El Museo Reina Sofía acoge la muestra Desbordamiento de Val del Omar, una amplia retrospectiva sobre un pionero de nuestro cine.
José Val del Omar (1904-1982) fue un gran creador que supo unir arte y técnica. Investigador infatigable, el granadino dedicó su vida al conocimiento, que formula en su laboratorio PLAT, definiendo su concepto artístico: Picto-Lumínica-Audio-Táctil.
Val del Omar, contemporáneo de García Lorca, Josep Renau, María Zambrano y Luis Cernuda, quien le define como un “extraordinario artista de la cámara", mantuvo un compromiso total con la legalidad vigente. En mayo de 1931, el Gobierno de la República crea el Patronato de las Misiones Pedagógicas y este infatigable soñador se pone a disposición para ayudar en esta tarea, realizando una gira por numerosos pueblos de la Península en los que descubre la realidad, según manifiesta él mismo: “La gente quería escapar por la sábana luminosa donde proyectábamos" y añade: “las Misiones Pedagógicas de la República son las escuelas de los pobres".
Humilde, “fui un gran amateur" dice, entregó su vida con el único objetivo de utilizar sus descubrimientos al servicio del público, al que no consideraba estúpido. Marginado y aislado a propia voluntad, desarrolló técnicas como el “sonido diafónico".
En esta excelente antológica tenemos la oportunidad de visionar Tríptico elemental de España, su obra cumbre, aunque anteriormente había realizado 47 documentales, muchos de ellos perdidos. Esta trilogía esencial sobre nuestro país la componen, en primer lugar, A cariño galaico que se inicia con un sorprendente plano sobre una procesión en Galicia y que finaliza con un montaje posterior, en el que se incluyen los sonidos del 23-F. A continuación, Aguaespejo granadino, maravilloso y poético ensayo sobre el agua, “espejo de la vida", según Val del Omar. En dicha pieza este elemento marca el ritmo de la música, componiendo una coreografía excelente que evoca el amor por su tierra y así lo aclara: “Granada es el lugar de encuentro de la tierra con el agua". Y, finalmente, Fuego en Castilla, que obtiene una mención especial en el Festival de Cannes de 1961 y que es, según el cineasta, “un ensayo nocturno de visión táctil". Con el acompañamiento a la guitarra de Vicente Escudero, la cinta enseña la Semana Santa en rostros penetrados por efectos lumínicos que unen las luces de la ciudad con el cielo de la calma, que es el campo.
Solo por la posibilidad de contemplar estas obras esenciales, merece la pena adentrarse en el Edificio Sabatini de la planta tercera del Museo Reina Sofía. Este despliegue museístico deja constancia del merecido reconocimiento hacia un hombre fascinado por los elementos, que construye unos fragmentos experimentales barnizados por una óptica poética y luminosa. Un autor/inventor comprometido que, aún sufriendo la marginación, persiguió con inusitada pasión el acercamiento entre la técnica y el arte, y lo hizo, como él repetía a menudo, “jugando". Su inventiva quedará para los anales, en realidad, él acercó el cine a nuestro país y, como finalizaba muchos de sus trabajos, su inmensa creatividad no terminaba nunca. Sin Fin.
LA FICHA.
Fechas: Hasta el 28 de febrero. Lugar: Edificio Sabatini, Planta 3. Organización: Centro José Guerrero y Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Comisarios: Eugeni Bonet, comisario principal, y Javier Ortiz Echagüe, asistente de comisariado. |