ANTONIO CAMPUZANO
Rosa Díez fundó este partido de color magenta, que suena a algo así como confuso, como cuando la bandera de España es definida como roja y también gualda, y a la niñería le suena a hueco. No se sabía a ciencia cierta si Rosa Díez, que ha sabido reclutar para su círculo de defensores a gentes como Fernando Savater y Mario Vargas Llosa, si ante la segunda prueba de fuego de su trayectoria pública tras la consumación de su divorcio con el partido socialista, iba a notarse su independencia de criterio. No se ha notado. En este su segundo enlace matrimonial con la política, emparentada ahora con los compromisos de las terceras fuerzas, al margen de los grandes partidos, la puesta en escena, tan aparatosa, se ha comido a la presentación, al nudo y al desenlace de la obra.
En algunos ayuntamientos, entre los cuales está el de Alcalá, resulta clave la voz final de este partido para la elección de alcalde. Primero mete dos globos sonda de la calidad primera, la de la política nacional, en el firmamento terrenal de la pequeña política, la municipal. Para inclinar su voto los grandes partidos deberían demostrar su simpatía por el cambio de la ley electoral y la devolución de las competencias de Educación al gobierno central. Confundir lo pequeño con lo astral, pedir la mediación internacional del presidente Obama para discernir un pleito de patio de vecindad. Ejemplos dos, Alcalá y Getafe, con muy parecidos mapas electorales tras el 22-M, donde la decisión demediada del partido de Rosa Díez podría reputar gran credibilidad a su formación. Podría contribuir con su flagelo decisivo a insuflar oxigenación a administraciones gastadas o muy vistas, pese a haber ganado las elecciones.
En Alcalá, el PP; en Getafe, el PSOE. Todo parece indicar que el fundamento de su decisión es precisamente la ley electoral que pretende arrumbar. A este paso, Díez va a quedar uncida al Partido Popular como las flechas lo fueron al yugo en aquella formación ideada por José Antonio Primo de Rivera. Y dentro de ocho meses, cuando se celebren elecciones generales mediante acuerdo del presidente Zapatero y el Financial Times, este partido de color magenta corre el riesgo de ser descolorido de tal modo que el Diccionario biográfico de la Academia de la Historia de dentro de un siglo le dedique el mismo espacio que al Partido Reformista de Miquel Roca.
Claro que confundir a Roca con Rosa Díez será un tipo penal en favor del primero por el que cualquiera de nuestros nietos podrá dar con sus huesos en la cárcel más lejana a su domicilio. Ya está preparada la frasecita: “PP, coja el original, rechace imitaciones". |