Los abogados del cojón español
por Uno de la Redacción

JUEVES 31 DE MARZO DE 2011 A LAS 18:28 HORAS
Opinión > Política
 
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XAVIER COLÁS

 

Como asoma ETA la patita por la puerta de nuevo, las disquisiciones bizantinas de los últimos meses se empiezan a apagar. Una pena, porque el macho cabrío, al que le gusta fumar en el postre y meterle zapatilla al coche cuando va por autovía, vuelve a quedar olvidado.


En el imaginario del PP y sus trincheras digitales, esta legislatura ha estado el macho en la diana de la levedad femenina que tanto cabrea a los detractores de Zapatero. Se quiso meter ZP con el vino –y salió Aznar para defender el farruquismo de gran reserva– y luego quitarnos el tabaco. Ya no se puede apagar el cigarraco con furia en las reuniones de trabajo, porque en el currele no se puede humear. Pero los bares –el sitio donde los hombres son hombres, escupen  a las cáscaras de mejillón del suelo y maldicen las cantadas del portero– también han quedado vedados al humo. El acabose.


“¡Pero qué coño!”, han clamado desde el fondo de la cueva. “Libertad, cojones”, han rumiado los parroquianos echando una moneda al futbolín. Con lo bien que estábamos en este rincón de Europa: “Somos tíos hechos y derechos, y sabemos lo que nos conviene”. El que no quiera humos, que no aparezca por aquí.

 

Un momento de furia post-tertulia


Como veo mucha TDT salvaje, me he quedado con todas estas perlas seborreicas de la carcundia, que quedarán a buen recaudo cuando gobierne Rajoy aunque no cambie la ley. Pero lo de los 110 kilómetros por hora ya ha sido demasiado. “¡ZP déjame metele caña al buga!” La compra del coche se hace con las gónadas, está demostrado: por eso se venden bólidos que alcanzan velocidades proscritas. Así que ahora, libertad en mano, el macho ibérico de bar –ese al que le gusta el deporte ajeno pero no hace ninguno, al que le encantan las mujeres menos la suya– lamenta vivir en un mundo amariconado y lleno de prohibiciones. 


Y sueña con un cowboy que levante el veto a los ritos masculinos del fumeque y el acelerón. Entre las miembras y las prohibiciones ha sido éste un lustro negro para el cojón español. Está por ver quién lo rehabilitará.


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