Felipe González está, estuvo o estará en Repsol. José María Aznar en Endesa. Manuel Marín en Iberdrola. Virgilio Zapatero en Cajamadrid. Eduardo Zaplana en Telefónica. Luis Atienza en Red Eléctrica. Rodolfo Martín Villa en Sogecable. Braulio Medel en Unicaja e Iberdrola. Javier de Paz en Telefónica y Mercasa. Pío Cananillas en Acciona. Rodrigo Rato en Cajamadrid. Narcís Serra en Caixa Catalunya. José Antonio Ardanza en Euskaltel. Rafael Arias Salgado en Carrefour. Joan Piqué en Vueling. Josu Jon Imaz en Petronor. Miguel Barroso en La Sexta.
En la lista, ampliable, hay ocho del PSOE, siete del PP y dos del PNV: parece existir una curiosa proporcionalidad entre las salidas profesionales y el peso parlamentario de las siglas de origen, aunque el carácter no canónico del listado impide otorgar la victoria a un partido o al otro. Digamos que, en esto, socialistas y populares se entienden bien y se hacen un poco menos la cama que, un suponer, en el irrelevante Tribunal Constitucional o en el liviano Congreso.
El dato crecería mucho si fuera fácil, o incluso posible, acceder a un listado único en el que aparecieran todos los nombres de todos los políticos, de cualquier color, época y ámbito administrativo, que participan hoy en consejos de Administración de grandes empresas: ahora es un trabajo de chinos, aunque no es difícil recordar a Isabel Tocino en el Banco de Santander, a Carlos Solchaga en Prisa.

Terminó la Navidad, pero la política mantiene su espíritu: puede parecer la película de Berlanga, pero es una campaña de solidaridad con los pobres
Aún sería más llamativo incorporar, en una tercera página, a familiares de primer grado, segundo, sanguíneo o emocional que han tenido la fortuna de ver reconocido su talento profesional en un espacio casualmente cercano al de su esforzado mentor.
Hay casos conocidos, como el de Carmen Romero o Ana Botella, y otros algo menos que obviamente, dirán, son mera casualidad: la esposa de Marín, el que regañaba a los diputados, dejó o deja huella en el Defensor del Pueblo, cuyo titular debió ver con paternales lágrimas en los ojos cómo alguno de sus vástagos acababa en la misma universidad donde andaba como rector el querido Virgilio Zapatero, promovido por ese Gregorio Peces Barba que sin duda no sabía que algún descendiente de su protegido esparcía conocimientos en la Carlos III propia.
El mundo es un pañuelo, pero ésa es otra historia digna de una Ariadna con tiempo libre y la injusta e innecesaria mala baba para no entender que las casualidades existen y los méritos propios también: todo es tan normal como ajeno a perversas lecturas su empadronamiento sistemático en lugares tan benévolos para la acuciante tosferina como la sierra madrileña o sus aledaños en Pozuelo, el Pardo y Majadahonda. O su sensibilidad para combatir las molestas patologías cutáneas con segundas residencias en destinos tan conocidos por su sal marítima yodada como la ría de Arosa, Tánger o el Cabo de Gata.
No perdamos el hilo con divagaciones y volvamos al principio, a los fríos hechos. Ninguno de ellos tuvo antes de su actividad política un puesto de enjundia en ninguna empresa. Tampoco fundaron una, siquiera un modesto comercio, y en la mayor parte de los casos toda su cotización se remite a su condición de cargo público.
Y un dato más, el relevante de verdad: todas las empresas citadas están íntimamente relacionadas, vigiladas, tuteladas y relacionadas con la política: banca, finanzas, comunicaciones y energía. Curiosamente, junto al ladrillo, las responsables de la crisis vigente, esa misma a la que estos mismos achacan al exceso de mercado libre sin pestañear.
Iba a escribir más, a añadir alguna crítica o a razonar por qué repugna esta demostración insólita de nepotismo, desvergüenza y caradura. Pero para qué: nunca nos fichará por 200.000 euros la misma empresa que a la vez nos sube el recibo con la ayuda de los aspirantes a entrar en su Consejo, pero todos sabemos que dos más dos siguen siendo cuatro.
Posdata, irresistible. Todo esto puede evolucionar. Basta con añadir al energético sueldo la permanencia en la política activa y la retribución como ex alto cargo, en el Consejo de Estado o como jarrón chino. Es lo que compran esas empresas, expertas todas en puentes. Y una más, ésta de nuevo casual: el yerno puede metamorfosear a empresario de éxito. Cerebros privilegiados, ya me entienden. |