Del 6 al 8 de junio se celebrará en la Villa Reale de Monza, al norte de Italia, el FOCUS 2001, la plataforma creada por la UNESCO para reunir a un grupo de expertos alrededor de un tema de actualidad. Un lugar de encuentro en que creadores, profesores, estudiosos y responsables de empresas puedan debatir, intercambiar ideas e impresiones y diseñar estrategias conjuntas para el futuro más cercano.
La primera vez que se convocó fue en el año 2009, alrededor del tema: “Creativity, Innovation and Excellence: From Crafts to the Design and Fashion Industries”, y este año nos reuniremos hasta 200 expertos alrededor de un tema de candente actualidad: “The Book Tomorrow: the Future of the Written Word”, en que se intentará ofrecer una radiografía actual de diferentes aspectos y temas de este complejo mundo, alrededor de tres ejes: "La economía de E-book", "Derechos de autor en la era digital" y "La biblioteca digital", que constituyen las tres ponencias plenarias, que estarán a cargo del Director de la Universidad de Harvard, Robert Darnton, el escritor y profesor canadiense Milad Doueihi y del escritor chileno Antonio Skarmeta.
La sección de “La biblioteca digital” en la que participaré dentro de la mesa de “La biblioteca como servicio público”, cuenta también con los siguientes grupos de trabajo: “Ventajas e inconvenientes de la relación entre el sector público y privado” y “Los riesgos de la digitalización”.
Las bibliotecas nacen de la necesidad de conservar los textos, la información y el conocimiento. Y nacen en el momento en que se desarrolla una tecnología que lo permite: la escritura. Desde las bibliotecas asirias hasta las bibliotecas actuales puede hallarse un hilo que a todas une, convirtiendo la famosa Biblioteca de Alejandría en un mito. Bibliotecas de tablillas de arcilla, de rollos en papiro o pergamino, en códices manuscritos, en pergamino y en papel, libros impresos con la invención de la imprenta en el siglo XV… Y a partir del XIX, con el desarrollo de nuevas tecnologías será posible no solo conservar la escritura sino también la voz y la imagen: la fotografía, el fonógrafo, el cinematógrafo, etc., ampliaron los objetos que nuestras bibliotecas públicas tienen la función de conservar, preservar y difundir.
La tecnología digital ha venido a crear nuevos modelos de difusión y, al tiempo, plantea nuevos desafíos de conservación y de preservación. Tecnología que, en su apariencia, se basa en la escritura; pero tecnología que en su uso rescata modos propios de la oralidad, como la interactuación del receptor. La tecnología digital permite hablar de una “segunda textualidad”, cuyo desarrollo está todavía por llegar.
¿Cómo serán las bibliotecas del futuro? ¿Hasta qué punto el hilo que unía la biblioteca del rey asirio Asurbanipal (siglo VII a. C.) con nuestras bibliotecas actuales se romperá o se mantendrá en las futuras bibliotecas que hagan uso de la tecnología digital? ¿La digitalización de los fondos para así ofrecerlos a nuevos usuarios, que no tienen que trasladarse físicamente a una biblioteca para convertirse en su usuario, debe ser el único camino de experimentación de las nuevas bibliotecas? ¿Son las bibliotecas digitales, ya sean patrimoniales o generalistas, el futuro de las biblioteca actuales, o tan solo uno de los servicios que pueden ofrecer?
¿Cómo las bibliotecas actuales serán capaces de conservar, preservar y difundir el patrimonio escrito exclusivamente de manera digital, y difundido gracias a sitios internacionales o en la “nube”? ¿Qué nuevos modelos de libreros necesita la Biblioteca 2.0? ¿Qué nuevas competencias deberá dominar para poder ofrecer nuevos servicios al usuario? ¿Qué relación establecerán las bibliotecas con los nuevos modelos de investigadores y qué servicios innovadores les podrán ofrecer? ¿Hasta qué punto las bibliotecas del futuro deberán ofrecer servicios a la comunidad, más allá de facilitar el acceso y la difusión de los recursos de información y colaborar en los procesos de creación de conocimiento?
Las bibliotecas digitales, ya sean patrimoniales (aquellas que difundan rollos, códices o libros antiguos de gran valor), o generalistas (aquellas de hacen accesible materiales de muy diversa naturaleza con una intención universal), son solo la primera piedra de los enormes desafíos que nos presenta la tecnología digital en el presente. Las bibliotecas, como centro de recursos, puede abrirse a nuevas competencias y funciones. Ahora ha llegado el momento de definirlas, de comenzar a pensar en nuevos modelos de bibliotecas como servicio público.
Y sobre todo, ha llegado el momento de dejar de pensar en el libro impreso como el único espacio de difusión de los textos; de la industria editorial, tal y como fue creada a partir del siglo XVI, como el único espacio de mercado y de difusión de la palabra escrita en el siglo XXI, como si la difusión del texto digital (y de sus cauces particulares de difusión) conllevara una ruptura de nuestra cultura occidental, que es mucho más antigua, mucho más compleja, mucho más rica que su simplicación a la conocida como “Galaxia Gutenberg”. En nuestra cultura occidental hemos tenido difusión y creación oral, hemos tenido difusión escrita por medio de manuscritos (en rollos, en códices)… y, lo mejor de todo, es que lo seguimos teniendo al margen de la palabra escrita en letras de molde, en libros impresos.
La palabra escrita en la Sociedad de la Información y del Conocimiento va más allá de la palabra impresa. Mucho más allá. El texto digital se abre ahora como una nueva posibilidad, como un medio de rescatar algunos aspectos esenciales de la oralidad (la interacción con el usuario, la conciencia de pertenecer a una comunidad, la improvisación…) sin desatender a algunos propios de la textualidad, como es la capacidad de perdurabilidad más allá del momento de la propia exposición.
El texto digital como el camino para explorar en una “segunda textualidad”, una nueva forma de concebir el texto tan revolucionaria como la que se vivió en nuestra cultura a partir del siglo IV a. d.C. cuando el texto oral dejo paso al texto escrito como base del conocimiento.
Estas y muchas otras reflexiones se escucharán en los salones de la Villa Reale de Monza dentro de una semana. Ya tendremos ocasión de recogerlas también en estas páginas, en ofrecer crónica de la que se considera la cita más trascendente de los últimos años para poder analizar el futuro de la palabra escrita, ese que a tantos asusta, ese que a tantos nos apasiona.
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