universitarias.
Cuando el viernes pasado veía el partido de España frente a Lituania, en el Estadio de “El Helmántico”, me vinieron a la cabeza muchas sensaciones y recuerdos, personales y profesionales, y lógicamente, apareció Vicente Del Bosque.

Este salmantino es ese tipo de personas que hacen del sentido común un “arma de captación masiva” a la que nadie se puede resistir. Sí, un excelente ejemplo y un grandísimo entrenador con un palmarés excepcional -Campeón de Liga y Europa, en clubes, y Campeón del Mundo, con España-, al que todavía se le sigue definiendo, “sólo” como un gran gestor de grupos cuando es muchísimo más, por ejemplo, un fuera de serie interpretando los cambios que se producen a lo largo de un partido y que, en buena medida nos dieron el Mundial.
Por supuesto, yo le conocía de su época de jugador, pero cuando tuve la ocasión de hablar con él personalmente fue a través de Rafa Benítez. Vicente Del Bosque era el jefe de la cantera del Real Madrid y una revista japonesa me había pedido que le hiciera una entrevista. Los japoneses desembarcaron en Madrid a lo grande, con fotógrafos, productores, etc… Del Bosque nos atendió con paciencia infinita y con esa amabilidad propia de una persona absolutamente entrañable.

Cartel de EA sports
Después, he estado con él en muchas situaciones deportivas y sociales (conferencias, seminarios, etc…) y siempre se ha comportado como un auténtico caballero, sin un gramo de pose de “famoso” o peor aún, de “poderoso al que se adora”, tan habitual en otros, con mucho menos.
Recuerdo de manera muy especial, una situación que alaba la condición humana de este Campeón del Mundo. Yo le había contratado como imagen de un video juego y después de varias sesiones fotográficas y de televisión para tener material para la campaña en medios, fuimos a su casa a hacerle una última toma, en su salón. Por cierto, que no se me olvide. Semanas más tarde, la presentación oficial del videojuego fue en un hotel en el que estaba hospedado el Oporto que esa noche jugaba contra el Madrid, partido de Champions League… Y bajó a la sala, de incógnito, el que era entrenador de aquel equipo, José Mourinho!!!... como ha cambiado el cuento…
Bueno, a lo que iba, sobre Del Bosque y la anécdota en su casa: Por allí, estaba su hijo Álvaro, y Vicente, como siempre, se desvivió con nosotros y nos dedicó todo el tiempo necesario, con una sonrisa. Lo más curioso de todo, llegó cuando le comento que le mandaré “unos cuantos video juegos para que los use tu hijo”, Del Bosque me contesta: “Pues no sé si los querrá”. “¿Por qué?” –le pregunto yo- “¿no le gustan los videojuegos?”, prosigo, a lo que me contesta: “No, que va… ¡¡¡si le encantan!!!. Lo que pasa es que está cabreado conmigo y no quiere nada que le pueda dar yo”… Claro, llegados a ese punto, mi curiosidad me iba a obligar a preguntarle por qué, otra vez, cuando Vicente no me dio tiempo, y sonriendo, me aclaró todo: “Si, es que está muy enfadado conmigo porque, él, Álvaro, es muy de Casillas, y como puse a César de titular en la final de Glasgow, e Iker era suplente, lleva varios días sin hablarme”.
Os podéis imaginar el tono de cariño pero también simpático de todos los que asistimos a esta confesión. Álvaro, el hijo de Del Bosque tiene síndrome de Down. Siete años después, ha sido protagonista directo de las celebraciones de la Copa del Mundo, ya le ha perdonado a su padre, y por supuesto, Iker Casillas es titular indiscutible.
Vicente es fiel reflejo del trabajador callado y abnegado, lejos de los focos de la fama, que bien representa el estilo de vida de los salmantinos, y castellanos, en general.
Después del éxito de Sudáfrica le han llovido los elogios, el mejor que yo le quiero dedicar desde aquí es que tuve la suerte de disfrutarle hace muchos años, cuando no era tan mediático, y ahora, que es Campeón del Mundo y le acompaña la fama, es igual de “persona” que era antes.
Otro dato que lo confirma: ¿Cuántos sms habrá recibido Vicente Del Bosque felicitándole por el Mundial? ¿Cientos, miles…? Bueno, pues uno de ellos, era mío, apenas media hora después de hablerlo conseguido. ¿Sabéis una cosa? Me contestó con un cariñoso “Muchas gracias, Emilio. Un abrazo”. Nada de tirar de mensaje para todos, y enchufarlo a toda la agenda. Él contestó uno a uno, y demostró, una vez más, que los grandes lo son porque están pendientes de las pequeñas cosas, que no son tan pequeñas, ¿verdad?
EGC. 11.octubre.2010.
P.D. Un fuerte abrazo a los profesores de la “Ponti”, Miguel Ángel Hernández y Mercedes Ramos, ejemplos de talento académico y de actitud de vida ante las situaciones más difíciles. Gracias por dejarme disfrutar con vosotros de la experiencia de “formar al futuro del mundo”. |