
Hay imágenes que remiten a 'La viuda embarazada' de Martin Amis, por su aparente contradicción: una es Rajoy asustando pulpos en Galicia mientras dice sufrir tensión por la crisis. Y la otra es Rubalcaba disimulando su complicidad, con todos los zapatiestos, organizando su propia JMJ socialista: sólo le falta una guitarra, de salmos va sobrado.
El ser humano occidental es conservador por obligación; le pasa a cualquiera que tiene algo. También por eso su umbral de dolor es bajo y su espacio de tranquilidad depende en buena medida de tener una explicación para todo. Sea un crimen o una revuelta. Mientras la busca, y siempre habrá algún especialista dispuesto a dársela a cambio de una cantidad o subvención razonable, que el Estado haga su trabajo sin zancadillas. No se entiende del todo que cuando unos tipos destrozan un híper o se llevan el televisor se pongan tantos otros a discutir, con solemnidad gangosa, en qué punto falló la sociedad.
A Voltaire, el que daba el brazo propio por defender una opinión ajena, ahora le pondrían de linier en el Bernabéu, a lo sumo, a ser gorreado por tanto hincha. Si cambiamos de nombre, de evento o de sigla; el comportamiento de las manadas es el mismo: atizar sin compasión y reprochar lo mismo que se practica. La visita del Papa o las concentraciones del 15M reproducen ese acto reflejo y demuestran que la única ideología reinante, de verdad, es el sectarismo.
Con 50.000 millones de deudas a los proveedores, la Administración es más el problema que la solución. A esos pobres empresarios les zumban por todos los lados: pagan lo que deben, con cobran lo que les adeudan, carecen de crédito y, a la más mínima, les ponen a parir. De todas las reformas pendientes, la educativa es la más acuciante, junto con unos buenos cursos de lanzamiento de piedras. En España, todas caen sobre el tejado propio.
Mou y Guardiola no representan dos mundos: es el mismo, siempre, que se retroalimenta con héroes y villanos intercambiables. Hay algo de tocomocho bipolar en el fútbol, que una vez más demuestra cuánto se parece a la vida: el Barça anuncia a Unicef y a Qatar a la vez; el Real Madrid a una casa de apuestas. Y todos tan panchos, con la lealtad del gallinero. |