China: Despertó el dragón
por Uno de la Muga

MIÉRCOLES 1 DE DICIEMBRE DE 2010 A LAS 22:31 HORAS
Opinión > Política
 
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Miguel Hernández (Orihuela 1910 – Alicante  1942)

 

El niño yuntero (fragmento)

“Carne de yugo, ha nacido 
más humillado que bello, 
con el cuello perseguido 
por el yugo para el cuello. 

Nace, como la herramienta, 
a los golpes destinado, 
de una tierra descontenta 
y un insastisfecho arado. 

Entre estiércol puro y vivo 
de vacas, trae a la vida 
un alma color de olivo 
vieja ya y encallecida. 

Empieza a sentir, y siente 
la vida como una guerra, 
y a dar fatigosamente 
en los huesos de la tierra.

…”

 

El mundo está globalizado y lo que ocurre al otro lado del planeta, a veces, tiene tanta o más repercusión que lo que suceda en el pueblo de al lado. En el siglo XIX y principios del XX un tal Bismark retaba al resto de los imperios a defender sus colonias, puesto que sólo eran dignos de aquellas a las que pudieran proteger eficazmente. Hoy en día el imperativo es otro, el trabajo sólo es digno si el producto resultante se puede vender en los precios del mercado, y todos los habitantes del globo preferimos comprar a buenos precios. Entre todos hemos alimentado al gran dragón, es China quien marca los precios al mercado de forma preferente y referente. Es la capacidad de trabajo, el espíritu de sacrificio de todo un pueblo quien nos está gritando al resto del mundo que si queremos competir, no nos queda otra que trabajar como chinos, por lo menos hasta que los chinos descubran los valores del ocio, el tiempo libre y exijan las mismas condiciones y calidad de vida que el común de los occidentales disfrutamos hoy en día.

 

Las comunicaciones han favorecido la globalización, globalizados, las grandes diferencias sociales del mundo han quedado al descubierto. Las injusticias claman a toda la humanidad, el hambre, la precariedad, las enfermedades, las tiranías, las esclavitudes, las exhibiciones obscenas de riqueza, las ambiciones desmedidas… Todo ha quedado accesible a cualquier observador que desee mirar en su entorno, entiendo que nos rebelemos ante la posibilidad de tener que cantar otra vez a nuestros nietos el compasivo poema del niño yuntero para reflejar sus circunstancias vitales, es de desear que globalmente el mundo crezca y madure lo suficiente como para aceptar que lo primero es la vida, a poder ser de buena calidad y respeto para todos los seres tanto humanos como animales, como vegetales.

 

Resumiendo, hasta que los chinos no encuentren el gusto a trabajar como occidentales, los occidentales tendremos que aprender a trabajar como chinos.

 

Uno de la muga


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