… Y, desafortunadamente, a uno de los mejores equipos del mundo y de la historia, en el mejor club del mundo, el Real Madrid. Lo que se pudo ver, en todo el planeta, el pasado sábado fue la fidelidad a un estilo con una fé ciega de que lo que hay que hacer es ganar sobre el césped (=Barça), en justa contraposición a los que piensan que el éxito en este deporte está más allá de las lindes blancas de cal, con protagonismos casi enfermizos de entrenadores estrellas (=Real Madrid).
José Mourinho se equivocó en todo lo que se puede equivocar un entrenador: Alineación, cambios y, sobre todo, actitud reflexiva durante y después del partido en la sala de prensa. Con el equipo titular, -me temo-, ha roto algún código más de los que viene pisoteando desde que llegó al Real Madrid. La presencia de Coentrao a banda cambiada le deja en mal lugar, -a él y al propio jugador-, que llega tarde y con el perfil trastocado al decisivo remate de Cesc en el uno a tres. Ozil y Lass, también, alimentaron con su actuación, el debate de si este partido era para los GRANDES con mayúsculas, sobre todo, Kaká, y tal vez, Khedira que pisa más área que el “malhumorado” Lassana, y por lo tanto, eso le hace más daño al Barcelona, como ya ocurriera en la final de Copa.
Lo de los cambios es, aún, más decepcionante, pues tira de guión preconcebido. Me extrañó y mucho la actitud “pasota” de Mou durante el partido, y por eso, tal vez, no vió el baño táctico que le dio Guardiola con la constante permuta de posiciones de todo el flanco ofensivo, con un papel estelar para el chileno Alexis. Todos esperábamos eso en el Barça, pero Mou se limitó a hacer las sustituciones, hombre por hombre, casi con rutina de funcionario apresurado a cinco minutos de que termine su horario.
Particularmente raro sonó el cambio de Higuaín por Di Maria. El argentino con su velocidad era el único que desarbolaba la defensa del Barça, y como los entrenadores obsesionados por parecer ofensivos –cuando no lo son-, Mourinho decidió acumular delanteros olvidando que lo que estaba pasando allí, era por lo que se cocía en el centro del campo, donde Xavi e Iniesta ya eran los “p… AMOS” (como diría Guardiola), para desesperación de Xabi Alonso e Iker Casillas que palpaban los “reinos de taifas” en los que se iba convirtiendo su equipo.
Mou falló con la alineación, con los cambios pero, sobre todo, con su actitud pasiva en todo el partido. Pasiva y consentidora del clima de arrebato permanente de Pepe, y de pelea consigo mismo (y con su equipo) de Cristiano. La imagen de Mourinho y Karanka -¡qué pena!- reclamando la segunda amarilla para Messi con gestos más que elocuentes, y en cambio, no modificando nada para que Ronaldo pasara cuando debe hacerlo, y rematara –bien- cuando, también, debe hacerlo, desnuda al cuerpo técnico del Real Madrid, y especialmente, al pretendido mejor entrenador del mundo.
El Bernabeu y todos los madridistas -y no madridistas- que siguieron el partido, se dieron cuenta de eso, para frustración e indignación con su nuevo caudillo. El colmo llegó con el concepto “suerte” que se esgrimió como autojustificación en sala de prensa. Todo, para no reconocer que se había fallado, y no se había estado a la altura exigida y pretendida.
Suerte es encontrarte con un gol a los veinte segundos de partido. Talento, o ausencia de él, es no convertir eso en un tesoro para desplegar lo que la cartera de tu presidente te ha puesto a tu cargo, un plantillón de excelentes jugadores.
El Real Madrid es un equipazo al que las obsesiones, especialmente, de su entrenador frente al Barcelona, le convierten en algo menor. La diferencia, el sábado, fue la fé en su modelo. Los de Guardiola no dudaron. Los de Mourinho, sí. Terrible, pero cierto. Cuando el balón empezó a rodar, las estrategias de comunicación, marketing, liderazgo artificial, etc… terminan, y empieza la única verdad, ésa que, desafortunadamente, desnudó a Mourinho y con ello, la ilusión del madridismo.
Un buen amigo me dijo: “¡¡¡Y a mí que más me da terminar líder en Navidades si puntuamos con el Sevilla!!! En la segunda vuelta, éstos (=por el Barça), nos volverán a pasar por encima”. Ese es el drama del Real Madrid. El caudillo Mou que vino para terminar con eso, lejos de hacerlo, lo alimenta más con sus golpes de “Entrenador para la Gloria”.
12.diciembre.2011
EGC.
P.D. A la profesión periodística: Muchas horas con la excusa del Madrid – Barça, pero que poquito se habló de fútbol. Lamentable. Estamos “belenestebanizando” la profesión, y da pudor intelectual. La audiencia no lo justifica todo, y menos, el ridículo. |