Ninguno de los dos partidos anteriores se han parecido entre ellos. Discrepo de quienes dicen que el Madrid fue el mismo. Su hambre de triunfo, especialmente, en la primera parte de la Final de Copa, nada tiene que ver con esa actitud timorata y defensiva del partido de liga, salvo el arrebato final, ya en inferioridad numérica.
El Barcelona, tampoco, fue el mismo. Mala noticia para Guardiola y los suyos. No fue el mismo porque perdonó en la Liga, pero fue superadísimo en los primeros cuarenta y cinco minutos de Mestalla, y muy dominador, en la continuación. Bueno, en algo, si fue el mismo en ambos partidos, -para mal-, por lentos, previsibles y por su nulo acierto de cara al gol. Todo eso, le aleja del mejor equipo todopoderoso de las últimas tres temporadas, y por ahí, se han acortado las distancias en lo futbolístico, y sobre todo, en lo anímico. Y el fútbol, conviene recordar, es por encima de todo y a este nivel, un “estado de ánimo”.
Mourinho decía que frente al Tottenham un buen resultado, en casa, sería un empate a cero. ¿Vale eso contra el Barcelona? Se supone que sí, al tratarse de la misma competición y mismo orden de partidos. Eso nos llevaría a un planteamiento, si cabe, todavía más austero que el que perpetró en la Liga quién sabe si confiando todo a una contra vertiginosa de Cristiano, Di María o algún otro galgo blanco, o peor aún, reservando el “todo por el todo” para la vuelta del Campo Nou del día 3 de mayo.
Si, obviamente, antes Mourinho tenía carta blanca… ¿?, ahora, nadie le va a rechistar lo más mínimo, proponga lo que proponga, este miércoles en el Bernabeu. Jugar bien al fútbol no es andar todo el día de taconcitos, sombreritos, rabonas, etc…, no, ni mucho menos. Eso queda para la televisión y los patios de colegio. Jugar bien al fútbol es sacar el máximo rendimiento a una plantilla, con fidelidad a la historia de ese club, sin olvidar, que este invento está sustentado en un componente de espectáculo. Por eso, es tan distinto lo que hizo el Madrid, -sobre todo, el Madrid-, en el primer partido respecto del segundo, dónde corrió, peleó, contragolpeó, dominó y en el cómputo general, -boxísticamente hablando-, hubiera ganado a los puntos. Nadie puede evitar alabar eso, como nadie debe huir de la crítica por lo que se pudo ver en liga. Todo muy diferente.
Es evidente que el Real Madrid se ha liberado extraordinariamente tras la Copa, y que algo ha cambiado en esta dualidad culémadridista. Un altísimo directivo blanco me reconocía que les hacía mucha falta este título para seguir creyendo. La Copa siempre ha tenido mucho prestigio, y sólo una moda de nuevo cuño, la ha rebajado. Este año con la presencia de los dos transatlánticos mundiales se ha revalorizado, y además, se ha convertido en un “bálsamo reafirmante” para los ganadores y en una “gran incomodidad” para los perdedores.
Tal es el efecto de esta Copa del Rey, que hasta Guardiola, por un momento, se me ha parecido a Mou con lo del árbitro portugués y la buena vista de un linier que les privó del gol de Pedro. Cuando el otro día, os transmitía mi pálpito de que algo se estaba acabando, -confío- que no fuese el “seny” de Pep. Esa sería una muy mala noticia no sólo para él, sino para todo su Club, y probablemente, para todo el fútbol español. Tengo cruzados los dedos, por si acaso…
EGC. 25.abril.2011
P.D. Son un poco artificiales y casi siempre propicias para los gamberros, pero hacen felices a miles de personas. Me refiero a las celebraciones tipo Cibeles, Neptuno o Canaletas. Sergio Ramos –“¡¡¡tierra trágame!!!”, supongo…- salió con gracia del “suicidio” de la Copa. El último chiste que corre sobre el accidente es que “queda confirmado que el jugador del Real Madrid no llevará las arras en la boda del Príncipe Guillermo y Kate”. |