Todo el mundo ha oído hablar en alguna ocasión de los conocidos como productos milagro. Ya saben: artículos que se comercializan con supuestas propiedades, ya sea para perder peso o incrementar el rendimiento sexual que, en realidad, no tienen ningún efecto más allá de la sugestión de quien lo toma. Según un reciente informe de la CECU, los españoles nos gastamos cada año más de 2.000 millones de euros en estos timos con forma de pastillas, cremas, ungüentos y artilugios varios.
De producto milagro podría calificarse también la famosa PowerBalance, esa pulsera que en los últimos meses han lucido en sus muñecas deportistas, actores, cantantes, famosos de diversa índole e incluso Leire Pajín, quien ha llegado hasta la cartera del ministerio de Sanidad pese a dejarse seducir por las falsas promesas de salud del fabricante de este timo de plástico. El fenómeno PowerBalance es uno de los últimos ejemplos de timoterapias que de cuando en cuando pululan por el mercado, abusando de la credulidad del personal, jugando con su salud y, de paso, haciéndoles un roto en el bolsillo. Pero no es el único caso. En parte porque practicar la timoterapia sale barato. A PowerBalance, que en su día fue denunciada por publicidad engañosa, le han impuesto una sanción de 15.000 euros por decir que la pulserita de marras tenía propiedades beneficiosas para la salud de quien pagaba los cuarenta y tantos euros que costaba. Con las cuentas en la mano, y teniendo en cuenta que se han vendido más de 300.000 unidades de este producto, PowerBalance ha pagado 15.000 euros después de haber ingresado más de 9 millones con su timo.
¿Cómo funcionan estas timoterapias? La fórmula parece clara: un fabricante crea un producto inocuo, por ejemplo una pulsera de látex. Le incorpora un elemento que le dé un carácter diferencial, como una pegatina con un holograma. Y a partir de ahí se lanza la idea de que ese elemento (el holograma) produce una reacción beneficiosa en el organismo. Pero, ¿pueden demostrar que realmente producen dichos efectos? “No lo hacen. No pueden porque lo que venden se cae por su propio peso cuando se somete al más mínimo estudio riguroso”, afirma el biólogo José María Hernández: “Lo que pasa es que las promesas de salud que hacen nos resultan apetecibles y terminamos creyéndolo. No entiendo por qué no actúa el filtro de la razón”.
¡Que vienen los imanes!
El furor de las pulseras holográficas parece haber tocado fondo. Pero eso no significa que lo hayan hecho las timoterapias de muñeca. Porque existen otros brazaletes que prometen fantásticos efectos terapéuticos y de mejora de la salud sin demostrar cómo funcionan realmente. Utilizan la misma fórmula que Power Balance, pero cambiando los hologramas por imanes. “El magnetismo tiene efectos en el cuerpo, como los escáneres por magnetismo nuclear a los que nos sometemos para efectuar diagnósticos médicos, pero pasar de ahí a que con una pulsera va a mejorar tu salud porque tiene imanes hay un mundo”, prosigue el profesor Hernández: “Decir que un campo magnético te reequilibra son invenciones. Los pocos experimentos que se han hecho sobre el tema no son coincidentes con lo que prometen”.
Hay marcas, como Vitaljoya, que utilizan el magnetismo como reclamo para seducir a incautos. Su mensaje dista poco del que proyectaban las Power Balance, entremezclando conceptos relacionados con la ciencia con otros más propios del misticismo espiritual. Así, mezclando imanes con infrarrojos y colocando un símbolo del ying y el yang, por aquello de que lo oriental está de moda y vende más, se lanzan a la caza del crédulo. Otros fabricantes, en cambio, directamente niegan que sus pulseras magnéticas ofrezcan promesas de salud: “Tenemos muy claro que vendemos un producto que no tiene una certificación médica real. Y que lejos de obrar milagros, actúa muchas veces en forma de placebo”, señala un portavoz de Noamagnetics, uno de los fabricantes de pulseras con imanes. Y es que el efecto placebo es lo más que se ha podido demostrar clínicamente. Pero no todas las marcas dicen lo mismo, y muchas de ellas insisten en que lo que venden tiene efectos beneficiosos para la salud, pese a que ningún estudio clínico lo acredita. “Utilizan cierto conocimiento científico, sobre cosas que no conocemos, y prometen cosas que no están demostradas”, prosigue Hernández. Veamos cómo es el asunto: la magnetoterapia parte de la base de que la hemoglobina es débilmente diamagnética, es decir, que contiene hierro y, por tanto, puede ser repelida por campos magnéticos. “Pero es que los imanes que se emplean son demasiado débiles como para tener un efecto mensurable. Es verdad que las unidades de hemoglobina están unidas por un puente de hierro, pero estos fabricantes no dicen qué es lo que hacen sus imanes. ¿Atraen el hierro de la hemoglobina? ¿Acaso va a ir toda la sangre a la muñeca donde tengamos la pulsera? No se explica el procedimiento, un proceso que no es real. Además, muchos de estos productos se venden diciendo que equilibran el campo magnético del cuerpo, cuando el cuerpo no tiene ningún campo magnético”.
Lo curioso es que las pulseras magnéticas no son una moda de nuevo cuño, sino algo que cíclicamente regresa al mercado, y siempre con el mismo resultado: ningún experimento clínico confirma que las propiedades terapéuticas con las que se anuncian funcionan de verdad. En 2002, el doctor Robert Bratton y sus colegas de la Clínica Mayo realizaron un estudio para medir los efectos de un popular brazalete magnético. Para ello, le entregaron a un grupo de 305 personas estos brazaletes, que debían llevar durante un período de 28 días. A otro grupo idéntico se le entregó una réplica del mismo artículo, aunque a todos los sujetos se les dijo que lo que llevaban era una pulsera magnética. Curiosamente los dos grupos, incluso el que portaba imitaciones, afirmaron haber sufrido menos molestias físicas mientras la llevaban. ¿Cómo es esto posible? La respuesta está en el efecto placebo, es decir, la falsa sensación de que algo inocuo funciona por el mero hecho de creer que funciona. En el caso de los imanes, este efecto se extiende más allá de la bisutería de muñeca. Se pueden encontrar en el mercado desde plantillas para los zapatos a cubrecolchones, pasando, cómo no, por la siempre efectiva promesa de una mejora de la salud sexual: ¡calzoncillos magnéticos! ¿Existe algún estudio científico que avale la efectividad de estos productos más allá del efecto placebo? La respuesta es, una vez más, negativa.
Más esperpéntico es el caso de las lámparas de sal del Himalaya, que supuestamente emiten iones que nos protegen de las radiaciones y campos electromagnéticos que generan los electrodomésticos que tenemos en casa. O el de la piramidología. Hay más timoterapias en el mercado de las que pensamos. ¿Cómo discernir los productos terapéuticos que funcionan realmente de los timos basados en el placebo?“ Si no tienes conocimientos de medicina avanzados, lo mejor es ir al médico y preguntar”, concluye Hernández.
Pero cabe la posibilidad de que el médico en cuestión sea prescriptor de homeopatía, una disciplina que no ha demostrado su efectividad en ensayos clínicos más allá del efecto placebo. De hecho la cadena británica de farmacias Boots confesó el año pasado que vende productos homeopáticos “porque son populares, no porque curen”. ¿Se trata de otra timoterapia? “La homeopatía es muy eficaz y segura, y no tiene efectos secundarios”, defiende María Dolores Tremiño, presidenta de la Sociedad Española de Medicina Homeopática. Para los detractores de esta práctica, la cuestión está en que tampoco se ha demostrado clínicamente que tenga efectos primarios. A pesar de ello, cada vez son más los médicos titulados que optan por recetar este tipo de productos. “Hay especialistas que han hecho formación de posgrado, y que son unos 2.000 en España”, prosigue Tremiño. “Puede que sea porque es una salida laboral y económica para ellos”, contrapone el doctor Víctor Javier Sanz, autor del libro La homeopatía ¡Vaya timo! “Además, aunque la ejerzan médicos titulados, la homeopatía no está considerada una asignatura de la carrera, y desde el punto de vista farmacológico no tiene indicaciones terapéuticas aprobadas”. Tampoco se ha demostrado su efectividad en ensayos clínicos más allá del efecto placebo. En 2005 la revista científica The Lancet llevó a cabo un estudio comparando 110 ensayos clínicos que utilizaban compuestos homeopáticos y otros derivados de la medicina convencional. La conclusión fue que los efectos de la homeopatía no se diferenciaban del placebo y no resultaban eficaces para curar enfermedades.
Agua con memoria
¿En qué consiste la homeopatía? Esta disciplina se basa en dos principios: el primero, que la misma sustancia que produce una enfermedad sirve para curarla. El segundo, que esta sustancia debe administrarse en dosis infinitesimales. Así, por ejemplo, en la elaboración de un compuesto homeopático se diluye una pequeña porción de principio activo en un litro de agua; se agita, se extrae una gota de la mezcla y se vuelve a diluir en otro litro de agua. Y así 15, 25, 30 ó 50 veces. “En la disolución final no queda ni una sola molécula del principio activo”, denuncia Víctor Javier Sanz. “Eso”, matiza Tremiño, “es porque la información de los principios activos no se transmite al agua a nivel químico, sino físico. Se trata de una información electromagnética”. Pero, nuevamente, no hay ensayo clínico que evidencie este proceso. Según explican los homeópatas, esta acción física tiene que ver con un curioso fenómeno denominado memoria del agua. Supuestamente el agua memoriza las propiedades de la sustancia que se le añade para reproducirlas en el organismo del paciente. “Pero es que el agua está en contacto con muchas sustancias a lo lago de su ciclo y además tiene residuos secos de sodio, potasio... ¿Cómo es que memoriza unas sustancias y otras no?”, se pregunta Sanz, para quien “el éxito de la homeopatía es más sociológico y psicológico que científico”. Si el agua donde se disuelve un componente para la elaboración de un medicamento homeopático memoriza la acción de éste, ¿cómo es que no memoriza también el cobre de las tuberías, o los residuos tóxicos y fecales que ‘toca’ en su ciclo de vida?
Hay otro elemento que juega en contra de la homeopatía. Uno de los productos homeopáticos más vendidos es el denominado Oscillococcinum, que se comercializa para combatir la gripe. Sin embargo, en su prospecto figura que 1 gramo de esta sustancia está compuesta por 0,85 gramos de sacarosa y 0,15 gramos de lactosa. ¿Dónde está entonces el principio activo? “No lo tiene. Las pastillas homeopáticas no tienen ningún efecto”, dice el periodista Óscar Menéndez, quien para denunciar este hecho llevó a cabo el pasado mes de octubre un ‘suicidio homeopático’. “Durante un programa de televisión me tomé en 45 minutos 36 pastillas de Sedatín, que es un sedante homeopático que tiene 1 billonésima parte de belladona, que es un veneno. Si fuera un medicamento con una acción real, habría necesitado queme llevaran al hospital. Pero ni siquiera me relajó”. ¿Qué hubiera pasado de ingerir 36 pastillas de un tranquilizante supervisado por la Agencia del Medicamento? “Lo mejor que me podría haber pasado es que acabara en la UCI”.
Nota: artículo ampliado a partir de otro publicado por el mismo autor en el diario elEconomista |