Hay dos tipos de televisiones públicas: las que manipulan bien, con un guante de seda y oliendo a perfume; y las que manipulan peor, con un trabuco y fragancia a legumbre. Telemadrid lo hace por acción, con la misma compostura de SalvadorSostres ante el escaparate de una mercería; TVE lo hace por omisión, disertando largamente sobre el ciclo reproductivo de los delfines para tapar el innoble apareamiento de los faisanes y los concubinatos financieros con acento andaluz.
Todas coinciden en algo, pese a todo: son muy caras y arrastran pérdidas y deudas espectaculares. No es una opinión, sino un dato incontestable: el conjunto de entes televisivos públicos de España acumula anualmente cerca de mil millones de euros de pérdidas, a los que hay que añadir unos 600 millones de euros más en concepto de subvenciones del Gobierno Central o de los autonómicos de cabecera. Las privadas, por el contrario, ganan conjuntamente 500 millones y contribuyen con 200 a las arcas del Estado a través del Impuesto de Sociedades.
Esto es, lo que pierden o consumen estos canales cada año es muy similar a ese recorte educativo previsto para 2011 -unos 1.800 millones de euros- que nos condenará a seguir doblando la tasa de fracaso escolar de Europa (sólo nos gana Malta): la concatenación de este dato con el del paro, la falta de productividad, la ausencia de un modelo empresarial, la intensa dependencia energética y la incompetencia de la Universidad como semillero de talentos pone en entredicho la capacidad real de recuperación de un país atrapado en sus propias zanjas.
Es casi imposible cerrar una cifra definitiva acumulada de veinte años de televisiones regionales y cincuenta de estatal, pero sólo en la última década puede afirmarse que el derroche colectivo total es superior a todas las inversiones productivas del Estado en un lustro: en los Presupuestos Generales de este año se recogen poco más de 8.000 millones de euros en un capítulo crucial para el desarrollo, el empleo y el manido modelo productivo nuevo, que no surge invocando a Manitú, sino impulsando una estructura sólida en todos los ámbitos.
La BBC tiene una gran virtud: la pagan los ingleses
España no tiene dinero para un aeropuerto conectado directamente con Asia y las zonas emergentes o para un gran puerto que asuma todo el tráfico marítimo de Oriente, África y América y permita al país vivir de la logística; pero ha perdido un billón de las viejas pesetas en una mezcla de programas infames, informativos ad maiorem gloriam del Dios de turno e incluso estupendos espacios que, no obstante, pueden ser atendidos por canales sin coste para el ciudadano o en todo caso no son tan importantes como para anteponerlos a la revalorización de las pensiones, un suponer.
El problema no es, en fin, si Canal Sur es peor que la TVG gallega pero mejor que Telemadrid o si TVE es más decente con Urdaci que con Maria Antonia Iglesias pero menos que con Llorente.
Concedámoslo todo, al que quiera, y dos huevos duros; pero limitar el debate a una cuestión de gustos, intereses o poses lo hace irresoluble y perpetúa un modelo arbitrario, clientelista y en todo caso inasumible para un país que en tiempos de penuria ha de comportarse como un hogar en apuros: primero la comida, y luego el baile.
Apelar al carácter de servicio público -que ni siquiera está definido como en otros países de Europa y lo mismo vale para un triunfo que para una operación- para garantizar un dispendio insoportable, sería un buen chiste de no resultar tan trágica la letra pequeña: ni la eficaz Ana Pastor ni el irascible Hermann Tersch pueden ser más prioritarios que los 400 euros de caridad para los parados sin subsidio; ni tan imprescindibles como para obligar a los pocos que trabajan a hacerlo hasta los 67 años; ni tan vitales como para anteceder a una red sanitaria o educativa pública solvente.
Y a la carcundia de Oriente y Occidente, que tanto se retroalimenta con debates estériles sobre la paja y la viga presentes en ambas cuevas, siempre le quedarán Intereconomía o La Sexta para evacuar sus sutilezas y evidenciar la vigencia de Ortega cuando decía que, el nuestro, es un país de creencias y no de ideas.
No nos engañemos: la única razón por la que perviven estas televisiones (y añadan universidades de cartón piedra y una variada gama de bacanales institucionales triplicadas sostenidas con discurso fatuos sobre la “autonomía”, la “libertad de cátedra”, la “solidaridad” y otras perogrulladas huecas) es por la resistencia de un sistema político, sindical, laboral y gremial que siempre preferirá quitarle un poco más al que menos tiene para que siga sosteniendo lo que no necesita pero a ellos les procura un confort notable.
La eterna confusión entre el Estado de Bienestar y el bienestar de quienes trabajan en el Estado. Tal vez por eso la única solución es tan traumática como quizá ya inevitable: llegará el día en que, al ir a encender la luz, no funcione. Algunos empezamos a desearlo viendo la irresponsable actitud de los gestores, la complaciente postura de los agentes sociales, la interesada pose del periodismo y, al fin, el ingenuo seguidismo de una ciudadanía que sabe poco aunque no dejan de informarle de sol a sol.
Posdata. Huelga la aclaración, o no, que siempre es posible que aparezca un Ignacio Escolar para darse un último baile a mi salud mientras descubre a Wilco y abandona la zambomba. Obviamente Ana Pastor es una espléndida profesional y el titular de este artículo es un recurso literario que ella sabrá enmarcar.
Y para los que salivan con la merecida periodista de moda, que dejen de hacerlo por razones opuestas cuando pegan a Tersch: incluso aunque esté en un bar, me gusta escuchar o leer lo que dice. Pero, a ambos, preferiría no tener que pagarles yo, que hay mucha boca a alimentar esperando.
Por supuesto que puede tener su opinión, faltaría más, no van por ahí mis palabras. Lo que quiero decir es que usted continúa dando esa opinión escondiéndose en una \"imparcialidad\" que creo que no tiene. Buscar comparaciones incomparables para darnos la sensación de que opina desde un punto de vista objetivo e imparcial cuando NO ES ASI. Sus ideas, sus pensamientos van en la misma línea que DªEsperanza y, en este caso, también es parte involucrada, como tertuliano habitual de TELEMADRID. Por ello, creo que su opinión sería mucho más convincente si se quitara la careta de IMPARCIAL y diera su RESPETABLE OPINIÓN, cómo no, pero sin esconder las cartas.
Ah! y por supuesto, no me quise signifcar como representante de nadie, sino como PARTE de aquellos que le siguen en sus \"cartas liberales\". No soy tan pretencioso. No tengo ningún inconveniente en decirle que soy Antonio.
Y ahora que estamos todos tan agustito aquí sentados en el salón de Cartas del Director del Sr Naranjo, voy a levantarme y enchufar el tocadiscos para poner una canción para relajarnos todavía un poco más si eso es aún posible. A ver, a ver, que les pongo, pero si este hombre no tiene de ná. Bueno no pasa nada, pondré uno de mis discos favoritos que casualmente siempre llevo encima para estos casos. Con especial dedicatoria para el Sr. Naranjo allá va la extraordinaria Temptatión de New Order en una actuación en vivo en la Ukranian House de New York del año 1981. Ya ha llovido desde entonces. Ahí es ná, menuda joyita. El dije puede ser visto por la pati en Tu Tubo, of course. Que usted la disfrute Sr. Naranjo y pase la bola al Sr. Enríquez, que al menos él, creo que tiene los oídos iniciados. Siempre un saludo.
Bartolo y los Suyos después de “ 8 largos bartoleando Alcalá” ni por asomo llegan a la suela de los zapatos a las extraordinarias conquistas de aquel Atila y sus Hunos en aquella Europa de antaño. Sin embargo, Othar su famoso caballo, alma cándida es al lado de los compadres en la Junta de Gobierno y aledaños que arrasado tienen el Tesoro Municipal. Ellos por donde pisan van dejando la huella de un desierto cada vea más asiático, en definitiva una arrasada Bartolá de profesión sus bedeles.
Alcalá por mor de la inacción que produce la incapacidad imaginativa de sus dirigentes, se ha convertido en Bartolá, una ciudad paralítica y raquítica, enclenque, acomplejada y pedigueña en lugar de exigente. Con un alcalde vacío, tuerto, bizcañeta, rompetechos, definitivamente insensible a la decadencia de una ciudad que se vende o alquila casi toda, y huele a fiambre en cada esquina. Disfrazado de monje descalzo siempre anda nuestro Presidente Consistorial con la mano extendida con el asunto oloroso del Real Patronato. Sólo la falta de decencia y el descaro más supino dan lugar a insensateces como la del discurso ciclotímico de la acción de mendicidad permanente, cuando se ha mostrado incapaz de bajar el 50% la partida en retribuciones de todos los cargos electos y de confianza de la Corporación. Señores, el sueldo de nuestros políticos locales solamente se puede catalogar de robo alevoso legalizado. No hay coherencia en un discurso que desde su mismo nacimiento hace aguas por doquier cuando uno en su propia casa no hace bien los deberes. Dicho a lo bruto, el ahorro y la austeridad la entienden por el puto culo. Ya esta bien que los zorros que campean por las calles de Bartolá los tengan que venir a cazar los dineros de otros.
No se puede por más tiempo permanecer callados y ciegos ante la falta de empuje de una ciudad anclada, lastrada por este equipo de Gobierno, que actuando de meros gestores para no solucionar nada del mal funcionamiento de alcantarillas y adoquines nos esquilman con sueldos de potentados de imperios pretéritos. Si hasta hace aproximadamente dos años los baños del quiosco de la Plaza de Cervantes de Alcalá de Henares, Ciudad Patrimonio de la Humanidad, parecían los retretes de una estación de autobuses del Senegal profundo. Pero, ¿cuales son las realizaciones y los aciertos de Bartolo y los Suyos en todo este demencial y perdido octanato?. En que lugar, y en que aspectos de distinción ocupa Bartolá entre las ciudades de la República Pieltoreña.
Por favor, ven Capitán Trueno encuentra al Bueno y haz que gane las próximas elecciones municipales alcalaínas. Ah, y líbranos de Bartolo, llévatelo muy lejos, pero no a ninguna Asamblea que no merece. Búscale ocupación en el territorio de los espárragos. En ese idílico lugar y de momento, podrían poner a calentar el aceite.
Eso que usted llama 'seguir en mis trece' se llama en realidad tener opinión. Yo la argumento, digo lo que digo y no hay más. Contra valoraciones personales o subjetivas sobre lo que quiero decir y no sobre lo que escribo, poco puedo replicar. Y oiga, tenga cuidado con eso de erigirse en portavoz de los ciudadanos o de los lectores: no deja de ser usted una única persona que además firma con un seudónimo. A más ver.
Sigue usted "en sus trece" de hacernos creer que tiene un punto de vista imparcial de la realidad política española.
No comprendo como puede ver al mismo nivel la "parcialidad" de telemadrid con la de tve, y lo peor, como quiere hacernoslo creer a los demás. Partiendo de esa "falta de objetividad" nos lanza un mitin en favor de la privatización de nuestras "teles" públicas y en contra de su régimen actual, pues podría empezar por ser coherente y NO ACUDIR a sus tertulias y recibir contraprestación por ellas. Pero claro, supongo que estar a mal con su querida, admirada e idolatrada Esperanza Aguirre no le interesa mucho.
Repito la idea inicial Sr. Naranjo, sea respetuoso con sus lectores, no crea que somos tontos e intente convencernos de su imparcialidad. Exprese en público su ideario político, sus simpatías por unas siglas, por su "lideresa" y entonces sus artículos tendrán verdad. Mientras no lo haga seguiré pensando que nos considera tontos, que nos intenta hacer creer que "atiza" a ambos lados por igual. Sea honesto, declare claramente lo que piensa, sin "equilibrar" artificialmente, y entonces empezaré a creer en usted como periodista de opinión.
Me gustaría que reflexionara sobre su actitud hacia sus lectores. Algunos también hemos ido a colegios concertados y a la universidad y hemos aprendido a observar, pensar, razonar y tener criterio.
La belleza está en Ana, la inteligencia en Cospedal, y cada una tiene algo de la otra. Asunto: todas las televisiones públicas hacen caso a sus gobiernos y están manipuladas, esto es un problema que se podrá minorar pero imposible de corregir. Esto son datos. He discho.
Si fuera por matar al hilo del título de su artículo, personalmente daría el paseillo a más de un listo.
Que conste, soy un ciudadano cabreado, funcionario, SI funcionario currante de mantenimiento que se mancha las manos, que le han bajado el sueldo y esta asqueado de tener más jefes, consejeros todos de carnet del partido de no se que hacen, etc todos virtuales que no resuelven nada, se llevan la pasta, viven de pm y mientras los currantes jodidos.
Les va a votar su pm
Ustedes pierden el tiempo. Los periodistas no encuentran el modelo de negocio por estar anticuados y no subirse al carro de las nuevas tecnologías y a los ciudadanos nos preocupa más si al madrid le quitaron el partido que la subida del pan. En resumen hablar por hablar, pero mientras estan los listos neoliberales como la Espe y su comparsa que se sirven del sistema público para enriquecer a los amigos.
Me quiere explicar usted Señor Naranjo, si le da la gana, en este pais que no funciona ni siquiera la justicia, alguien dijo que era un cachondeo, ¿ como el Metro de Madrid puede gastarse más de 2 millones y medio en publicidad sin tener competencia ?
Si quiere se lo cuento pero lamentablemente no le interesa ni siquiera al ciudadano que paga religiosamente sus impuestos. La historia se resume en ponme donde haya que ya me ocuparé yo...
Artículo denso donde los haya señor Naranjo, pero un tanto descentrado a mi entender… por los muchos frentes abiertos.
El debate de la televisión pública y también el de la privada, sigue siendo más de lo mismo, desde hace más de 20 años, cuando el espectro de las entonces radiofrecuencias, comenzó a ampliarse.
Ya por entonces, un muy delfín Javier Arenas, postulaba en la universidad, aunque no en la que usted tiene en mente, que si su partido, que hoy sigue siendo el mismo, llegaba al gobierno, privatizarían todos los canales autonómicos, entiéndase también públicos, por ejemplo… Canal Sur…, Telemadrid, (que por entonces hacía incluso datos de audiencia…)
En esos veinte años su partido, el de Arenas digo, llegó al gobierno. Y pasó por el Ente Público, un director de los servicios Informativos, al cual no menciona usted en su texto, (supongo que intencionadamente), y que es un claro ejemplo, de lo que no se debe hacer con la información que pagamos todos. Porque el resultado es el ostracismo. Y aquí, creo que coincidimos, pero especialmente porque el periodismo va muchísimo, muchísimo más allá del posicionamiento.
En estos más de veinte años, no ha MEJORADO nada en la televisión.
La televisión pública, dependiente del gobierno, no lo olvidemos, sigue siendo un potentísimo instrumento de poder al que nuestros políticos no desean ni remotamente renunciar…
No se trata de traumas señor Naranjo, otras empresas cambian el bienestar de su estado le pese a quién le pese. Y fíjese como se ha puesto de moda los ERES!.
Pero decir televisión pública es decir influencia.
La única diferencia está en el disimulo con el que el gobierno del momento la ejerza. Porque lo burdo se nota y pone en evidencia.
Hasta muy recientemente Pastor, Ana, lo venía haciendo sensatamente, exceptuando alguna que otra entrevista con Aguirre, Esperanza claro, donde su ansia se topaba con una inusual moderación de la presidenta. Tampoco con el presidente de Irán, y pese a su repercusión, me convenció su trabajo.
Entonces, en una televisión privada, y en un programa de “late night”, de esos que tienen una audiencia “rara”, en una de esas cadenas privadas que usted entiende que tienen beneficios (económicos)… Pastor se jactó burdamente.
Con la mala suerte que, la mañana que sentó enfrente a Cospedal, Dolores, harta de procesiones, se sintió también con derecho a ponerse chula y sacar carácter, por ella y por su partido, claro.
Yo, ciudadano, casi anónimo, me alegro de estas polémicas que de vez en cuando nos recuerdan que RTVE es no es del todo pública.
Polémicas que si nos educan. Y lástima que sean tan escasas porque la televisión en España hace años que necesita un debate pero que muy serio.
Y apostillo un pensamiento recurrente es estos más de 20 años de desconcierto:
Las televisiones públicas siguen sin educar. Adoctrinan.
Las cadenas privadas venden. No educan.
De momento yo no conozco ningún proyecto electoral que incluya, por escrito, la privatización de los servicios informativos de RTVE.
¿Y sin embargo, por qué no?. ¿Por qué no renunciar a financiar los intereses de los políticos, centrales o autonómicos, y sí obligar a invertir esos recursos en educación?
Sr. Naranjo hace años llegué a la conclusión de que a ningún partido político le interesa esta iniciativa.
Y lo peor de todo es que ni siquiera a nosotros los ciudadanos, nos interesa.
Supongo que lo importante, hasta que lo vemos claro, es no confundirnos.
IO
José, usted no se entera demasiado bien de lo que digo: es justo lo contrario de lo que usted apunta. Creo que hay que dejar de gastar dinero en lo que no hace falta para gastarlo en lo imprescindible: en los ciudadanos, en los universitarios y en las personas. Y no en los rectores, los entes públicos y la tupida red clientelar de los partidos y los agentes sociales.
Manuel: las comparaciones me aburren e intento sostener que ese debate tapa el auténtico. Pero si quiere hablamos de eso: me gusta más TVE que Telemadrid y Ana Pastor que Hermann Tersch (también me repugna que le llamen nazi y no pase nada, es un buen periodista también), pero eso es irrelevante. Hay gente para todo y empresas para todos: lo que no me gusta es tener que pagarlo con los mismos impuestos que no llegan para lo esencial.
DKB: muy interesante lo que apunta, de cabo a rabo.