Un mundo imperfecto
por Rafael Narbona

DOMINGO 30 DE ENERO DE 2011 A LAS 09:37 HORAS
Opinión > Política
 
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La escuela es un observatorio privilegiado. Escuchar a los alumnos es una forma de conocer la verdadera realidad, que raramente anida en un libro de texto y la verdad es que los chavales sólo sienten indiferencia o desprecio hacia la clase política. Sólo admiran a las figuras que ya gozan de la consideración de grandes mitos: Martin Luther King, Gandhi, Nelson Mandela y poco más. Si les preguntas por qué detestan a los políticos, te responderán cosas terribles: corrupción, ambición desmedida, hipocresía, complicidad con los poderes económicos.

 

Algunos contemplan la inminencia de su mayoría de edad como un hecho irrelevante. Por supuesto, no les hace ilusión la perspectiva de votar, pues consideran que apenas hay diferencias entre unos partidos y otros. Los partidos son grandes empresas que luchan por el poder, despreocupándose del bienestar de los ciudadanos. Las promesas electorales nunca se cumplen y los más débiles (desempleados, pensionistas, trabajadores, inmigrantes, mujeres o discapacitados) son maltratados con la misma saña por la derecha y la izquierda.

 

De hecho, no comprenden por qué se mantiene esos conceptos, pues la derecha y la izquierda coinciden en lo esencial y sólo discrepan en cuestiones como el matrimonio homosexual o los contenidos de la asignatura de Educación ético-cívica.

 

Siempre que hay una crisis, el ajuste económico se hace a costa de los asalariados y en política internacional todos los gobiernos intentan complacer a Estados Unidos, sin inquietarse por sus violaciones de los derechos humanos. Conviene recordar que Guantánamo no es la única cárcel que infringe todas las normas internacionales.

 

En la Escuela Aérea de Bagram (Afganistán), hay 6.300 detenidos. La Corte Suprema de Gran Bretaña denunció que existen evidencias de tortura y de tratos inhumanos y degradantes. En Guantánamo, sólo quedan unos 550 detenidos, pero en la escuela de Bagram no ha cesado de acoger a nuevos sospechosos de terrorismo. Naciones Unidas y Amnistía Internacional han solicitado que se permita visitar la prisión. Cruz Roja recibió autorización, pero sus conclusiones no se han hecho públicas, tal vez para no comprometer su neutralidad.

 

Estados Unidos no reconoce la jurisdicción de la Corte Penal Internacional y el Presidente Barack Obama, Premio Nobel de la Paz, ha autorizado los asesinatos selectivos de presuntos terroristas. Esto significa liquidar a un sospechoso sin ofrecerle ninguna oportunidad de presentar un alegato de defensa.

 

 

 

 

Las filtraciones de WikiLeaks, que han sacado a la luz la vergonzosa actuación del gobierno español para frenar las investigaciones judiciales sobre el caso Couso, no han revelado nada nuevo a mis alumnos. Presuponen que todos los gobiernos obran del mismo modo. La política es una charca inmunda, donde prevalece el arribismo y la falta de escrúpulos. Todo esto me parece muy grave. La política es (o debería ser) el espacio donde se resuelven los problemas mediante la negociación y el consenso.

 

En un país democrático, la política significa un “no” rotundo a la violencia, pero este principio sólo puede sostenerse mientras concurran la libertad, la honestidad y la transparencia. Hitler no hacía política. “¿Política? –comentaba despectivo-. Me repugna”. Si los jóvenes experimentan algo semejante, sólo cabe esperar un deterioro progresivo del sistema democrático que desembocará en la abstención y el populismo. Nos jugamos mucho y no deberíamos menospreciar este problema.

 

Los jóvenes deberían implicarse en la política, pero con responsabilidad y sin planteamientos radicales. No sería deseable que se reprodujera el clima de los años 70, cuando surgieron bandas terroristas (las Brigadas Rojas, la Baader-Meinhof, el Ejército Simbiótico de Liberación o el GRAPO), que anhelaban la destrucción del Estado. Las utopías que se defendieron entonces sólo lograron sembrar el caos y el sufrimiento, invitando a los gobiernos a combatir el terrorismo con terrorismo.

 

Se nos ocurren otros modelos que han mejorado la vida de todos: la lucha de las sufragistas por los derechos de las mujeres, la lucha por los derechos civiles de la población afroamericana en Estados Unidos, la revolución incruenta de los claveles en Portugal y -¿por qué no?- la transición democrática española.

 

La transición democrática no ha finalizado. Aún quedan pendientes muchas cuentas: las fosas clandestinas, las calles y plazas que conservan el nombre de militares golpistas, un relato objetivo de la guerra civil en los libros de texto, la convergencia de los derechos preceptivos y orientativos contemplados por el Título Primero de nuestra Constitución (la dignidad del ser humano exige garantías sobre la vivienda y el trabajo) y una cultura democrática que erradique para siempre el odio racial e ideológico.

 

Si los jóvenes no se ilusionan por la política, el futuro se parecerá a Pleasantville (1989), la excelente película de Gary Ross donde la sociedad era tan perfecta que había perdido su capacidad de pensar, protestar y discrepar. Un mundo perfecto en blanco y negro donde aparentemente no existen tensiones, pero que finalmente explotará, rindiéndose a los impulsos que cinco mil años de civilización nos han enseñado a reprimir.

 

 


Comentarios
uno de la muga
lunes 31 de enero de 2011 a las 17:46 horas
don Rafael:
Seguimos evolucionando; escritos como el suyo lo demuestran.
Es alentador ver que el pensamiento fluye.
Siempre viviremos en un "mundo" imperfecto. Por eso mismo, siempre habrá espacio para la evolución hacia la armonía y el respeto. Las generaciones venideras mejorarán el mundo, al corregir nuestros errores.
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