Los mendigos huelen mal
por Antonio R. Naranjo

JUEVES 14 DE ABRIL DE 2011 A LAS 18:36 HORAS
Opinión > Política
 
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Los mendigos afean, huelen mal, molestan, ahuyentan a los turistas, perjudican a los comerciantes y además no votan. Esto es lo que, para cualquiera que no le escuchara, ha dicho el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, según las ecuánimes interpretaciones de no pocos medios de comunicación y algún dirigente político empadronado a orillas del Pisuerga.

 

La realidad es que el munícipe, hablando tal vez en nombre de casi todos sus colegas de las grandes urbes españolas, ha intentado buscar una solución decente al inmenso drama humano que albergan nuestras calles, a menudo llenas de despojos similares a los que protagonizan la inquietante serie The Walking Dead: caminan, respiran, sienten, sufren y disfrutan; pero envuelven sus emociones en un tatuaje indeleble que recoge el horror de sus vidas, en jirones de tela y páramos de carne solitaria.

 

Aspirar a que esas personas sean atendidas en albergues, examinados por médicos y tratados por trabajadores sociales, incluso aunque no lo quieran; plantea una sugerente controversia sobre los límites del Estado para entrometerse en la libertad personal, incluso cuando utilizamos ésta para destruirnos o dañarnos. Pero, si acaso eso es un error, en un error decente que nace de un impulso sensato aunque tal vez naufrague en los acantilados de las competencias.

 

 

 

Más  importante que la polémica política, hinchada por los amantes de la brocha  gorda y los miembros de la cofradía del garrote en uno de esos viajes lisérgicos que provoca grandes emociones y peores resacas, es el cinismo que sobrevuela en los debates que tocan la fibra ética, la resistencia moral y el tejido intelectual de cada uno.

 

¿Tenemos derecho a salvar a alguien de sí mismo? ¿Debemos aceptar lo que cada uno quiera hacer con su vida, incluso en aquellos casos en los que pensemos que su elección no tenía alternativas? ¿Hay que distinguir entre el sintecho mentalmente sano y el desequilibrado o drogodependiente para conducirle a un albergue o lo sustantivo es la indigencia y no la enfermedad?

 

Como las preguntas no son fáciles, las respuestas han de ser necesariamente complejas. Y un buen ejemplo de ello es que casi todos los que se han prestado a sacar la lengua a la intemperie, con pronunciamientos tan precipitados como electoralmente intencionados, no responden de la misma manera a otros asuntos que también dirimen la confrontación entre la libertad individual, las obligaciones del Estado y las emociones del ser humano.

 

Yo no obligaría nunca a nadie a hacer algo que no quisiera si él es el único perjudicado, pero todos esos que suscriben esa máxima han de intentar ser un poco más coherentes cuando el velo, el tabaco, la prostitución o el cinturón de seguridad se crucen en sus vidas. O a setas o a rólex, que diría el liberal.


Comentarios
Ciudadano
viernes 15 de abril de 2011 a las 12:53 horas
Yo creo que el remedio es muy sencillo, que todas las noches duerman en el antiguo edificio de correos, hoy Ayuntamiento de Madrid, y que al levantarse se aseen en los servicios de ese majestuoso edificio, y así podrán salir a la calle con un índice de pulcritud aceptable.
Así que ya saben los mendigos, para que no se les vea por la calle en tan lamentable aspecto, que se dirijan todos al Ayuntamiento de Madrid, que es la casa del pueblo, no un cortijo del señor Gallardón y la señora Ana Botella.
Un señor de Madrid
jueves 14 de abril de 2011 a las 19:23 horas
LLama poderosamente la atención que unos pocos mendigos a los cuales los trescientos sesenta y cinco días del año no hacemos ni puto caso, desconozco el censo total de mendigos madrileños; el año que toca bisiesto nos acordemos de ellos sólo parece ser con la intención de quitarlos del medio.
Recuerdo que ya el año pasado la impresentable de la Ana Botella manifestó que los mendigos eran la causa de la falta de higiene de la capital.
Personalmente lo único que barrería y en algunos casos exterminaría como ratas serían determinados políticos sinvergüenzas.

A usted señor Naranjo un saludo y felices vacaciones si las tiene.
pater
jueves 14 de abril de 2011 a las 18:43 horas
Serenos y alegres
valientes y osados
cantemos soldados
el himno a la lid.
De nuestros acentos
el orbe se admire
y en nosotros mire
los hijos del Cid.

Soldados la patria
nos llama a la lid,
juremos por ella
vencer o morir.

El mundo vio nunca
más noble osadia,
ni vió nunca un día
más grande el valor,
que aquel que, inflamados,
nos vimos del fuego
excitar a Riego
de Patria el amor.

Soldados la patria
nos llama a la lid,
juremos por ella
vencer o morir.

La trompa guerrera
sus ecos da al viento,
horror al sediento,
ya ruge el cañón
a Marte, sañudo,
la audacia provoca
y el ingenio invoca
de nuestra nación.

Soldados la patria
nos llama a la lid,
juremos por ella
vencer o morir.

Que no, que no, que no nos olvidamos de la República.

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