ALONSO GUERRERO
Ahora que el mundo se está llenando de indignación vemos los mimbres con que hemos hecho esta democracia. Hasta los troles de la política, desde sus zahúrdas de Twitter y sus púlpitos en las televisiones autonómicas, reaccionan contra el sistema. Los indignados salen a la calle y ocupan hoteles ruinosos para alojar a los desahuciados. Miles de marginados, antes gente normal, se arman de pancartas llenas de verdades y recorren el camino que va de Neptuno a Sol como si fuera el patio de un manicomio. En la acera de enfrente, los dueños del cortijo se quejan de que las cadenas de los perros que habría que azuzar contra ellos son demasiado cortas. Aguirre quiere regalar a las sectas religiosas las etapas educativas para las que propuso el copago a los alumnos de la pública. No muy lejos, Van Rompuy declara, sin sonrojo, que el dinero que se le está dando a la banca escuece, pero es absolutamente necesario.
¿Adónde vamos con este sistema? Es ahora, digo, de la mano de la indignación, cuando nos damos cuenta de que hemos vivido en un engaño. Seguimos mandando militares a Afganistán, pero al menos podemos desquitarnos viendo Hair en la Gran Vía. Protestamos porque no tenemos para comer, así que nos invitan, en cada comicio, a La cena de los idiotas. Los que van a heredar la totalidad de lo real, tras el 20-N, se escandalizan de que haya tanta indignación. ¿Qué esperan? ¿Que el pueblo les dé el 51% de los votos, para así poder pisotear al otro 49%?
Los mandamases conspiran para que esta empresa de trabajo temporal en que se ha convertido el país, la más atiborrada de la historia de la democracia, parezca un bonito baile de máscaras. Están aguardando los resultados del 20-N para justificar la sordera que ya practican frente al clamor de la calle. Nadie plantea cambios, nadie va a trabajar por la mayoría. Nadie va a gravar los dividendos, sólo las nóminas. Nadie denunciará la injusticia en televisión y nadie formateará el disco duro para cargar un sistema operativo que, aunque sea mínimamente, facilite la vida a la gente.
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