La poesía llama de nuevo a nuestras puertas, a las puertas primaverales de un miércoles en el Corral de Comedias de Alcalá. Hilos de poesía que inundan las calles de nuestra ciudad, de esta ciudad que se prepara para recibir un Premio Cervantes con la banda sonora de las procesiones y de los lejanos tambores electores.
Hilos de poesía en un abril que se queda en blanco, que celebra la noche de los teatros, que convierte la literatura en una antorcha y, en ocasiones, en una máscara. Literatura que se queda ahogada en programadores que no la entienden, que no la mimen, que no la aman. Todo lo contrario de lo que sucede cada miércoles al mes en el templo poético que es el Corral de Comedias de Alcalá, este espacio único en que literatura y espectáculo se dan la mano, en que, de nuevo, no dejaremos de sorprendernos por la pericia y la sabiduría de Juana Escabias, y con los versos de Mónica López Bordón y de Jenaro Talens.
Jenaro Talens esconde su edad en las arrugas de sus versos. Escritor sin edad. Escritor con el tiempo a cuestas. Escritor que no ha dejado de regalarnos versos y libros estupendos. Jenaro Talens se deja llevar por la realidad para intentar el imposible de hacerla accesible: nos la presenta en la bandeja de sus versos, incluso en sus prosas poéticas o en sus versos en prosa, con la brisa nueva de lo cotidiano. Y todo es nuevo, y todo es tradición, todo es uno y todo es diferente: “Un nuevo día empieza y, casi no se reconocen, hace frío y nadie supo jamás de su calor, de su delirio, el aire externo donde se disuelven los caballos que piafan en la noche, el deseo lúcido, la lucha tan laboriosa luego, cuando deshacían el amor…”.
Radiografía de un desencuentro, radiografía que desentraña ese momento en que parece que todos los abismos se abren ante la mirada lúcida de la mañana, de esa mañana que anuncia un nuevo día… en que terminamos haciendo lo de siempre: “no es el afán sino un silencio triste lo que les mira despertar e incómodos se abrazan en la desnudez de la vigilia, se acarician, hablan. El placer aún mantiene cierta especie de luz”.
Poeta sin tiempo porque parece (y solo lo parece) que ha vivido todos los tiempos, Jenaro Talens es capaz de mirar el futuro con los ojos del pasado, de añorar lo que no se ha vivido como quien desea el licor que se recuerda lejano y todavía no se ha bebido. Tiempos que se trastocan, tiempos que se añoran, tiempos que se buscan y se desean, tiempos que se sabe que ya nunca se van a vivir… ya sea porque son demasiado pasado o porque, al contrario, están más allá del futuro.
Jenaro Talens es un poeta que mira, y seguirá mirando el cielo: “Sobre este cauce seco hubo una vez un río. La memoria del agua no ha dejado sus huellas, solo un rumor cansado de su nombre donde la sed vacila sin contemplaciones antes que el estupor se apague para siempre. Apoyado en el puente, observo el ir y venir de los caminantes como nubes de paso. Hay un jardín fingido en las orillas de lo que fue un fluir de la corriente. Un tropel de fantasmas transita entre sus muros con dificultad. El cielo gris me dice que no importa. Mientras, la muerte ronda con sus sueños intactos”.
Mónica López Bordón es un volcán. Sus versos son una celebración de la vida, de una vida vivida en plenitud, dejando en el pasado lo que es el pasado: “Celebro la brevedad del silencio / sin volver la vista atrás. / Anónimo y oculto letargo / que me aprisiona / en el sobresalto de la noche”… Y este silencio se ha perdido en la oscuridad porque se prefiere vivir en la luz, en las palabras, en las voces, en los versos: “Habito las luces de la voz. / Busco tímidamente / las voces que todo lo puedan decir. / Imposible el vacío. // Celebro esta luz eterna, / bella flor, alcanzada para siempre/ en su propia batalla”. Mónica López Bordón sigue las sendas trazadas por el Grupo Cero, en que lo poético se mezcla con la psicología, en que la poesía es un camino que se traza a golpe de versos para intentar conocerse un poco más, un poco mejor.
Un camino que en el caso de Mónica se deja seducir por el amor y por el deseo, dos de los temas recurrentes en sus versos, como los de tantos poemas de los talleres del grupo: “Sorpréndeme las manos con titánicas embestidas / vísteme los labios desbordados de pasión furtiva / muéstrame, en los bordes de la piel, el cuerpo ligero y el rostro cálido, / tiernamente, con tu distraída voz, inagotable y vividora. / Quietamente dime la verdad con dos palabras / sencillas, hermosas, vencidas en las melodía prometida, / tejida en las impenetrables manos del poeta”…. Por eso no extrañe que el poema acabe con estos versos: “Te observo desde el umbral, arden tus labios y los ojos de mujer. / Ven a buscarme…”.
Y la poesía ha venido, como cada mes, a buscarnos en el Corral de Comedias. Un nuevo miércoles de “Poesía en el Corral”, en que nos trae dos voces tan diferentes en sus tonos, en sus deseos como iguales en su pasión y en su hondura. Versos entrelazados en la magia del espectáculo teatral. Que se alce el telón, que estamos deseando todos ver volar los versos por el cielo primaveral de Alcalá, este cielo inundado de cigüeñas.
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