La capilla de la Complutense
por Antonio R. Naranjo

MIÉRCOLES 23 DE MARZO DE 2011 A LAS 16:31 HORAS
Opinión > Política
 
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El sectarismo y la intolerancia, esos males tan españoles consistentes en sentirse en posesión de la verdad, con el derecho a imponerla y a negar cualquier otra alternativa, está bien presente en el episodio de abordaje en la capilla de la Universidad Complutense, por mucho que resulte tentador echarse algunas carcajadas al fabular con la imagen de esas sacerdotisas laicas exhibiendo sus protestantes pechos mientras el protestado oficiante, al borde del colapso, se preguntaba en qué página de la Rituale Romanum se explicaba cómo exorcizar a un demonio con tetas.

 

Cualquier ciudadano de bien, creyente y practicante, ateo o laico, musulmán o mediopensionista; es capaz -o debería serlo- de entender que ninguna postura legítima, ningún credo religioso o ideológico, justifica tan vistoso como infantiloide abuso. Y en un país intelectualmente solvente, los primeros que lo dirían serían, sin duda alguna, aquellos que defienden la separación absoluta y respetuosa de los espacios donde se desarrollan actividades públicas de aquellos otros donde se manifiestan convicciones privadas.

 

 

El Exorcista: que venga uno, experto en casos laicos, creyentes y ateos

 

Ser creyente no justifica la insumisión a una norma que, por ejemplo, desplace los crucifijos de las aulas en aplicación de esa vieja conquista de la civilización que separa Estado e Iglesia y explica en buena parte la superioridad democrática de Occidente frente a Oriente: la única manera de no convertir la escuela en un laboratorio de doctrinas es que entre ninguna para garantizar, una vez más, que allí sólo se inculquen aquellos valores netamente democráticos sin un carné ni una filación concreta.

 

Pero no serlo tampoco legitima el exceso, el abuso y la violencia mientras se desarrolla un derecho tan cuestionable, por otros métodos, cuanto perfectamente legal en estos momentos. Y respetable en general, pues otro rasgo del buen demócrata es aquel que le lleva a entender y defender, en primer lugar, aquello que no es suyo: especialmente cuando el otro, en este caso la Iglesia, tiene serias dificultades para practicar la muy cristiana empatía.

 

La laxitud ética es ésa que justifica los medios en la presunta autoridad de los fines, y este chusco sainete en la Complutense lo demuestra, como tantos otros en los que resulta acongojantemente previsible la actitud y la respuesta de los agentes sociales, mediáticos, políticos y culturales: primero miran quién ha dicho o hecho qué; y luego valoran de una manera ovinamente positiva o agresivamente negativa las mismas guerras, los mismos abusos, las mismas reformas.

 

Me temo que, en el fondo de esta polémica, indiciaria del nivel de los debates en España y simbólica de nuestra tendencia natural al frentismo subdesarrollado, hay siempre un deseo de no unir lo que puede estar separado y de no entender que, más allá de cuatro o cinco factores importantes pero no exclusivos, casi todo el mundo está de acuerdo en lo sustantivo y dispuesto a vivir sus diferencias con rutina, sin olvidar que el cemento colectivo es más importante que las flores del balcón de cada cual.

 

Que esto haya ocurrido en la Universidad, territorio comanche que hoy avergonzaría a Unamuno una vez disipada la caspa, añade un escepticismo inquietante a futuro: si ni allí lo obvio se entiende, acepta y aplica; si allí se boicotean misas y se abortan conferencias; si allí el faro del conocimiento ha mutado en hoguera de las sinrazones, apaga y vámonos.

 

Es verdad, por último, que la escandalera hubiera sido mayor de haber ocurrido todo en la Mezquita de la M-30, e importa poco que no esté situada en un espacio público: siempre habrá alguien dispuesto a llegar más lejos que los chicos de la Complutense, a quien hay que ponerles un castigo a la altura. Detenerlos me parece una barbaridad, debiera llegar con dejarles sin Natillas.

 

Posdata. El Real Madrid no alinea a ninguna mujer. Y no se conoce caso de hombre en la Federación de Mujeres Progresistas, un suponer. Si la Iglesia no ordena sacerdotas, es su decisión y su problema: el nuestro sería que ella, o Mourinho, legislaran. Un poco de por favor, pues.


Comentarios
pater
lunes 28 de marzo de 2011 a las 19:28 horas
Ave María Purísima.

Tanto el ateismo o falta de creencia, como la antagónica creencia religiosa, cualquiera que sea la fe, en nuestro caso la católica apostólica, pertenecen al ámbito de las opciones personales, y como tales todas los opciones, unas y otras, son respetables y han de ser respetadas.

La separación entre lo público y lo espiritual debiera ser un hecho palpable en las sociedades que pretenden tomarse a sí misma por un proyecto de convivencia medianamente serio. La casta sacerdotal superior tiende al olvido más amnésico en estas lides y donde el forro escotral lo tienen de sobra transitado. Los grandes purpurados en nuestro país siguen pretendiendo confundir las razas ovinas como símil de lo divino y lo humano, sin ser conscientes que los tiempos pretéritos, de verdad de la buena, ya pasaron.

Habría que preguntarse porqué a día de hoy 2011, sigue a la andaluza “erre que erre”, la jerarquía eclesiástica pretendiendo el medreo sistemático en todo aquello que huela a público, cuando lo suyo ha de restringirse estrictamente al terreno parroquial y privado, de aquellos que en libertad han elegido la opción espiritual.

¿Es entendible que a día de hoy existan capillas en recintos públicos?, o que la pretensión para la desaparición de los crucifijos de las aulas de los colegios públicos, algo que a simple vista parece de cajón como Estado laico que somos, produzca tantas ampollas y tan repletas de rencor e incomprensión por parte de los creyentes más recalcitrantes.

Dicho todo lo anterior, no estoy de acuerdo con el desbarre intolerante e intolerable del despiporre irreverente de las chatis en la Complutense. Sin embargo, hace ya más de mil y pico de años más o menos que los señores rectores de todas las universidades públicas debieran haber invitado de forma respetuosa y civilizada a los obispos de turno en cada caso, para que estos procedieran de forma voluntaria y sin rasgarse vestidura alguna al traslado de las capillas universitarias con pila bautismal incluida a lugares más apropiados.

Ese dicho tan castellano “ De con la Iglesia hemos topado” debe dejar de ser mito cuando no triste realidad en nuestro castigado país, que aquí, y hoy por hoy, con los vomitivos corruptos y los vividores ameboides del cococherío vamos más que sobraos.

Lo dicho señores, a quien dios se la dé, san Pedro se la bendiga.

juan sanchez
jueves 24 de marzo de 2011 a las 20:42 horas
Coconut, cuanto más abres la boca, más bajo te hundes, hijo. Pero no te darás cuenta, así que para qué explicártelo si no entiendes ni lo que pone el artículo ni lo que dicen los comentaristas. Y en lugar de sentir un poco de vergüenza por ello y expresarte con pudor, vas y te lías a mamporros con todos.... ¡Animalito! Un uñtimo esfuerzo: creo que aquí casi todos, con respeto, creyentes o no, somos partidarios de separar la fe de la Universidad... y sin embargo nos vemos agredidos por tipos como tú. ¿No te da qué pensar?
Arturo Campomanes Maestrazgo
jueves 24 de marzo de 2011 a las 18:56 horas
Pero como no te va a costar leerme alma de dios, sí ni tan siquiera has sabido integrar o entender el escrito de referencia que ha dado pie a éste diálogo de besugos. Que eres un intolerante, lo sabe cristo. La intolerancia es una característica hecha carne en la derecha más apostólica y meapilas y en el rojerio más economicista y gañan. Apúntate al banderín que prefieras.
En cuanto a tu pregunta la respuesta es bien sencilla: sería por las sendas celestes también llamadas del respeto, rutas por las que siempre ha de transitar el individuo crítico del que hablas. Lugares que, por como hablas, por completo desconoces.
Tú dices, Viva la Inkultura ( uyyy que contracultural y okupa te ha quedado eso), Millán Astray dijo en la Uni de Salamanca aquello de: Viva la Muerte. A ambos se os entiende como un libro abierto.
Salud, pedón y sentido común para las gentes de buena voluntad. Y zurcidos para todos los demás.
coconut
jueves 24 de marzo de 2011 a las 17:30 horas
Por cierto, que se me olvidaba, la palabra dogma viene a ser algo así como una aceptación ciega hacia lo establecido o dado.

Yo no estoy defendiendo eso en ningún momento. El concepto de individuo crítico se asienta en la base de la no aceptación de un principio sin previa evaluación interna (o externa, evidentemente).

No intentes manipular mis comentarios no razonados hasta la perfección; el único Dogma que me gusta es el de Trier (pero eso harina de otro costal)
coconut
jueves 24 de marzo de 2011 a las 17:17 horas
Jodó Arturo, me cuesta más leerte que una carta del siglo XVI (o un mesaje de texto de un poligonero). Mientras tú te entiendas, perfecto. Por cierto, ya que hablas de respeto, aquí el único que ha insultado eres tú, que me has llamado cateto...

Por cierto, si la tierra se hiciera cielo, como profetizas...¿Por dónde caminaríamos?

Y otra cosa, si mis palabras son analfabetas, viva la inKultura!

Salud y plumas y alquitrán para los escolásticos!
ANTONIO M.
jueves 24 de marzo de 2011 a las 15:45 horas
Si analizamos el acto en sí de la Complutense, efectivamente, está fuera de lugar, nadie puede dudar que no debe ser esa la forma, pero Sr. Naranjo, no dude que de los actos de juventud se ha aprendido mucho por un lado y se han conseguido grandes progresos por otro.
Cuando se es joven y universitario no se tiene la misma disposición y conciencia que cuando se es más maduro y trabajador, las cargas familiares y las responsabilidades tampoco son las mismas. Por estas razones, si bien repito, el acto es criticable hay posibilidad de entenderlo.
Por otro lado si hablamos de la Iglesia, estoy totalmente de acuerdo con Coconut en su 2º comentario, además no es cierto que la jerarquía eclesiástica no nos gobierne, siempre lo ha hecho, lo sigue intentando hacer, moviliza a sus masas cuando lo estiman oportuno en contra de leyes que no les gustan y actúan sobre la conciencia de los que nos gobiernan bajo la amenaza del “castigo divino”, y mientras muchos sacerdotes de barrio dejándose la piel en el camino para ayudar a los que lo necesitan
Alguien dijo que la Religión es el Opio del Pueblo, lo demuestra que las civilizaciones más influenciadas por ellas son precisamente las más atrasadas social y culturalmente.
PD.- Hablo de todas las religiones.
Arturo Compomanes Maestrazgo
jueves 24 de marzo de 2011 a las 15:44 horas
Coco, de ateismo ando bien servido, sin presumir lo mío roza lo genético. Pero eso es una cosa. Intolerancia y falta de comprensión lectora es otra. Vamos, que de lo en su escrito habla Don Antonio te has enterado menos y nada.
De dogmas y falta de respeto hacia el diferente, desde luego, tampoco tu andas mal servido. Debe ser que las malas artes de la iglesia dejaron una imborrable huella en ti.
Bienaventurados los analfabetos, porque lo suyo sin universidad y milagros, tiene fácil arreglo y sanado.
La humildad es un magnifico poder que no todo el mundo posee. Hágase, por siempre, la Tierra Cielo. Amén.
coconut
jueves 24 de marzo de 2011 a las 12:26 horas
Ya era hora de que me entraras al capote!

Pues no te creas que me siento muy intolerante, la verdad. De hecho, mis palabras hablan de desarmar la iglesia, de desmontarla, nada de quemarla, explotarla o asesinarla. No, ya hemos aprendido que eso no va a ningún sitio. Es más, la performance de la Complutense no me gustó un pelo, ya que la Iglesia pasa a ser víctima, en vez de verdugo.

Lo que no acabo de entender es cómo a la institución menos democratica, menos transparante y más dictatorial de la sociedad española se la pide un respeto democratico que ella nunca ha defendido. A la Historia me remito. La institución eclesiástica no está por la emancipación del individuo.

La ilustración y crítica del individuo hará que el hombre deje de necesitar un ser inmaterial y superior; en ese momento la Iglesia se hundirá en su irracional dogma.

Salud y respeto para los que respetan (no para la Iglesia)

P.D: Arturo, no, ya no voy ala uni, me licencié hace un tiempo; el problema es que todas las opiniones que no gustan son tildades de incultura (lo cual yo no hago, la verdad, no dudo de tu amplia capacidad, aunque tú me llames cateto, y aunque tus opiniones no me gusten nada)
Antonio R. Naranjo
jueves 24 de marzo de 2011 a las 11:15 horas
El entrañable, aunque algo primitivo, Coconut, nos viene fenómeno para dar algo de razón a las primeras líneas de este artículo. En fin... Saludos cordiales al resto.
Un señor de Madrid
jueves 24 de marzo de 2011 a las 09:28 horas
Creyentes y no creyentes estamos condenados a repetir los errores y horrores de nuestra propia historia. "Ojo" con nuestras actuaciones interesadas en declaraciones, escritos y actos porque el paso a radicalizar posturas hay un paso, vease el caso de francia.

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