El 23 de junio, a los ochenta y tres años, falleció el actor estadounidense Peter Falk. Para varias generaciones de espectadores fue una estrella de la televisión por su papel del teniente Colombo, desde principios de los años setenta del siglo XX. Encarnó a la perfección al detective de policía despeinado y de gabardina arrugada que resolvía sus casos para sorpresa de la arrogante subestimación de los culpables y que siempre hablaba de su mujer, a la que nunca vimos, como después a las esposas de Norm Peterson (Cheers) o de Niles Crane (Frasier). Por comparar con referencias más recientes, la carrera de Falk se parecería más a la de Hugh Laurie (House) que a la de Bruce Willis (Luz de luna) o George Clooney (Urgencias): fue actor secundario en cine y televisión y la fama le llegó al dar vida a un personaje de éxito popular ya cumplidos los cuarenta.
No interpretó a muchos protagonistas en el cine: el jefe de los ladrones en El mayor robo del siglo (1978) de William Friedkin; uno de los juerguistas del trío formado por él, Ben Gazzara y John Cassavetes en Maridos (1970); el esposo de la compungida Gena Rowlands en Una mujer bajo la influencia (1974). Las dos últimas las dirigió su amigo Cassavetes, el precursor de lo que después se llamaría cine independiente, y ambas son películas más centradas en la evolución psicológica de los personajes que en contar historias más o menos ingeniosas y desarrolladas. Entre otras cosas muestran la capacidad interpretativa de Falk en una faceta poco conocida. Era más habitual verle interpretar soldados (La batalla de Anzio, La fortaleza), detectives (Un cadáver a los postres, Un detective barato) o gánsteres. Como el lugarteniente cenizo de un Glenn Ford enredado por ayudar a una anciana vendedora de manzanas (Bette Davis) en la última película de Frank Capra, Un gánster para un milagro (1961) por el que Falk obtuvo una candidatura al Oscar como actor en un papel secundario. Obtuvo otra el año anterior por otro gánster en El sindicato del crimen.
Otros personajes suyos que quedan en la memoria de los aficionados son el taxista de la cinerámica, caótica, excesivamente larga y a ratos bastante divertida El mundo está loco, loco, loco (1963); el actor de la popular El cielo sobre Berlín (1987) y el abuelo que todos hubiéramos querido tener en La princesa prometida (1987), aunque en el cuento había demasiados besos.
Grados de separación
En estos días de temperaturas excesivamente altas, casi se perdona que una película vista en una sala de cine refrigerada sea larga. Si la película en cuestión es una obra maestra y sus dos partes duran en total seis horas, la perspectiva es inmejorable. Los afortunados en vivir y/o trabajar en Madrid y/o Barcelona pueden disfrutar este verano de El padrino en pantalla grande y en alta definición. Con el debido respeto, es una oferta que no se puede rechazar.
(Otro) Fundido a negro
El 22 de junio falleció a los ochenta y siete años el guionista neoyorquino David Rayfiel. Trabajó sobre todo con Sydney Pollack, a veces firmando los guiones (La fortaleza, Los tres días del cóndor, La tapadera), a veces ser acreditada su participación (Las aventuras de Jeremiah Johnson, Memorias de África, Ausencia de malicia). También contribuyo a la escritura de Alrededor de la medianoche (1986) de Bertrand Tavernier. |