PEDRO P. HINOJOS
Nicolae Ceaucescu fue zapatero antes que dictador en la Rumanía del otro lado del telón de acero. Su compatriota, alcalaína de adopción y candidata a concejala al Ayuntamiento complutense por el Partido Popular, Ana María Roman, reveló ese detalle biográfico del tirano, que fue fusilado junto a su esposa tras un juicio sumarísimo en las revueltas de las Navidades de 1989, en el mitin del auditorio municipal que tuvo al líder nacional Mariano Rajoy como cabeza de cartel.
Como es de suponer, el recuerdo del oficio del déspota no fue un capricho, sino el gancho para que la aspirante a edil soltara un chascarrillo: “Que mala suerte la de los rumanos, que tenemos en nuestra vida a dos zapateros marcando cada paso de nuestro destino". La candidata Roman se pasó varios pueblos con la comparación, pues no hay correspondencia posible, por remota que sea, entre ambos personajes; y ella debería saberlo mejor que nadie: para empezar, nunca podría haber hablado con tanta libertad y entre tanta gente en la Rumanía de Ceaucescu. Más triste fue, con todo, la reacción del auditorio, que saludó con aplausos y sonrisas la barbaridad de la oradora. O bien la mayoría de los presentes ignoraba por completo quien es Nicoale Ceaucescu; o lo sabían y les daba lo mismo. Es preferible pensar en lo primero, pues la incultura siempre es corregible.
Lo segundo, en cambio, es una puñalada consciente a la razón, en el mejor estilo del clan del tertuliano cavernario, la gran aportación de la TDT a nuestras vidas: como da igual la verdad, también lo da que se equipare a un sátrapa sanguinario, corrupto y ladrón con un presidente democrático. Una lástima que los jefes del partido presentes en la sala no reprobaran esta injusta ocurrencia y su bóvida acogida. Quizá tampoco les importe el día que alguien haga el primer chiste malo sobre el galleguismo de Mariano Rajoy y Francisco Franco. |