Bernward Vesper y Gudrun Ensslin se conocieron en 1961 mientras estudiaban en la Universidad de Tubinga. Si no nosotros, ¿quién? cuenta su relación desde ese momento hasta la muerte de él en 1971. Bernward, hijo único de un escritor modélico para el Führer, quiere ser escritor y pone en marcha una pequeña editorial. Gudrun, cuarta de los siete hijos de un pastor evangélico, le ayudará como traductora y factótum. Marcados como casi toda la generación nacida durante la Segunda Guerra Mundial por el pasado familiar de complicidad o aquiescencia con el nazismo, reaccionarán de modo diferente a los cambios políticos de los años sesenta. Él, que publica desde Gerardo Diego hasta Stokely Carmichael, está a gusto con la preparación de manifiestos con intelectuales berlineses de la izquierda del SPD. Ella querrá contribuir mediante la violencia a acelerar la caída inminente del imperialismo que ocupa Alemania y Vietnam y se convertirá en una de los fundadores de la Rote Armee Fraktion (Facción del Ejército Rojo). En medio, su hijo Felix, nacido en 1967.
Dirigida por el documentalista Andres Veiel y basada en un libro de Gerd Koenen, Si no nosotros, ¿quién? mezcla con un ritmo que decae en algunas partes imágenes de archivo (Eichmann en Jerusalén, el "Ich bin ein Berliner" de Kennedy, aviones cargados de napalm, soldados cavando una trinchera para protegerse antes del estallido de una bomba atómica, el Sah en Berlín) y dramatizaciones de las vidas de sus protagonistas. Todo el elenco resulta muy convincente para transmitir la humanidad de los personajes secundarios: Sussane-Marie Wrage como carcelera gradualista, Thomas Thiemme (Willi Vesper) y Michael Wittenborn (Helmut Ensslin) como padres severos y expertos en la extorsión familiar, o Alexander Fehling como el narcisista-leninista Andreas Baader. Más desasosiego causan las interpretaciones de August Diehl (Bernward) y Lena Lauzemis (Gudrun). Él, descolocado sin remedio al convertirse en sujeto paciente de la liberación sexual. Ella, impaciente por participar en la construcción de la Historia (con mayúscula), como los cientos de miles de voluntarios que se alistaron en verano de 1914 para poder combatir antes de que la guerra acabara en Navidad. Casi siempre el acabose termina siendo distinto del previsto.
Grados de separación
[El 27 de marzo de 2009 se publicó en papel y online (creo que también ese día) el 'Desenfocado' sobre RAF Facción del Ejército Rojo, titulado “Ojo por ojo, todos ciegos”. No puedo enlazarlo porque esa página se ha perdido en el limbo de los electrones. Así que aprovecho el puente para reciclarlo entero, salvo algunos hipervínculos que también han desaparecido.]
La RAF Facción del Ejército Rojo fue uno de los grupos terroristas (Brigadas Rojas, ETA, Weathermen) surgidos en Occidente en el paso de los pasados años sesenta a los setenta en plena efervescencia de la Guerra de Vietnam, la Primavera de Praga y el Mayo del 68. La también conocida como banda Baader-Meinhof había sido tratada en el cine alemán ya en 1981 en la excelente Las hermanas alemanas de Margarethe von Trotta, pero el planteamiento del director Uli Edel es más parecido en ambición y medios al de El hundimiento, de la que fue productor y coguionista Bernd Eichinger que ahora repite ambas funciones, que al certero retrato de la complicada relación afectiva entre dos hermanas que eligen vidas diferentes y a la crítica a las inconsistencias oficiales de la película de von Trotta.
Con un estándar de superproducción en reparto, fotografía, ambientación y efectos especiales, RAF Facción del Ejército Rojo condensa diez años de historia en dos horas y media de metraje. Está mejor resuelto el inicio con la presentación de los tres protagonistas (Andreas Baader, Ulrike Meinhof y Gudrun Ensslin) y de la situación política en la RFA y la parte relativa al encarcelamiento y juicio de los tres líderes que la última en la que se acumulan crímenes cometidos por personajes de apenas un trazo en una sucesión de tentativas sangrientas, desesperadas y fracasadas para forzar la liberación de los fundadores presos. Pese a que no hay misterio posible sobre la resolución, se sigue con interés sin resultar larga. Quizá por ver qué versión se va a dar de los polémicos suicidios, quizá por tratar de entender qué lógica, con perdón de Aristóteles, lleva desde la impotencia política y la rabia generacional a incendiar, atracar, secuestrar y matar en Alemania para combatir el imperialismo estadounidense en Indochina y la ocupación israelí de Cisjordania.
Lo mejor, junto con la recreación apoyada por abundantes imágenes de archivo, es el dibujo de personajes como el jefe del operativo policial antiterrorista (Bruno Ganz), que lleva sopa de bogavante a sus colaboradores y que sabe la importancia clave de la gestión de la información, del apoyo de la población, de la unidad de mando y de la creación de fuerzas especiales (GSG9), pero que no olvida que esas condiciones necesarias pero no suficientes del éxito precisan del conocimiento de las causas y de respuestas políticas. Pese a ser el arquitecto de la efectiva respuesta policial a la RAF es acusado de defender el terrorismo cuando dice que los árabes tienen motivos objetivos de queja contra Israel. De la RAF destacan las vacilaciones y el intelectualismo de Ulrike Meinhof (Martina Gedeck) y el infantilismo hippy, nihilista y despiadado del resto, al estilo de los personajes de la precursora La chinoise (1967) de Godard. Sus discusiones recuerdan a teólogos medievales debatiendo sobre la naturaleza dual de Jesucristo o sobre cuántos ángeles caben en una cabeza de alfiler. Enfrente tampoco se ahorran detalles sobre la actuación policial que reparte, y no precisamente caramelos de limón, en manifestaciones y comisarías. Al parecer hay polémica judicial con la viuda de Jürgen Ponto sobre la presentación del asesinato de su marido.
Durante los créditos finales suena Bob Dylan, como ocurría durante los iniciales de Watchmen. Por suerte parece que su influencia, como la de los alemanes Kraftwerk, es más perdurable y más transformadora que la del RAF. Aunque tampoco acabe con el imperialismo.
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