Los amigos llegan y se sientan. Han quedado desde hace varios meses; les han convocado al intercambio de sonrisas y de versos, y sus nombres permanecen impresos, tiritando de tinta y de sorpresa, en los programas de mano. Una mesa. Varias sillas. Un escenario que lo es. Un escenario que deja de serlo en la mágica transformación de las palabras, de los versos.
Un miércoles más, Alcalá se llena de poesía, el Corral de Comedias se convierte en una luz que todo lo irradia, en los círculos concéntricos de unas palabras que terminan por ser de aceite, palabras que todo lo inundan, versos que son capaces de llegar a las grietas más escondidas de nuestros recuerdos; versos, palabras que quedan en el aire como las notas finales de una sinfonía única, esa que solo la voz es capaz de arrebatar a la letra escrita. Poesía que en la voz encuentra su razón de ser.
En la voz de los poetas, en la voz de los lectores, en la voz de los amigos que se encuentran en un bar, que ya no es un escenario, una fría tarde del miércoles para escuchar, para disfrutar, para sorprenderse con la poesía de Beatriz Villacañas y de Luis García Montero en una nueva entrega de Poesía en el corral.
Es de noche y hace frío. Son las siete y media y fuera hace frío, esa capa de frío polar que ha decidido volver blancas nuestras esquinas y nuestros sombreros, el recuerdo que tenemos de un tiempo con sombreros. Hace frío, un frío de soledades, un frío sin palabras, un frío con desmanes y con silencios, un frío de ideas y de proyectos, un frío de alguna que otra idea y algún que otro proyecto que nos haga soñar con un futuro mejor, un frío de sonrisas y de diálogos.
Hace frío. Demasidado frío para seguir a la intemperie de las mezquindades que llenan de titulares los periódicos y de imágenes los telediarios. Un frío polar, un frío de silencios. Por eso nos reuniremos en el Corral de Comedias… nos reuniremos para poner voz a un manifiesto poético: “Devolver a las palabras / la verdad que alguna vez tuvieron. / Caiga / quien / caiga”. Para entender que la poesía, que la vida, lo es más, es realmente poesía y vida cuando podemos compartirla, cuando se convierte en ese lazo que nos une al amor, que nos une a la conciencia: “Ya sé que otros poetas / se visten de poeta, / van a las oficinas del silencio, / administran los bancos del fulgor, / calculan con esencias / los saldos de sus fondos interiores, / son antorcha de reyes y de dioses / o son lengua de infierno. / Será que tienen alma. / Yo me conformo con tenerte a ti / y con tener conciencia”. Un noche más, una nueva tarde en el corazón de Alcalá de Henares bombeando poesía, esos versos que marcan, línea a línea, el ritmo de una vida, de una identidad que a veces se nos pierde por los abismos del instante o por ese espejismo que son los compromisos diarios, esos que vamos desgranando día a día, sin la conciencia de que con ellos, como una margarita diabólica, vamos deshojando la vida, vamos dejándonos llevar sin saber a veces quiénes somos.
Por eso es bueno hacerse preguntas, por eso es bueno dudar: necesario diría. Dudar de todo y de todos. Dudar, por supuesto de uno mismo: “Solo, / como mi nombre, que es la nada. / Solo, innombrado y caído de tu mano en este cuerpo, / padre, tu nombre ahora es el mío, / aunque no lo queramos, / aunque ninguno de los dos / presintiera el abismo de los hielos. / Digo “padre”: ¿A qué dios me dirijo? / ¿A qué silencio?”.
Y solo con el tiempo, en este, a veces doloroso, camino de la conciencia y de la identidad, de este buscarse más allá de las apariencias, de este intentar comprender lo que hay detrás de muchos actos, que son huracán del segundo que ya hemos perdido, tormenta del instante que se nos escapa de las manos, y solo así podemos afirmar con afirmaciones y negar con algo más que con un movimiento de cabeza, y hacerlo con la seguridad de que podemos equivocarnos, que muchas veces nos equivocaremos, pero que también serán muchas las que demos en la diana de la razón cuando lancemos nuestros dardos que son palabras, que son versos: “La copa de cristal / que pusiste al revés sobre la mesa / guarda un tiempo de oro detenido. / Me basta con la vida para justificarme. / Y cuando me convoquen a declarar mis actos / aunque solo me escuche una silla vacía/ será firme mi voz. // No por lo que la muerte me prometa / sino por todo aquello que no podrá quitarme”.
Y somos lo que somos porque estamos donde estamos. Nos guste o no. Somos parte de una sociedad que nos demanda preguntas continuamente, una sociedad que somos nosotros mismos. Una sociedad que a veces dejamos irse, abandonarse porque nos faltan los recuerdos, porque preferimos una espalda que un enfrentamiento cuerpo a cuerpo, una sociedad que piensa que la memoria puede abrir heridas, cuando la única herida abierta, la única que no puede curarse, la única que sigue supurando reproches y odio es la falta de memoria, el haber querido olvidar lo que nunca se puede, lo que nunca se debe olvidar.
Somos democracia y somos sociedad. Somos parte y somos testigos. Somos, como todos, lo que también otros hicieron antes, las derrotas del ayer que podemos compartir, las victorias que tienen que ser las del presente, las que nos permitan soñar un mundo mejor: “Qué difícil la suerte / de los pueblos que viven protegidos / por la misericordia de un poema. / Qué difícil la última / soledad de Machado. / La luna llegar al mar, / el mar llega a Sevilla, / nosotros a un recuerdo / y a esta pálida, / desarmada, emoción / de compartir una derrota”.
Y somos porque estamos, y somos porque compartimos el mundo con quien amamos, por ese ser capaces de convertirnos en el otro con tan solo una mirada. “Ámame con caribes y panteras, / deja que Eros cumpla su destino, / ponle caña de azúcar al camino, / dale cuerpo al futuro que tú esperas”. Amor que bien se puede resumir en los siguientes versos: “No existe libertad que no conozca, / ni humillación o miedo / a los que no me haya doblegado. / Por eso sé de amor, / por eso no medito el cuerpo que te doy/ por eso cuido tanto las cosas que te digo”.
Y estos y muchos versos más, versos de Beatriz Villacañas y de Luis García Montero, se podrán escuchar hoy miércoles 2 de febrero en el Corral de Comedias dentro del ciclo “Poesía en el Corral”, el ciclo que nos pone, cada primer miércoles de mes, los versos en piel de gallina.
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