
ALONSO GUERRERO
Cuando hace cuarenta años Felipe González y los socialistas barbilampiños de Suresnes trajeron a España el engañabobos de la libertad, ya sabían que aquí lo que está llamado a permanecer son las apariencias. Por ejemplo, la ideología. Es una nuez vana, pero se necesita para ganar elecciones. Todo ese marketing ha culminado de forma patética en la presente campaña. Los políticos siguen prometiendo, aunque sólo se prometan a sí mismos como mercancía. ¿Por qué agobiar con la verdad, si pueden entretener con miles de mentiras? El populismo sin pueblo es lo único que comparten todos esos candidatos de cara iluminada que vemos en los carteles electorales.
¿Promesas? Esperanza Aguirre promete librar a la gente de sus hipotecas, o meternos a todos en el seminario. Urkullu promete la bondad de Goebbels y Zapatero vende la carcoma, alimentada con la madera del despacho de Rubalcaba, que corroe los sillares del Constitucional. Todos mienten, porque la mentira es lo único que funciona. Los avances entre comicio y comicio se consiguen en las asesorías de imagen y en los gabinetes de publicidad. Las conquistas presentes empezaron a sembrarse hace años, con el sistema educativo, el fútbol, la televisión que te abduce en el salón de tu propia casa. Todo ha llegado a ser tan simple que las sentencias se fabrican con un telefonazo que después se desmiente sin rubor en el Congreso.
Es normal que Carme Chacón dijera el otro día en Tomelloso que su mítin era el prólogo de cosas maravillosas. La frase ya la dijo el astronauta de 2001, una odisea del espacio, Bowman, refiriéndose a la conversión de Júpiter en estrella. Mejor no comentar el deseo extático formulado por Chacón. Sería como hablar del amor eterno en un arcén del polígono de Alcalá, pero nada de lo que haya hecho el partido de Chacón asegura que esa maravilla vaya a acontecer, a menos que se refiera a la desaparición del propio partido, el próximo 22 de mayo. Existen, de hecho, razones para que eso ocurra. Entonces muchos recordarán lo que Bowman dijo frente a la verdad del espacio claro y eterno: Está lleno de estrellas…
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