ALONSO GUERRERO
Desde que ETA dijo que abandonaba la violencia, los partidos no saben cómo encajar la noticia. Patxi López, el único político del PSOE que no va directo a la oposición, parece la sombra de Sabino Arana, y a Rajoy le da reparo repetir las celebraciones de otros. El PNV plantea un adelanto de las elecciones, que es lo mejor que podría hacerse para rentabilizar la oportunidad de pasear por las calles del País Vasco sin que te agujereen algo. ETA, por fin, llega a las instituciones. Hace años que la mayoría de los políticos demócratas luchaba por ello. Es como privatizarla, lo cual supone no pensar más en ella. Sin embargo, nadie ha avisado a la organización de cómo es la democracia a la que quiere pertenecer.
Tendrán que contratar al cobrador del frac para sacarle a Rubalcaba lo que todo el mundo dice que les debe. No podrán quejarse, ni aunque coloquen a algún magistrado en el Constitucional, porque la juez Alabau les echará en cara el disfrute de un empleo quizá vitalicio. Habrán de sufrir la crisis que padecemos y, si llegan al Congreso, tendrán que aguantar a los indignados, los discursos despechados de Durán i Lleida y los iPhones con el voto del día. La independencia del País Vasco, desde luego, no estará asegurada. Sus futuros embajadores seguirán aún por un tiempo en la cárcel. Les quedan duras jornadas soportando las comparaciones con los sueldos de UPyD, y al final tendrán que renunciar a quedarse con el País Vasco francés y con Navarra. Mantener las infraestructuras se ha vuelto insostenible por la crisis.
Quizá lo más oneroso sea el protocolo. Reuniones en La Moncloa, la disputa del botín autonómico con los catalanes, el copago de la deuda española, la participación en elecciones democráticas, cuando todo podría ser más fácil... Quizá echen de menos la violencia, pero contarán con el consuelo de haber zarandeado, si bien bajo mando español, a Gadafi y sus secuaces. Los terroristas no saben dónde se han metido. Esta democracia bananera va a ser demasiado violenta para ellos, así que casi podríamos afirmar que, en efecto, estamos a punto de asistir al fin de ETA.
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