¿Invictus? La derrota de Tomás Gómez fue de tal calado que hasta se obviaron chistes al respecto de su efímera carrera cinematográfica: parecía un abuso bromear con Invictus y todas las declinaciones que permitía su pasión por el gore preelectoral. Da la sensación, no obstante, de que el declinante líder del PSM no tiene por costumbre aprovechar la indulgencia ni cuidar una segunda oportunidad: se comenta que acaba de pelearse con su propia sombra, mientras en la cuneta se le acumulan los enemigos internos con ganas, ellos sí, de rodar con él una película. El nombre provisional que más suena es ‘Ejecución inminente’. O inminentus.
Asamblea, o no. Cayo Lara no sabe cómo explicarse a sí mismo que gobierne Extremadura el partido que ha ganado las Elecciones, como si lo normal fuera lo contrario y el eclipse mereciera menos aspavientos que la alborada cotidiana. Ese tipo de inseguridades y contradicciones explican bastante bien las dificultades de IU para salir de la ducha sin mostrar las partes pudendas: no se puede aplaudir el asamblearismo del 15M, agradecido por cierto a boinazos, y luego criminalizar el de los compañeros extremeños, que por algo será. Tal vez porque saben, 30 años después, que entre el jamón de bellota y la mera pata de cerdo hay importantes diferencias.
A la francesa. El mercado no tiene alma, afortunadamente, pero la Banca carece de páncreas. Esto es más grave para todos. Un ejemplo de quién maneja el cotarro lo vimos ayer con estruendo: mientras Sarkozy utilizaba su mejor taburete para llegar al cuello de Frau Merkel y sacarle un griego a la francesa, los bancos alemanes tiraron a ambos por los suelos y recordaron que el dinero era suyo y que no había plata para salvar a Platón. Nunca se había escenificado con tanta claridad el orden de los factores y la pirámide de poder: a Napoleón y a la Archiduquesa les ponen a limpiar Botines en cuanto se despendolan. Y luego les echan un euro en el escote si se portan bien. Hay cosas que no sabe hacer un presidente -el español continúa al frente por petición expresa de don Emilio del Santander-, pero sí un señor calvo en una junta de accionistas. Torero.
Ultramarinos. Los excesos bancarios dan para constatar el impúdico matrimonio con la política, con macho dominante y pareja sumisa, pero no para santificar algunas tonterías, por indignadas que estén. Para que alguien tenga trabajo, alguien debe ofrecérselo: la Constitución recoge ese derecho esencial, pero no obliga a nadie a ejercerlo a favor de terceros. Desde esa premisa tan obvia, lo mismo no es tan tonto escuchar a los empresarios: se parecen tanto a sus representantes, siempre colorados y con apellidos compuestos, como un Banco a una tienda de ultramarinos.
Desahucios. Es la parte más gloriosa del #15M: la ley dirá lo que diga, pero a nadie con un corazón sano puede parecerle demasiado mal que se evite la expulsión de una familia de una casa que el banco no necesita y difícilmente revenderá. Pero conviene recordar que la ley podía decir otra cosa y que el Congreso se negó. Esa confusión también existe al otro lado: una cosa es acudir en auxilio de la Paqui y sus cachorros en Carabanchel y otra indignarse en ayuda de la heroica Aurore Martin, una muchacha de Batasuna que desahuciaba y ahora va de desahuciada.