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ÓSCAR SÁEZ
Anda el PSOE pidiendo revoluciones tras el batacazo electoral del 20N. Lo hacen socialistas como Carme Chacón, que llegó con Zapatero y si la memoria no me falla votó a favor de los recortes de aquel infausto 10 de mayo, cuando el ya expresidente congeló las pensiones, bajó el sueldo a los funcionarios y amplió la edad de jubilación a los 67 años. Los nuevos socialistas marcan esa fecha como la fecha maldita.
Pues no, el problema del PSOE fue cuando abandonó el socialismo por el populismo, cuando Zapatero decidió que era de izquierdas bajar impuestos, descontar 400 euros del IRPF, dar 2.500 euros por nacimiento independientemente de la renta o eliminar impuesto de patrimonio, medida que por cierto aprobó el ‘renovador’ Tomás Gómez en Madrid.
Ahí fue donde comenzó a desviarse el PSOE y es ahí dónde debe volver. Sin revoluciones, apostando por los avances sociales y un reparto equitativo de la renta, pero con caras nuevas que no huelan a la piel del butacón. Eso, y esperar. Como hizo Rajoy. La realidad hará el resto. O como diría el propio presidente del PP, o no.
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